Si ha habido una película de 2016 que será recordada por mucho tiempo es La La Land, de Damien Chazelle. Y no solo por el histórico error de Warren Beatty al darle el Óscar a Mejor Película en lugar de a Moonlight. Ha sido por muchos otros motivos.

Uno de ellos es que este musical es el film que más polémica ha creado, cinematográficamente hablando, en la ultima década. Muchos han amado esta obra desde su primera escena y la recordarán con el mismo cariño que a sus novias del instituto. En cambio otros opinan que «no es para tanto», y tal vez celebraran la confusión del señor Beatty en la noche de los Óscar.

«De mayor me gustaría dirigir La La Land»

Con todo el respeto del mundo a estas últimas personas, están equivocados. Mucho y por muchas razones. La primera de ellas es que es la mejor película del año y de varios anteriores. O como mínimo la mejor dirigida. La justicia del Óscar a su director solo es comparable al de Emma Stone por su prodigiosa actuación.

Damien Chazelle recogiendo el Óscar a Mejor Director por La La Land || Fuente: flickr.com

Cada escena, aparte de las virguerías técnicas propias de un descomunal talento como el de Damien Chazelle, tiene un sublime detalle de dirección de cómo contar una historia sin palabras. Como en la discusión que tienen los protagonistas con agradable música jazz de fondo. En el momento en el que Gosling dice algo de verdad doloroso para Stone deja de sonar la música. The party is over. O cuando, en la primera audición de Emma Stone, un post-it mostrado en profundidad de campo nos indica que no va a tener el éxito que se merece.

Montaje vs. puesta en escena

Pero lo más importante de la dirección de Chazelle es su increíble cambio de registro. Ha representado, primero en la un tanto sobrevalorada —pero estimable— Whiplash (2014) como después en La La Land, a las dos grandes escuelas técnicas de dirección. Si la de la primera estaba basada en el montaje, en esta última se decanta por la puesta en escena. Esto es, la posición y el movimiento de cámara. Ni más, ni menos.

Así, Whiplash posee la enorme virtud de acompasar su montaje con la música que el protagonista ejecuta en la batería, ejemplificada en su escalofriante escena final. Por otra parte, La La Land está ejecutada siguiendo el modelo de los musicales clásicos como Cantando bajo la lluvia (1952). Esto es, dejando a los actores actuar y moverse y tan solo dedicándose a grabarles en largos planos secuencia, únicamente a base de colocación y movimiento de cámara.

Lo que se ha llamado toda la vida puesta en escena. Muestras claras de este procedimiento son la maravillosa escena inicial en plano secuencia, que ya predispone a los amantes del musical a amarla y a los detractores a justo lo contrario. O el baile de cortejo entre los protagonistas después de la fiesta, otro larguísimo plano rodado en estudio y con grúa, como haría Gene Kelly.

Y pese al clasicismo extremo de su propuesta, Chazelle se permite algún lujo formal, siempre basándose en el movimiento de la cámara. Un buen ejemplo es el video viral en el que se muestra cómo mueve a su operador de cámara mientras Ryan Gosling toca el piano.

Para gustos, montajes (o puestas en escena)

A decir verdad, no existe una escuela mejor que la otra. Tan solo hay mejores o peores obras. Grandes maestros ha habido en las dos corrientes. Nadie dominó mejor el montaje que Sergio Leone en sus spaghettiwestern. Y Eisenstein prácticamente inventó el cine con el montaje de su escena de la escalera en El acorazado Potemkin (1925). Pero a su vez el séptimo arte sería distinto de no haber existido maestros de la puesta en escena como John Ford o nuestro Luis García Berlanga.

Pero si ha existido un cineasta que se manejara en ambos terrenos como pez en el agua fue Hitchcock. Solo hay que ver la escena de la ducha de Psicosis (1960), rodada con ¡75! posiciones de cámara distintas, y compararla con La soga (1948), rodada como un único, aunque trampeado, plano secuencia de 80 minutos.

La La Land Cine Hitchcock

Hola soy Alfred. ¿Cómo quieres que dirija tu película? || Fuente: flickr.com

En definitiva, no hay reglas de oro para el cine. Tan solo se trata de hacer buenas películas. La La Land es mucho mejor que Whiplash. Y que casi cualquiera del siglo XXI.

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