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El placer, la lujuria, el goce por el goce puede, también, ser representado por el género femenino sin necesidad de encontrar un castigo al final del camino. A pesar de que el recorrido hacia la apertura sexual de la mujer en la sociedad ha costado y sigue costando. En el mundo de la ficción, la mujer infiel ha sido representada como víctima de una circunstancia o, simplemente, vividora de su cuerpo sin ataduras.

Afrodita escultura arte literatura infidelidad femenina

Afrodita || Fuente: https://pixabay.com

Aunque la infidelidad es sinónimo de pecado y suele tener como consecuencia cierto castigo, ya provenga de la autoridad, del karma o de la propia conciencia, muchas infidelidades literarias eran la solución a complicadas o retorcidas situaciones dramáticas que no dejaban lugar a otra escapatoria menos adúltera.

Infidelidad con fines específicos

En ciertas culturas, la poligamia es la base de la procreación de nuevas generaciones fuertes. Un mayor número de mujeres lógicamente aumenta las expectativas de un mayor número de hijos, si puede ser, varones. Esta es la historia de Baba Segi, protagonista de la novela The Secret Lives of Baba Segi’s Wives (2011), de Lola Shoneyin. Se trata de una historia donde la infidelidad es la verdadera unión de un matrimonio polígamo donde el marido, más que orgulloso de su prole, debería fijarse más en las urdimbre tejida por sus mujeres para mantener su hombría en lo más alto. Incluso, aunque esto signifique tener que serle infiel por razones totalmente prácticas. Un padre de más de seis hijos estéril puede llamar la atención pero el adulterio de sus mujeres tenía solo un fin específico: la felicidad de su marido.

Infidelidad indolora

Una joven huérfana en plena era victoriana recluida durante toda su vida en el castillo de su amargado, aunque bibliófilo, tío es prometida a un joven gentleman que le augura un feliz y próspero futuro. Una historia con aparente final feliz. Pero, la simple historia que suele abocar al happy ending, se retuerce en la novela de Sarah Waters, Fingersmith (2002), publicada en España bajo el título Falsa Identidad. Y es que la joven huérfana se ha convertido en la bibliotecaria de una de las mayores colecciones de libros eróticos y pornográficos de Inglaterra, acumulada por su tío.

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Maud (Elaine Cassidy), Susan (Sally Hawkins) y Gentleman (Rupert Evans) || Fuente: https://secure.netflix.com/

El embustero gentleman solo busca heredar la fortuna de la joven una vez se convierta en su marido. Aquí entra en acción la ratera de los bajos fondos de Londres que, convertida en la chica de compañía de la inocente guardiana del erotismo bibliográfico, pretenderá engañarla para coger también un pellizco de la futura herencia. Pero otro giro total lleva a la relación extramatrimonial sin consecuencias dolorosas. El caballero toma a la dama de alta alcurnia por esposa sin conocer los juegos eróticos, estudiados en sus libros, que esta se trae con su dama (alias ratera, alias Susan) en las noches frías de la mansión victoriana.

La noche de bodas será la culminación de la infidelidad cuando Maud decida pasarla con su criada, mientras el joven marido planea su siguiente ataque. Waters plantea una infidelidad con pleno derecho y disfrute al que añade un final que, con el paso de las páginas, se convertirá en un amor real entre ambas. El marido, cabrón con cuernos indoloros disfrazado de gentleman, será el único castigado.

Infidelidad consentida

Y sin abandonar los caminos de Lesbos, una novela italiana muestra una infidelidad no solo con un fin específico, sino completamente necesaria para la felicidad de las esposas. Minchia di re, llevada al cine con el título Viola di mare (), del escritor Giacomo Pilati, plantea una relación extramatrimonial necesaria para acallar un secreto a voces: dos mujeres se han casado mintiendo a todo el pueblo sobre la sexualidad de una de ellas, transformada en apariencia en hombre. Un plan que sucumbirá a la desgracia, aunque no por condena al adulterio sino porque son hechos reales que el autor no podía tergiversar.

Trailer original Viola di mare

Trailer original Viola di mare

En esta ocasión, el deseo de tener descendencia en una época donde ni de lejos se había imaginado la fecundación artificial, siglo XIX, la intervención del hombre es pieza clave para Pina y Sara. Una infidelidad consentida que no dejará de quemar por dentro a Pina, Angela en la película, al saber que su mujer se ha quedado embarazada de un hombre, sin importar que el acto fuera por deseo de ambas y que no hubiera otro camino.

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Fischblood de Gustav Klimmt || Fuente: https://commons.wikimedia.org

La ficción no deja de plantear situaciones donde la infidelidad femenina es un acto necesario. Aunque, en la mayoría de las ficciones, las mujeres son víctimas de una sociedad que las castiga como adúlteras sin detenerse a investigar el verdadero motivo que les ha llevado a tal acto de traición. En las historias planteadas, las infieles son víctimas de la situación y de la lucha por obtener un resultado que tiene como única pasarela la relación extramatrimonial. Son, por tanto, actos justificados que pretenden la felicidad colectiva con algún daño colateral. Perjuicio que los autores perdonan en la mayoría de las ocasiones.

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