Cine japonés: ¡Kitano A Go-go!

Cuando hablamos de cine asiático (más concretamente el japonés) uno de los directores y actores contemporáneos que nos viene a la cabeza es, sin lugar a dudas, Takeshi Kitano.

Beat Takeshi es ampliamente conocido en el mundo del cinematógrafo por contar en su haber con una filmografía que pasará a los anales de la historia como una de las más influyentes y atractivas del cine oriental.

Kitano Go Go

Filmes como Zatoichi, Hana-bi, Dolls oEl Verano de Kikujiro, son solo una mínima parte de la extensa carrera de Kitano frente y tras las cámaras, encargándose de prácticamente todo el trabajo a la hora de dirigir, escribir el guión e incluso actuar en sus películas. Su estilo es fácil de reconocer: planos estáticos, ritmo pausado, bellísima fotografía… Todo sazonado con una violencia brutal y oscura que no le impide mostrar el lado más humano de unos personajes nihilistas y generalmente violentos (como en Sonatine, donde unos yakuzas muestran su lado más infantil y dulce).

Los planos de Takeshi gozan de una característica belleza y naturalidad, dotando de vital importancia al uso de unos colores que inducen al espectador a la reflexión y la calma en algunos casos, o a la tensión y la demencia en otros.Kitano Go Go Aprovechándose de un humor en ocasiones bastante negro y sardónico, pero sin dejar atrás un planteamiento filosófico que lanza al espectador mensajes visuales, incógnitas. Son unas películas para ser disfrutadas con los cinco sentidos, para ser degustadas como algo más que un entretenimiento pasajero. Las películas de Kitano están hechas con mimo para perdurar en la memoria de aquellos que la ven por los siglos de los siglos, como un recuerdo hermoso, como un momento que se funde en el subconsciente y nos llena de un calor que recorre la plenitud de nuestro cuerpo.

Kitano Go Go

Y es que Kitano se aprovecha como un verdadero maestro del ritmo, del pulso sosegado y apacible. Él no tiene prisa por hacernos llegar al final, ¿Es acaso más importante el desenlace de la cinta que el propio nudo? Está claro que no, pues todo es importante en una buena película de Takeshi Kitano (¿Es que hay alguna mala?)

Para comprender algunas de las historias más peculiares que nos narra Kitano es necesario tener en mente algunos conceptos ignorados en la cultura occidental: Michiyuki y Yakuza.

¿Qué significan?

Michiyuki, en primer lugar, significa literalmente “camino de los amantes”, que se refiere al camino que realizan los amantes para suicidarse juntos, una situación muy recurrente en el arte japonés, tanto en el campo literario como en el famoso bunraku, el teatro de marionetas japonés.

Muchas son las películas de Takeshi en las que se nos cuenta una historia de michiyuki, tales como Dolls o Hana-bi, en las cuales encontramos la nieve como un metáfora de la huída que está emprendiendo la pareja hacia un fin mutuo: la muerte.

Muertes que suceden fuera del cuadro, muertes que nos son presentadas de forma sutil como el amor que unía hasta el final a la trágica pareja.

Kitano Go go

Por otra parte nos encontramos con los filmes centrados en los Yakuza, mafiosos japoneses que bien podríamos comparar con los antiguos ronin. Símbolos a destacar son, obviamente: los tatuajes.

Si las películas de michiyuki abordaban una temática de amor trágico que acababa en la muerte…

¿Qué podemos esperar de la yakuza?

Respuesta fácil: violencia totalmente amoral, crudeza absoluta y extrema, extorsión, torturas…

Los yakuza en la filmografía kitaniana son el arquetipo del antihéroe, son hombres leales que siguen las órdenes del jefe, aún incluso cuando este no esté interesado siquiera en la salud y el bienestar del grupo protagonista, que suelen tener un final… ¿Lo adivináis? Exacto: la muerte.

Es más que obvio que la muerte es un final recurrente en el mundo kitaniano, por lo tanto…

¿Cómo debería terminar un artículo sobre este grandioso genio del Séptimo Arte?

Exacto.

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