La violencia es una cuestión complicada en casi todo ámbito que esta realidad toque. El periodismo no es una excepción. A lo largo del globo hay suficiente miseria como para que enseñar lo que ocurre se convierta en necesidad informativa. Gracias a ello Reuters se agenció el Pulitzer de fotografía en la categoría Editorial Especial. El equipo de la agencia captó la crisis de los refugiados Rohingya sin miramientos. Sucesos que quedan lejos geográficamente y no han acaparado demasiada atención mediática. Mientras la lucha de organizaciones como ACNUR por conseguir donaciones se alza, documentos como el reportaje ganador del premio periodístico por excelencia permiten que al menos algunos flashes permanezcan en la memoria colectiva.

Entornos como la huida del pueblo Rohingya de Myanmar son perfectos para que la tensión entre el fondo y la forma de la fotografía periodística alcance su expresión más brillante. La objetividad asociada por el público a esta forma de plasmar el mundo colisiona con el hecho de que solo es un instante y un cuadro lo que queda reflejado. Un equilibrio que queda a juicio del fotoperiodista.


El equipo de Reuters que se alzó con el Pulitzer tuvo la responsabilidad del dónde y cuándo pulsar el botón. De qué era lo que sus compatriotas occidentales verían miles de kilómetros más allá. De qué se tomaría por una verdad absoluta, aunque no quiera serlo, en cuanto fuera observado.

Un niño con hojas en los ojos tras morir o una cicatriz en el pecho de un chaval que recibió un tiro son ejemplos del premiado trabajo de Reuters. También un plano cenital, muy significativo, de un encargado de seguridad manteniendo a raya a un grupo de Rohingyas.

Rohingyas reprimidos

Una de las fotos premiadas.

La crisis de refugiados llega tras décadas de roces y abusos. Con el escenario cerca de la frontera entre la antigua Birmania y Bangladesh, el grupo étnico musulmán de Myanmar fue siendo apartado de la sociedad a través de guetos  y abusos. Su respuesta, no obstante, incluyó la generación de células radicales concretas. Aunque desde principios de siglo había existido tensión, el auge poblacional Rohingya y los intercambios violentos del nuevo siglo acabaron con los mahometanos en una suerte de Apartheid.

Son estas consecuencias del conflicto Birmania/Rohingyas las que muestran las fotografías ganadoras del Pulitzer. La desgracia que cae sobre quien no es beligerante. Cada acción violenta de la minoría radicalizada en la facción musulmana suponía un paso más hacia la desgracia para la mayoría pacífica. Un contexto que debe acompañar a las imágenes de una crisis sin visos de terminar, al fracasar los últimos intentos de que los refugiados regresen a su país natal.

Víctimas Rohingyas

Una de las fotos premiadas.

Mientras tanto, los redactores y fotógrafos desplazados al lugar seguirán cargando sobre sus espaldas la responsabilidad de enseñar con honestidad el horror, sin caer en el morbo o dramatismo barato. Al tiempo, las organizaciones como ACNUR seguirán intentando recaudar el dinero suficiente para paliar los problemas que abundan en los campos de refugiados, en los trayectos hasta ellos. Sea como fuere, el infierno quedará retratado.

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