Goethe: el saber y sus demonios

Johann Wolfgang (von) Goethe nació tal día como hoy de 1749. Curiosamente, la partícula noble “von” no sería añadida a su apellido hasta 1782, por obra del Duque Carlos Augusto. En la actualidad, es un escritor imprescindible de la literatura universal y embajador de las letras alemanas. Durante sus 82 años de vida, cultivó la novela, el drama, la poesía e, incluso, se atrevió con la ciencia. El saber era su sino y lo persiguió en la realidad, y en la ficción.

Un Goethe poliédrico

Realizó, interrumpidamente debido a una grave enfermedad, estudios de derecho, aunque la abogacía nunca fue su gran pasión. Amigo del teórico Herder, colaboró con él en la redacción de lo que se erigiría como manifiesto del Sturm und Drang, antesala del Romanticismo alemán.

Goethe seinem Schreiber John diktierend de Johann Joseph Schmeller

Goethe seinem Schreiber John diktierend de Johann Joseph Schmeller

Como abogado sin éxito en un bufete en Frankfurt, se trasladó a Weimar donde fijaría su residencia al servicio del Duque Carlos Augusto. Allí se establecería el ‘Círculo de Weimar’, donde Goethe se reunía con intelectuales de la talla de Schiller, los hermanos Humboldt y Klinger. En paralelo a su producción literaria, inició sus investigaciones científicas, llegando a descubrir un hueso que aportaba novedades en la teoría de la evolución del ser humano. Sin embargo, un científico francés se le adelantó por poco, dejando su descubrimiento obsoleto.

Viaje a Italia

Sus principios literarios se vieron muy influidos por Herder en un inicio, lo que le alejó de la razón pura del movimiento Ilustrado y le introdujo en el mundo de Shakespeare y del folklore alemán. Sin embargo, cambiarían tras su viaje a Italia. La estética romántica se vio convulsionada por el equilibro clásico italiano. Esto queda demostrado en sus Epigramas Venecianos o sus Elegías Romanas.

Su paso por Roma y el estudio del clasicismo grecolatino le llevarían a renegar del Romanticismo, a pesar de ser el autor de la obra más representativa de este movimiento en Alemania: Las Penas Del Joven Werther (1774).

Penas y afinidades

Un joven se enamora de una mujer prohibida, su amor es imposible y la única salida es la muerte. Una ficción muy realista que Goethe supo plasmar en su famoso Werther. Realismo romántico basado en hechos reales. Conocidos del poeta se habían suicidado por desamor, sucesos que le inspiraron para escribir esta novela epistolar. Desafortunadamente para algunos, el volumen inspiraría a jóvenes de toda Alemania a seguir los pasos de Werther, provocando una oleada de suicidios sin precedentes. Muertes ‘heroicas’ fruto de la pasión más humana: el amor.

La muerte de Chartterton de Henry Wallis (1856)

Pero el amor correspondido y compartido no siempre garantiza la felicidad. Goethe pone en tela de juicio la institución del matrimonio en Las Afinidades Electivas (1809), reflexionando sobre la moral y la capacidad de controlar los impulsos. La amenaza de que las relaciones establecidas y esperadas se vean alteradas por impulsos naturales es el hilo conductor de esta obra, un argumento todavía actual en el siglo XXI.

El pacto con el diablo de Goethe

El saber para Goethe no tenía barreras. Aunque sea más conocido por sus obras literarias, nunca dejó de interesarse por otros campos de investigación. Esta necesidad de saber, esta avaricia científica, fue y es la cláusula primera de uno de los pactos más famosos de la historia. Se trata del contrato, que alcanza la otra vida, por el que se vende el alma al diablo a cambio de la sabiduría, uno que el escritor alemán estipuló en su reinterpretación del mito de Fausto (1808-1833).

El personaje demoníaco encarnado por un diablo juguetón, Mefistófeles, ofrece juventud, amor y saber a un Doctor Fausto sediento de más. La debilidad humana, los placeres de la vida, los deseos más ocultos llevan el alma de Fausto hacia la perdición. Por suerte para él, en un giro romántico, un despiste del demonio ante la sabiduría divina salva su alma.

Faust de Gounod (1864)

El conocimiento conlleva responsabilidad y Goethe quiso saber siempre más. La sabiduría material llevó a Fausto a la miseria de espíritu. Por el contrario, Johann Wolfgang Goethe fue encumbrado como genio de la literatura universal. Quién sabe, puede que el alma del segundo esté aún pagando su parte del pacto.