Si se preguntara a alguien para qué sirve la fotografía es probable que respondiera que para retratar la realidad. O para inmortalizar momentos especiales y convertirlos en recuerdos. Sin embargo, la fotografía tiene diversas utilidades, y una de ellas es la terapia.
La fotografía es un medio tanto de expresión como de comunicación que traspasa toda frontera cultural y lingüística. Y la fotografía terapéutica es el lugar donde arte y terapia se fusionan para convertirse en una herramienta de curación. Se utiliza comúnmente en enfermedades que deterioran a la persona tanto física como mentalmente. Esta forma de terapia se ha utilizado en centros de arte, universidades, empresas e incluso en prisiones.
En los últimos tiempos varios profesionales de la salud han tratado a sus pacientes compaginando ciertas técnicas fotográficas con los procedimientos médicos habituales. La fotografía terapéutica se basa en la utilización de la cámara o de fotografías con fines de autoexploración para sacar del interior del paciente todo tipo de recuerdos o sentimientos que le permiten llegar a un autoconocimiento. Se trata de ver lo invisible a través de las imágenes. En la fotografía terapéutica, no se debe confundir con fototerapia, se incluyen fotografías del paciente tomadas por otras personas, fotografías tomadas por el propio paciente o “tomadas” en el sentido de coleccionar para sí imágenes de otros; autorretratos del paciente, fotografías del álbum familiar y las fotoproyectivas.
En la fotografía terapéutica el paciente se adentra en lo que no le gusta de sí mismo y rechaza, va a donde más le duele para luego quedar libre de ello y conseguir un estado de comprensión, aceptación y paz. Permite al sujeto escucharse a sí mismo y verse desde una perspectiva diferente a la que se está acostumbrado. Muchas personas que han llevado a cabo este tipo de terapias no se han reconocido en sus propios retratos, lo que ha hecho que comprendieran mejor su situación. Por ejemplo, quizás alguien con problemas alimenticios no se de cuenta de la magnitud de su enfermedad hasta que no ve los cambios que ha sufrido su cuerpo a través de sus autorretratos.
El hematólogo-fotógrafo Carlos Canal aplica la fotografía terapéutica desde los años ochenta. En 1999 comenzó un proyecto para conocer si la fotografía podía ser útil en una enfermedad como la leucemia. Cinco años después se publicó “Recuperar la Luz”, donde se plasma el paso de la paciente Rosa Sánchez por la enfermedad a través de fotografías y textos escritos por ella misma. “Hace algún tiempo tuve la fortuna de caer gravemente enferma” es una de las frases que mejor describe el resultado de este proyecto. Según Carlos Canal, “la cámara les sirve [a las personas] para crear imágenes con propósitos artísticos que irremediablemente van a tener un efecto terapéutico, pues permiten expresar las emociones de una manera directa indagando en los significados profundos de la enfermedad.”
Otro uso de la fotografía terapéutica es el de ayudar a la concienciación social sobre enfermedades extendidas. Un ejemplo claro es el de Angelo Meredino y su trabajo fotográfico “My Wife’s fight with breast cancer”, en el que retrató la lucha de su esposa Jennifer contra el cáncer de mama. Angelo sentía que la gente que los rodeaba no comprendía las dificultades por las que estaban pasando. Necesitaba pedir ayuda, y así lo hizo, a través de su cámara: “Empecé a fotografiar nuestro día a día. Teníamos la esperanza de que si nuestra familia y amigos veían a lo que nos estábamos enfrentando cada día, tal vez entonces comprenderían mejor (…) No teníamos pensado hacer un libro o exposiciones, estas fotografías nacieron y se hicieron por necesidad”, cuenta Angelo en su web. Algunas de las fotografías se publicaron en Internet y recibieron una respuesta a nivel global. Muchas mujeres que sufrían cáncer de mama tomaron el proyecto como inspiración y se enfrentaron a la enfermedad a través de las imágenes.

La fotografía terapéutica es positiva para todo aquel que quiera comenzar un diálogo profundo consigo mismo. Cualquiera puede hacerlo. Así lo hizo la ahora fotógrafa Cristina Nuñez, que en 1988 comenzó a autorretratarse para superar sus problemas de autoestima que en la adolescencia le llevaron a la drogadicción:
No es necesario ser médico ni fotógrafo profesional. No tiene más que coger una cámara en un momento de estrés o tristeza, autorretratarse y posteriormente examinar los resultados. Eso ya es un paso hacia un conocimiento interior personal.



