Universos infinitos: Escher en el Palacio Gaviria de Madrid

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El 2 de febrero el Palacio Gaviria abrió sus puertas para mostrar el complejo universo de Maurits Cornelis Escher. Este edificio histórico fue construido a semejanza de los palacios renacentistas italianos para Manuel de Gaviria y Douza entre 1846 y 1847. Desde que fue inaugurado en 1851 con la celebración de un baile en el salón de los espejos presidido por Isabel II, ha pasado a tener usos muy variopintos. No volverían a revivirse las circunstancias idóneas para mover el esqueleto hasta hace poco. Eso sí, con el estilo y la expresividad propios de una discoteca en los 90.

Ahora, este espacio vuelve a reinventarse al acoger la retrospectiva Escher. Más de 200 obras de este artista visionario —entre las que se encuentran varias de sus obras maestras como Mano con esfera reflectante, Relatividad (o Casa de Escaleras) y Belvedere— convivirán con el extenso relato de sus muros hasta el 25 de junio.

Exposición de Escher en el Palacio Gaviria. || Foto ©Jesús Varillas

La muestra está comisariada por Mark Veldhuysen, CEO de la M.C. Escher Company, y por el coleccionista italiano y experto en el artista, Federico Giudiceandrea. Arthemisia, con más de 500 exposiciones a su espalda, es la empresa italiana que se encarga  de la producción y organización. Colabora con ella The M.C. Escher Foundation.

Las obras que componen esta exposición corresponden al relato vital del artista en sus diferentes etapas, temas y aplicaciones. Se distinguen siete ámbitos: Primer período, Teselaciones, Estructura del espacio, Metamorfosis, Paradojas geométricas, Obras por encargo y Eschermanía. Además de la propia colección, cuenta con recursos didácticos y audiovisuales que permiten aproximarse más a la obra del artista, interactuando con sus obras. La muestra ofrece también un programa de visitas y talleres enfocada a todo tipo de públicos.

Comienzos y viajes

En sus inicios, Escher estudió en la Escuela de Arquitectura y Artes Decorativas de Haarlem, formándose en escultura. En este primer período conoce al profesor de artes gráficas Samuel  Jessurun de Mesquita, quien se convertirá en su maestro e influirá en su relación con el Art Nouveau y el grabado.

Posteriormente, visitará Italia y España. Tendrá oportunidad de conocer Madrid, Toledo  y Granada. Su  estancia en estos lugares influirá significativamente tanto en los motivos a representar como en la propia técnica. En Italia pasará varias temporadas acompañado del grabador suizo Giuseppe Haas Triverio (1889 – 1963). Esto se trasladará a muchas de sus obras que representan paisajes naturales transalpinos, monumentos italianos y espacios costeros.

Su segundo encuentro con la Alhambra en 1936 —viaje en el que también visita Córdoba y la Mezquita— marca un antes y un después en el interés por las teselaciones. La admiración por la fortaleza roja y el estudio detallado de las soluciones aplicadas en el diseño ornamental andalusí le servirán para desarrollar la división regular del plano con elementos geométricos.

División regular del plano II (1957) || The Escher Foundation Collection. All M.C. Escher works © 2017 The M.C. Escher Company The Netherlands. All rights reserved

Las reglas que articulan el espacio

El primer autorretrato de Escher marca el comienzo del ámbito Estructura del espacio. Es el primero de los muchos en los que el artista utiliza la deformación de su reflejo mediante un espejo curvo. El efecto que causa altera la perspectiva para focalizar la posición del Yo como centro del mundo. A partir de la percepción del propio individuo se desarrolla y distorsiona el espacio circundante bañado por la luz, gravitando entorno a la visión de sí mismo.

La relación entre los descubrimientos científicos y la obra de este maestro del asombro es una constante que también se traslada en sus trabajos. Los estudios de Escher en cristalografía y sistemas de organización molecular darán lugar a obras con composiciones muy variadas como En Profundidad, obra en la que se aprecia la disposición de una red atómica.

Mano con esfera reflectante (1935) || The Escher Foundation Collection. All M.C. Escher works © 2017 The M.C. Escher Company The Netherlands. All rights reserved

El cambio permanente: Metamorfosis

Metamorfosis reúne quizás las obras más reconocidas y reproducidas del artista. Las transformaciones pueden formar un ciclo metamórfico como en Encuentro (1944), o bien consistir en la mutación de elementos geométricos abstractos que se transforman en formas concretas como en Verbum (1942).

La dualidad de los opuestos queda reflejada en ambos casos, además de en la lectura de otros símbolos presentes en la iconografía. Los personajes definidos por la actitud «optimista» y «pesimista» coinciden en un cruce de motivaciones opuestas para encontrarse  en el punto medio de la composición. De la misma manera, el cielo se transforma gradualmente en  la alternancia del día y la noche.  La teselación triangular en Verbum se produce a partir de un hexágono y ordena la mutación de las formas abstractas en ranas, peces y aves. Estos animales se utilizan para  representar el medio correspondiente a cada uno, estando presentes la tierra, el agua y el aire.

Cabe destacar la curiosa reciprocidad que el artista holandés establece entre su obra y las matemáticas. A partir de la expresión artística de los dilemas, cuestiones y descubrimientos de los científicos consigue crear una alianza duradera que sirve para retroalimentar ambas partes.

Encuentro (1944)|| Foto ©Irene Merino Mena

Ciencia y arte

El efecto Droste está  basado en la repetición sucesiva de una imagen de menor escala dentro de la propia imagen, una de las paradojas que más debates ha suscitado en la comunidad científica. En Galería de grabados (1956) Escher plantea cómo resolver este enigma pero no es hasta 2003 cuando Henrick Lenstra (matemático de la universidad de Leiden) consigue completar exitosamente el puzle. Así lo representará Escher en una obra basada en la anterior pero mostrando el enigma completamente resuelto.

Otro ejemplo bastante singular es el de Cintas de Möebius (Hormigas rojas). El origen de esta obra está basado en el diálogo con un investigador, que le lleva a estudiar cuestiones propias de la matemática. En palabras del artista: «En 1960, un matemático inglés (cuyo nombre no recuerdo) me exhortó a hacer un grabado de una cinta  de Moebius. Por entonces, apenas sabía lo que era eso»

En ocasiones, la solución a las paradojas que plantea está presente también en la obra. Es el caso de Belvedere (1958), en la que se muestra dibujado en un papel el sistema a partir del cual se ha concebido un ejemplo de arquitectura imposible. Este dibujo está siendo estudiado con detenimiento por un personaje que ha conseguido llevar un  paso más allá el diseño, reconstruyéndolo en tres dimensiones. Detrás de él, la propia arquitectura muestra la imagen final que tendría al aplicarse en un edificio.

Belvedere (1958) || The Escher Foundation Collection. All M.C. Escher works © 2017 The M.C. Escher Company The Netherlands. All rights reserved

El universo de Escher

Al margen de sus investigaciones artísticas, las obras por encargo forman parte del cotidiano de Escher y por eso, no es de extrañar que participen en esta retrospectiva. Al contrario de lo que se pudiera pensar, los exlibris o tarjetas de visita responden a las exigencias del cliente a la vez que siguen siendo fieles representaciones de sus intereses y estilo propios. Tanto es así que muchos de los motivos que crea inspirarán algunas de las obras maestras que desarrollará a posteriori.

En la actualidad, es difícil no conocer el asombroso mundo de Escher. Su presencia se ha extendido a la publicidad, tarjetas, sellos, cómics, moda, álbumes de música, anuncios o películas  del género fantástico en las que sus arquitecturas imposibles forman parte de los escenarios.

Relatividad (1953) || The Escher Foundation Collection. All M.C. Escher works © 2017 The M.C. Escher Company The Netherlands. All rights reserved

Es el caso de Relatividad (1953) que sirve para reconstruir la escalera imposible en la película Dentro del laberinto (1986, Jim Henson). En ella Jareth (David Bowie), rey de los Goblins, utiliza los juegos espaciales como elemento ilusorio para  demostrar su supremacía. El caprichoso líder juega con las limitaciones habituales del mundo tangible, tal y como lo haría Escher. Las leyes físicas atienden sus propias normas en un  mundo gobernado a voluntad propia, permitiéndole  reescribir los parámetros espaciales. La lógica del plano bidimensional se traslada a la realidad en vez de a la inversa.

Tal y como lo definiría el propio artista: «Mi obra es un juego, un juego muy serio». Escher consigue representar en sus obras un universo coherente con las paradojas más fascinantes de nuestra realidad, un juego cuyas normas han permitido al ser humano conquistar a través del intelecto escenarios desconocidos. Sus conocimientos, el diálogo entre diferentes disciplinas y la creatividad para interpretar estos paisajes son los ingredientes que permiten su desarrollo, dándoles cabida más allá de su propia mente.

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