En Grecia estuvimos con el director de teatro Sergi Belbel debido a que se está representando Fora de joc en el teatro “Apo Mijanis” –Ex Máquina- de Atenas. Fue un verdadero placer charlar con él de asuntos teatrales en los que el amor por la vida y las personas se plantean como un valor supremo de cada ser humano.

Me dijo que esta obra Fora de joc se terminó de escribir en 2009 ¿cómo es vivir sin hacer otra cosa que escribir?
Buena pregunta. Puedo «sobrevivir» perfectamente sin escribir teatro porque también adapto y traduzco obras de otros autores (clásicos y contemporáneos) y porque también soy director. ¡No me sobra tiempo!
El proceso de la traducción del texto, del cual a veces te encargas, ¿cómo ha contribuido en tu estilo de escritura?
Traducir a otros autores (sobre todo si son clásicos o grandes contemporáneos) es fascinante: la mejor escuela de aprendizaje para un autor.
Al escribir, ¿comienzas por una frase o un personaje muy fuerte?
Depende de la obra. A veces se empieza por un personaje, a veces por una acción, pero también por una necesidad de «ver y oír» algo determinado encima de un escenario, en directo. También está el actor o la actriz. A mí me motiva mucho escribir para actores concretos que conozco y a los que admiro.
¿Cuál es tu relación con los actores y, sobre todo, al tratarse de griegos, cómo es el trato con actores de otra nacionalidad?
Me encantan los actores y las actrices. No puedo evitarlo. Si no, no me dedicaría al teatro. La compañía que he encontrado en Atenas, con Eleni, Anna, Fedon, Kostas y Giannis es absolutamente maravillosa. Confieso que me gustan mucho más los actores y las actrices que los directores escénicos, pero en este caso, he quedado también totalmente «enamorado» humana y teatralmente hablando de Konstantinos Marcellos, el director. Los actores y actrices (sobre todo los «buenos») en todas partes del mundo comparten «algo» indefinible, una especie de «secreto» que les hace únicos e irrepetibles y que me atrae poderosamente. Si no les «amara», no podría escribir teatro bajo ningún concepto. Confieso también que tengo debilidad por las grandes actrices. ¡Son fascinantes, arrebatadoras e iguales en todas partes del mundo!

¿Qué te pareció que tu obra fuera recitada y realizada en griego? Un idioma que no hablas…
Maravillosa. Y es mérito seguro de Maria Chatzemmanouil, la traductora, grandísima persona de teatro a quien los autores catalanes debemos mucho (junto con Dimitris Psarras)
A propósito de tu obra, que, por cierto, es muy divertida, me gustaría preguntarte por la presencia del abuelo moribundo, ¿qué piensas sobre el asunto de la eutanasia bajo algunas circunstancias?
Es un tema delicado. Creo que cuando un enfermo está terminal de manera clara, se pueden ahorrar algunos días u horas de sufrimiento inútil. Hay enfermedades degradantes y denigrantes que no hacen ningún bien a nadie: ni al enfermo ni a la familia que le rodea. Lo sé porque he vivido algún caso así. Estoy claramente a favor de la eutanasia cuando la enfermedad es totalmente irreversible y entraña sufrimiento. Pero sólo en este caso. Cuando hay dudas… la vida debe continuar, siempre.
¿Hay algún escritor a quién tengas envidia?
Envidia…como algo negativo, no. «Envidia sana» sí, a muchísimos. Desde clásicos como Shakespeare o Molière hasta autores recientes e incluso compañeros míos como Jordi Galceran, Pere Riera o Cristina Clemente…
¿Tienen algo que ver tus textos con experiencias y vivencias propias?
Sí, pero siempre deformadas. No me gusta «autorretratarme» demasiado, aunque es inevitable que aparezca por ahí…
¿Podrías darnos un ejemplo?
Bueno… no es exactamente como yo pero el niño de mi obra «Forasteros» (que se verá en Atenas próximamente) tiene algo de mí cuando era pequeño… Pero no puedo dar más ejemplos, porque exactamente igual que en la realidad no hay nada mío en ninguna de mis obras. Me apetece más retratar a los demás, son mucho más interesantes que yo. Mi vida privada es ciertamente poco interesante, de verdad.
Tu obra «Forasteros» se representará en el Teatro Nacional de Atenas a finales de marzo, ¿puedes adelantarnos un poco el argumento?
«Forasteros» es una historia compleja… una historia de inmigrantes en dos momentos del tiempo, en el siglo XX y XXI. Pero también es la historia de la descomposición de una familia a través de una terrible enfermedad: el cáncer, que funciona como metáfora de fenómenos que están sucediendo en el mundo. A veces somos más «extranjeros» para los que tenemos cerca que para los que vienen de lejos…

¿Qué te pareció Atenas y el centro? ¿Y los griegos?
Bueno, debo decir que no es la primera vez que visito Atenas, Los griegos me apasionan por varios motivos, pero si bebo decir algo… es la hospitalidad. La gente más hospitalaria que jamás he conocido en mi vida son todos griegos. Y son apasionados, cosa que me encanta. Y qué decir de Atenas… para alguien a quien le gusta el teatro y que es amante de la «política»…. Atenas lo es todo. La sensación al estar en la Acrópolis es esta: «vaya! aquí empezó todo!». Es increíble, una experiencia casi metafísica. Siempre que vengo a Atenas subo a la montaña y siempre he tenido la sensación de…pertenecer a allí, de algún modo. Se me pone la piel de gallina y se me inundan los ojos de lágrimas al visitar la Acrópolis. Me pasa y me ha pasado en muy pocos lugares del mundo.
En tu caso, al estar viviendo en Grecia, ¿eres de los que piensa que cada forastero es descendiente de Jean Paul Sartre que tiene que seguir su camino o, por el contrario, de Antonio Machado, cuyos versos «Caminante no hay camino/el camino se hace al andar» nos han afectado mucho?
Sí, son buenas tus observaciones… El verso “se hace camino al andar” es muy famoso y resuena muy a menudo en mi cabeza… La vida son esos caminos que vamos trazando nosotros mismos. Sobre todo las sendas que vamos tomando en los cruces de caminos…


