Nacido en Nueva York, en 1942, Adam Hochschild es escritor, periodista, historiador y profesor de periodismo en la Universidad de California. Graduado en Historia y Literatura por la Universidad de Harvard, ha trabajado por el Movimiento Americano para los Derechos Civiles y ha colaborado en medios como The New Yorker, Harper’s Magazine, The New York Rewiew of Books, The New York Times Magazine o The Nation. Ha sido comentarista en la National Public Radio y ha participado en movimientos contra la guerra de Vietnam. Es autor, entre otras obras,  de  Enterrad las cadenas (2006), Anabel y el Monstruo del lago Ness (2010), Para acabar con todas las guerras (2013) o Spain in our hearts. Con El fantasma del rey Leopoldo ganó el Premio Duff Cooper y fue finalista en el National Book Critics Circle Award. En 2012 la obra fue premiada por la Academia estadounidense de las Artes y las Letras.

adam hochschild

Entrevista a Adam Hochschild

En su libro El fantasma del rey Leopoldo, dedica un amplio espacio a los sueños coloniales del rey de los belgas Leopoldo II. Cuando el monarca puso sus ojos en el Congo ya había investigado anteriormente la provincia argentina de Entre Ríos o la isla de Martín García, entre otros lugares. Sin embargo, a mediados de la década de 1870 empieza a abrirse paso la idea de que el AFRICA subsahariana era el lugar lógico al que debían mirar los aspirantes a colonialistas. ¿Cuáles eran a su juicio las razones que avalaban esta convicción?

Leopoldo vio que los países europeos más grandes estaban sedientos de colonias africanas. A pesar de que aún nadie soñaba si quiera con el boom del caucho gracias al cual Leopoldo amasó su fortuna, África era conocida por ser una fuente de marfil, una mercancía de gran valor y los europeos sospechaban que había otras riquezas. Los británicos ya se habían establecido en el sur y los franceses en el norte y Leopoldo quería algún territorio para él antes de que los países más grandes se lo quitasen, así que contrató al explorador Henry Morton Stanley entre 1879 y 1884 para que lo hiciese por él.

Lo cierto es que Leopoldo II se aprovechó de la creencia común en la época de que el colonialismo tiene una misión civilizadora. En consecuencia, hizo cuanto pudo por convencer a la opinión pública y a las potencias occidentales de que sus apetencias coloniales perseguían, ante todo, cristianizar a las razas salvajes e instaurar el libre comercio. ¿Cómo consiguió el rey belga engañar al resto del mundo sobre sus intenciones? ¿Tal vez porque el resto de países colonialistas estaba haciendo lo mismo en otros territorios?

Casi todos los países conquistadores afirman que la conquista se hace por alguna causa superior. Para propagar la democracia, traer cristianismo, vencer al terrorismo, vencer al comunismo, o alguna otra cosa. Las glorias del cristianismo, el libre comercio, y la noble tarea de enseñar a los supuestamente vagos nativos el valor del trabajo duro fueron las principales justificaciones que usaron todos los países conquistadores durante la conquista de África.

el fantasma del rey leopoldo adam hochschild

Durante el periodo en que Leopoldo II fue propietario del Congo (1885-1908) el territorio  fue objeto de explotación sistemática de sus recursos naturales, especialmente marfil y caucho, con mano de obra indígena y en condiciones de esclavitud. El rey inauguró un verdadero régimen de terror, con asesinatos en masa y mutilaciones de manos que fueron utilizadas como moneda informal. Se calcula que llegaron a morir entre cinco y diez millones de personas. Algunos hablan de genocidio, pero usted aclara, con buen criterio, que Leopoldo II no buscaba eliminar a un grupo étnico por razones de raza o religión, sino, simplemente, conseguir mano de obra a cualquier precio. ¿Fueron el dinero y el poder sus verdaderas motivaciones?

Sí. Leopoldo estaba bastante frustrado por ser rey de un país tan pequeño en una época de la historia europea en la que ser rey ya no era divertido, porque los monarcas europeos estaban perdiendo poder frente a los gobiernos electos. Él quería una gran colonia donde pudiese reinar de manera suprema y de la que pudiese extraer mucho dinero. Por supuesto, al igual que la mayoría de los europeos de su época, pensaba que los africanos eran seres inferiores, pero su principal meta era hacerlos trabajar para él, no matarlos a todos.

En su libro alude en varias ocasiones a Joseph Conrad y, en especial, a su gran novela corta El corazón de las tinieblas. El personaje de Kurtz es uno de los malvados literarios más famosos del siglo XX, pero Conrad había pasado seis meses en el Congo donde conoció a varias personas reales que le sirvieron de inspiración. La obra en conjunto es una parábola intemporal pero ¿es igualmente un libro sobre un tiempo y un lugar? ¿Es ese tiempo los años finales del siglo XIX y el lugar es el Congo? Conrad también dijo: «Toda Europa contribuyó a hacer a Kurtz».

La gente ve El corazón de las tinieblas como una gran obra de literatura imaginativa y lo es. Pero también es un extraordinario reportaje que refleja cómo era el Congo durante esa época: africanos encadenados, africanos trabajando hasta morir, hombres blancos conducidos por la avaricia del marfil, incluso blancos que coleccionaban cabezas decapitadas de africanos. Todo esto fue lo que Conrad vio con sus propios ojos cuando estuvo en el Congo.

Son varios los instrumentos que permitieron a los europeos apoderarse de toda el África tropical en las dos décadas que siguieron a la Conferencia de Berlín. Entre ellos usted menciona los relativos al armamento y el desarrollo de la medicina, que permitió la defensa contra la malaria y el descenso de la mortalidad entre los europeos. En este contexto, ¿qué papel desarrolló el barco de vapor?

El barco de vapor fue una herramienta crucial, porque permitió a los colonizadores blancos usar la vasta red fluvial del Congo como sistema de transporte. Las armas modernas, especialmente el rifle y los cañones portátiles también fueron importantes, así como los medicamentos que hacían frente a las enfermedades tropicales. Asimismo, la red telegráfica fue también de suma importancia, aunque esto vino después. Es mucho más fácil hacer funcionar una colonia si puedes enviar órdenes a todas partes.

El monarca tuvo que hacer frente a enormes gastos pero durante algún tiempo tuvo graves problemas financieros. ¿Qué movió al Parlamento belga a concederle un crédito masivo de 25 millones de marcos como apoyo a su obra filantrópica? ¿Tal vez el convencimiento de que su país estaba haciendo un buen negocio?

A pesar de ser un monarca constitucional con poderes limitados, fue difícil para el parlamento belga decir no al rey, sobre todo porque era un experto cabildero, un manipulador de legisladores y alguien que afirmaba que todo lo que hacía tenía fines filantrópicos.

adam hochschild entrevista literatura

A pesar del empeño del rey en silenciar el terror, sí se llegaron a alzar voces contra el sistema implantado por Leopoldo II. Aquí hay que señalar la «Carta abierta» publicada por el «coronel» de raza negra George W. Williams. ¿Puede considerarse esta carta como un verdadero hito en la defensa de los derechos humanos?

¡Sí! Es un documento extraordinario que esencialmente muestra cómo la forma de gobierno de Leopoldo dependía del terror y el trabajo forzoso. Resulta incluso más notable porque fue escrito en 1890, una década antes de la gran oleada de críticas a las que Leopoldo tuvo que hacer frente.

A la figura de Williams hay que añadir la labor del belga E.D. Morel o la del irlandés Roger Casament. El primero fue vicecónsul británico del Congo y Casament, en la Aduana de Amberes, descubrió el verdadero carácter del comercio entre el Congo y Bélgica y su convicción de que todas las riquezas que provenían de allí tenían su origen en el trabajo esclavo. Es imposible resumir la labor de estos dos grandes defensores de los derechos humanos, pero ¿cuáles fueron sus verdaderos logros de cara a la opinión pública?

Ambos tuvieron un impacto enorme en la opinión pública. Casement porque su relato estaba respaldado por el gobierno británico, Morel porque fue un periodista brillante y un maestro del mundillo periodístico británico: conocía a editores y corresponsales, sabía cómo convencerlos para que publicitasen sus descubrimientos, sabía el tipo de historias que les gustaban. Además, era escrupulosamente preciso, y los editores sabían que podían contar con él.

Leopoldo II consiguió silenciar o relativizar muchos de estos ataques. No sólo fue un habilísimo hombre de negocios sino que, además, no tuvo el menor escrúpulo en comprar voluntades que le sirvieran para sus fines. En este tema llegó, incluso, a poner a su servicio al más famoso explorador africano del siglo XX Henry Morton Stanley. ¿Qué le debe Leopoldo II a Stanley?

Stanley fue el hombre sobre el terreno de Leopoldo durante cinco años, básicamente le mantuvo vigilado el territorio. Stanley estuvo en el Congreso de Berlín en 1884 y 1885, trabajando para Leopoldo mientras los poderes europeos comenzaban el proceso de repartirse el continente africano. Desde luego Stanley, el explorador más famoso de su tiempo, añadió un enorme prestigio a la tarea de Leopoldo.

adam hochschild entrevista literatura

¿Cuál fue la magnitud de la tragedia congoleña en el período de Leopoldo II? Es difícil de cuantificar y muchos hablan de cifras millonarias que oscilan entre los 5 y los 8 millones de muertos. Además de las muertes directas para aquellos indígenas que no llegaban a las cuotas impuestas de recogida de caucho también hubo una serie de factores relacionados con la situación de explotación. ¿Cuáles fueron?

Las mejores estadísticas demográficas estiman que entre 1880 y 1920, la población del Congo se redujo a la mitad, de aproximadamente 20 millones a 10. Esto son solo estimaciones, ya que no hubo un censo hasta los años 20 del pasado siglo. Las causas de pérdida de población fueron a) gente trabajando hasta la muerte en trabajos forzados; b) gente muerta en los múltiples levantamientos en contra del régimen; c) gente muerta en la selva, a donde escapaban para evitar ser reclutados como trabajadores forzosos; d) un gran descenso en la tasa de natalidad (comprensible cuando los hombres eran esclavos y las mujeres estaban presas en sus propias casas); e) (probablemente la mayor causa) muerte por enfermedad: cuando una población está traumatizada, tiene a muchos refugiados y vive en condiciones de hambruna, mucha gente muere por enfermedades que en otro contexto hubiesen podido afrontar.

En 1908 Leopoldo II cede su territorio del Congo al Gobierno belga. ¿Desaparecieron de forma apreciable las prácticas anteriores contra los indígenas que no cumplían sus cuotas: incendios, amputaciones, toma de rehenes etc.?

No. Las cosas mejoraron de alguna manera, pero el sistema de trabajo forzoso se mantuvo hasta que el precio del caucho colapsó algunos años después. La cosa mejoró en los años 20, cuando los belgas se dieron cuenta de que se iban a quedar sin mano de obra esclava si el sistema continuaba siendo así de duro. Se preocuparon profundamente por la caída demográfica.

La cesión al gobierno belga no fue acompañada de la información sobre lo que el rey belga hizo allí. El mismo dijo: «Les voy a dar mi Congo, pero no tienen derecho a saber qué he hecho allí». ¿Puede decirse que el grueso de esa información sigue estando en las aportaciones de Morel, Casement, Sheppard o Williams?

Todas las historias del periodo durante el cual Leopoldo reinó están en deuda con los «reformistas del Congo», sobre todo con los voluminosos y bien documentados escritos de E.D Morel. El diplomático e historiador Jules Marchal también documentó de manera extraordinaria el funcionamiento del sistema de trabajos forzosos en cuatro volúmenes del registro gubernamental.

adam hochschild entrevista literatura

Pero además de esa ingente información ¿es cierto que también su legado es la capacidad para indignarse por el dolor infringido a otros seres humanos? En la actitud de estos hombres está el origen de una forma de ver el mundo que llega hasta Amnistía Internacional.

Sí. La historia de las campañas a favor de los Derechos Humanos es larga y la campaña del Congo ocupa un lugar importante. Lamentablemente, la batalla a favor de los Derechos Humanos aún no ha sido ganada. Recientemente, hemos sufrido grandes contratiempos en muchos países: Rusia, Polonia, Hungría, Turquía… Y en Estados Unidos tenemos a un presidente al que los Derechos Humanos no le importan nada.

Europa no dejó un legado de democracia en sus colonias, sino el dominio autoritario y el saqueo. Tras el asesinato por la CIA del líder Patricio Lumumba llegó al poder Joseph Desiré Mobutu, un dictador que se mantuvo en el poder 32 años y a quien ayudaron Francia y los Estados Unidos del presidente Kennedy que llegó a concederle 1000 millones de dólares en ayuda civil y militar. A su derrocamiento su fortuna personal se valoraba en unos cinco mil millones de euros. Usted recuerda las palabras de Ibn Jaldún: «Los conquistados quieren imitar siempre al conquistador». Cuando Mobutu lo necesitaba imprimía dinero. Algo parecido a lo que hacía Leopoldo II al emitir bonos. ¿Volvieron los fantasmas de Leopoldo II al Congo tras su muerte?

Creo que Mobutu imitó a Leopoldo en muchas cosas. Mobutu contaba con una economía más desarrollada a la que saquear y gobernó en el Congo durante más tiempo. Irónicamente, Mobutu y Leopoldo eran dueños de mansiones vecinas en el sur de Francia. Joseph Kabila, el actual dirigente del Congo, parece decidido a aferrarse al poder. No podemos culpar al fantasma de Leopoldo por todo esto, pero sin duda hay cierta continuidad entre estos tres dirigentes.

A pesar del tiempo transcurrido parece que la memoria colectiva todavía no acepta del todo la consideración de Leopoldo II como uno de los grandes asesinos en masa de finales del siglo XIX y comienzos del XX. ¿Qué consideración existe hoy entre los belgas sobre su memoria y en qué medida el juicio de sus compatriotas está atemperado por las grandes obras que llevó a cabo en su país?

En mi experiencia, son muchos los belgas preocupados por los derechos humanos y están dispuestos a afrontar la verdad acerca de lo que su país hizo en África. Han sido muy amables conmigo y mis libros y me han invitado a dar charlas en numerosas ocasiones. Aún quedan algunos belgas, especialmente aquellos cuyas familias trabajaron en África, que no quieren afrontar esta realidad, pero se podría decir lo mismo de algunos americanos que no quieren aceptar el sufrimiento causado en Vietnam, o las muchas guerras que tuvieron lugar en América Central, o la invasión de Irak o la conquista de Filipinas, una guerra especialmente brutal que tuvo lugar mientras Leopoldo se hacía con el Congo.