El Tubo Elástico

En la corte de El Tubo Elástico

A lo largo de estos meses un mantra se repite sin cesar a lo largo y ancho de la red musical de nuestro país. Algo se cuece en el sur. Algo gordo. Los grupos emergen como si de setas se tratasen, pero mucho más alucinógenos. Cabalgan a lomos de discográficas independientes y asustan a las viejecillas cuando pasan frente a ellos. Una escena independiente sin parangón, alentada por certámenes como Monkey Week, referentes internacionales.

Uno de estos loables conjuntos es El Tubo Elástico. Cosa fina lo de estos jerezanos. Cuatro colegas que disfrutan emulando a sus veneradas influencias. Si se requiere mencionarlas es inevitablemente necesario el monóculo, amén de la respectiva copa de Rémy Martin. Mejor aún, una copa de Tubo, cosecha Sheik Yerbouti del 79. Seis temas componen su disco de presentación, a cada cual más interesante. Resulta inevitable recordar reminiscencias de ese estilo ELP en Rojo, por ejemplo. Sin embargo, la magia de estos chicos del sur reside en, efectivamente, esa elasticidad. Temas frescos, con un precioso sello siglo XXI.

Un grupo a tener en cuenta

La primera prueba de ello es la introducción del disco con el tema Pandora. El trabajo de Daniel González a la guitarra es simplemente excepcional. Puede sentirse en ese continuo tabalear un soplo a ese Cortez The Killer oscilado entre ambas costas atlánticas. Le sigue Camaleón, otra instrumental de larga duración. Una mezcla entre ese onírico rock espacial propio de Grateful Dead y la distorsión del post-rock más reciente.

El grupo El Tubo Elástico en escena
El grupo El Tubo Elástico en escena

Ispra es el tercer tema. Puede pensarse que la relación entre la pequeña ciudad del norte de Italia y esta canción es nula. No obstante, la tranquilidad desprendida en compañía de la labor de Carlos Cabrera a las baterías es un buen reflejo de esa elegancia de la banda. Un viaje astral de nueve minutos de duración a la región del lago Maggiore. Prosigue Rojo en el ecuador del disco. Probablemente su tema más vintage, o retro, o hipster, o como puñetas se diga. Más allá de etiquetas, el pabellón de la música progresiva está más que bien custodiado.

El Enjambre, a continuación, muestra un registro más cercano al jazz. Como si de la Mahavishnu Orchestra tocando en una discoteca salida de un episodio de Corrupción en Miami se tratase. Ni más ni menos. Una presencia del preciado sintetizador más que notable. Bueno, qué leches: sobresaliente. Así hasta Vampiros y Gominolas, pieza que cierra el disco. No es de recibo entrar en el porqué del título. Es bien sabida la tendencia de los géneros instrumentales a nombrar sus piezas de esta manera. Exacto, ESA manera.

Podría decirse más alto pero no más claro. El Tubo Elástico ha firmado uno de los discos más relevantes del panorama independiente de 2015. Puede vérseles por esos derroteros sureños si desea el lector escucharlos por sí mismo. La acogida allí no ha podido ser más cálida. Si a eso se le añade el interés de medios internacionales por este disco, ya está todo el trabajo hecho. Lo que queda es rendir pleitesía a estos reyes carmesí en su corte particular. ¡Música, maestros!

Juan Ramón Rodríguez

Músico a tiempo parcial. Escritor en los días de fiesta. Sé leer y escribir, mal que pese.