El 10 de junio de 2011 se volvió a perpetrar un nuevo ataque flagrante a la nostalgia. Tras 16 años de desarrollo, y una gran cantidad de problemas, llegaba a las tiendas Duke Nukem Forever, la secuela de la mítica saga shooter de los años 90.

Sin embargo, los fans que llevaban tanto tiempo esperando el juego no tardaron demasiado en percatarse de lo que habían comprado. Los gráficos deleznables, la jugabilidad pésima, y una ausencia total de historia, ponían de manifiesto cómo la industria había arruinado otra vez una saga a causa de los intereses económicos.

En una época de hambruna creativa, los directivos de Gearbox Software decidieron sumarse a la lista de peores secuelas de la historia, y no serían los últimos.

Duke Nukem Forever

‘Duke Nukem Forever’

Crear nuevas propiedades intelectuales (IP) no solo supone un riesgo empresarial, sino que precisa de una gran cantidad de recursos. No es de extrañar que en un contexto económico en el que las oportunidades escasean, y donde la competencia es cada vez más numerosa, se opte siempre por la vía más fácil.

Según un informe de la DEV, el 41% de las compañías españolas del sector tienen actualmente una vida de entre 2 y 5 años. Eso apunta directamente a la fragilidad de la industria, y a una situación donde es más importante asegurar beneficios que crear y arriesgar con nuevas ideas. Pero no solo los pequeños estudios caen en esta “secuelitis”.

Todas las grandes sagas tienen secuelas para olvidar

Los grandes estudios han protagonizado en el pasado los episodios más vergonzosos de los videojuegos, con títulos que no se recuerdan precisamente por su calidad. Square Enix con el malogrado Final Fantasy X-2, Capcom con Resident Evil 5, o incluso Nintendo con la segunda entrega de la saga Zelda, probaron el sabor del fracaso ante un intento de innovación.

Algunas veces por perder la esencia que daba sentido a las licencias, y otras veces por perder el rumbo de los hilos narrativos, todas estas secuelas han acabado en las tiendas de segunda mano. Es entonces cuando surge la duda entre arriesgarse y lograr un punto de inflexión u optar por el continuismo con el peligro de ser criticado por ello.

Assassin's Creed III

‘Assassin’s Creed III’ marcó un punto de inflexión en la saga de Ubisoft y obligó a la compañía a replantearse las siguientes secuelas || Fuente: Youtube

Si se atiende a los últimos años de las grandes sagas, se puede llegar a la conclusión de que el fracaso solo es un anticipo del éxito. Muchos estudios han preferido mantenerse alejados del precipicio para seguir rentabilizando sus aciertos iniciales, y han terminado desgastando sus licencias. Dejando de lado las grandes marcas deportivas como FIFA o NBA 2K por sus condiciones anuales, no pocas han sido las licencias que han sufrido de la temida fiebre de secuelas. Activisión y Call of Duty representa el mejor ejemplo de agotamiento con unas últimas secuelas que solo buscan la monetización de todos sus contenidos, y que han perdido de vista los elementos que los hacían distintivos.

Otros estudios sin embargo han sabido mantener el ritmo de lanzamientos sin caer en la repetición o la falta de imaginación. Grandes personajes como Mario o Zelda, a pesar de algunos tropiezos, han conseguido mantenerse en lo más alto de la industria durante décadas.

Nintendo es especialista en practicar la “secuelitis” de manera soberbia, manteniendo la esencia de sus licencias sin perder nunca al jugador como elemento central de los desarrollos. La principal diferencia entre la Gran N y la competencia radica en el mantenimiento de los ciclos de producción. Sin acortar los tiempos que transcurren entre unas entregas y otras, la compañía ha podido mantener el interés evitando el cansancio y desgaste.

El riesgo no siempre es el mejor ingrediente para las secuelas

Caso contrario es el de la emblemática saga de rol por turnos Final Fantasy. Durante años primero Squaresoft, y después Square-Enix, han sabido prolongar la franquicia con nuevos títulos de una calidad excelente. Sin embargo, durante los años más recientes la compañía nipona decidió que era el momento de dar un salto hacia el vacío, y en el proceso han perdido mucho equipamiento.

Los fans de toda la vida se han desentendido de Final Fantasy XIII y Final Fantasy XV por no corresponderse precisamente con sus nombres. La crítica ha abalado a estas secuelas con grandes notas, pero como continuaciones no terminaban de cumplir con la herencia que arrastraban y que tantas alegrías les habían dado. Con ello se ha conseguido atraer a nuevos jugadores pero se han perdido otros y, especialmente, se ha dañado la reputación de la licencia.

 Dragon Quest XI

‘Dragon Quest XI’ es la próxima secuela de la famosa saga de rol también de Square Enix que sí ha sabido mantener la esencia en el tiempo || Fuente:  Youtube

¿Merece la pena entonces innovar? La respuesta es difícil de generalizar porque cada caso es diferente, pero a tenor de las evidencias parece un hecho el que sí. Si las compañías habían descubierto en un inicio esas ideas, fue porque decidieron arriesgarse en su momento.

Modificar las sagas con el paso del tiempo solo es una muestra de la evolución del propio sector y de la forma que tienen los jugadores de entender los videojuegos. Las licencias mueren y nacen constantemente y con ellas vienen y van los usuarios. Lo que parece claro es que son estos últimos quienes siempre deben estar en la mente de cualquier desarrollo, y en caso de hundimiento, la moral siempre podrá resguardarse en el sentir de cada época.

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