Desde que los hermanos Lumière inventaran el cine a finales del siglo XIX ha habido muchas películas, muchas obras audiovisuales de distinto género que han cautivado al público, algunas de mejor forma que otras.

A lo largo del sendero recorrido por el séptimo arte se ha podido disfrutar de una inmensa cantidad de películas de amor, de acción, de animación o de terror. A colación de esta última tipología, como dato curioso, hay que decir que la primera película de terror de la historia fue La llegada del tren. En esta cinta se veía cómo un tren se acercaba hacia los espectadores y estos empezaron a gritar, porque pensaban que la locomotora los arrollaría.

Sin embargo existe un género que no ha sido lo suficientemente explotado ni comercializado, un género más propio de los teatros: el musical. Ya sea por su complejidad al coordinar la canción con el baile, o por las dificultades de producción que conlleva, este género no está entre los favoritos de casi ningún director.

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Escena de Chicago || Fuente: Youtube

El hombre que volvió a llevar el teatro a la gran pantalla

A finales del 2016 Damien Chazelle, conocido por dirigir Whiplash en 2014, hizo algo sorprendente: rescató del olvido el cine musical, un cine que muchos pensaban que  había llegado a su fin. Gracias a la creación de La, la, land: la ciudad de las estrellas, demostró que esta categoría todavía podía dar mucho juego. Con un toque actual, pero con la misma esencia del Hollywood clásico de los años 20, el director se basó en aquellos largometrajes que marcaron la época dorada del celuloide americano.

Con este nuevo trabajo enamoró a la crítica y a muchos espectadores. Las canciones, los bailes, la coordinación entre los actores, la escenografía, los movimientos de cámara, etc. Todo hizo de esta cinta la  favorita del año en opinión de algunos expertos. Tanto es así que obtuvo catorce nominaciones en los Óscar, igualando a Eva al desnudo (1950) y Titanic (1997). 

Una ceremonia histórica

La 89º ceremonia de los Óscar será recordada como la primera de Donald Trump en la residencia presidencial, a quien, por cierto, le llovieron las críticas a mares. Pero también por haberse cometido un error al anunciar la película ganadora a la categoría de mejor película. Un fallo histórico en la entrega de los premios más importantes del cine.

La anécdota se produjo cuando Warren Beatty y Faye Dunaway, los encargados de entregar la estatuilla, se equivocaron y pronunciaron el nombre de La, la, land en lugar de Moonlight, la auténtica ganadora del premio. Más tarde se aclaró que los presentadores habían cogido el sobre equivocado.

La inspiración viene de lejos

Este género tan particular y puramente americano tiene su origen en los teatros. Utiliza las mismas técnicas, aunque adaptadas a la gran pantalla, que se muestran sobre un escenario. El objetivo del  cine musical es sorprender al espectador con una mezcla perfectamente orquestada y tratada entre el dialogo y la canción. Eso es lo que  atrae al espectador y algo muy difícil de conseguir.

Los inicios del género se remontan a los años 20 del siglo pasado. En 1927 se estrenó El cantante de jazz, dirigida por Alan Croslan, que contenía diálogos sonoros. Es considerada la primera película musical en la historia cinematográfica. Dos años después La melodía de Broadway se convertía en el primer filme musical, propiamente dicho, en ganar el Óscar a mejor película.

En la siguientes dos décadas en la cartelera siguió apareciendo la música con títulos como La calle 42 (1933) y Un día en Nueva York (1949). Ya en los veinte años siguientes llegó la que se podría considerar como «la época dorada del cine musical», con películas que enaltecieron la figura de este tipo de cine. Aquí están títulos mundialmente reconocidos como Cantando bajo la lluvia (1953), donde, curiosamente, la historia gira en torno a los inicios del cine sonoro. 

Otros títulos de reconocido prestigio son West Side Story (1961), Mary Poppins y My Fair Lady (1964), Cabaret (1972) o Grease (1978).

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Escena de la película Grease || Fuente: Flickr

Sobre finales de los 70 y principios de los 80, los musicales del celuloide empezaron a sentir el desgaste y el poco interés de los espectadores. Si bien es cierto que se continuaron haciendo películas con algunas partes cantadas, ya no atraían a la misma cantidad de público que antaño.

En las décadas de los 80 y 90 se pueden destacar la película Annie y la comedia musical The Blues Brothers. Además, en esta época Disney también se subió al carro con éxitos animados como La sirenita o La bella y la bestia. Esta última obtuvo la nominación, por primera vez en la historia de la factoría, a mejor película. Hay que decir que casi desde sus inicios, las películas Disney siempre han tenido partes cantadas.

Entrando en la primera década del nuevo milenio llegaron otros títulos con bastante repercusión. En 2001 llega Moulin Rouge, y un año más tarde Chicago, inspirada en el musical de Broadway. En 2004 El fantasma de la Ópera hace su aparición.

Pero es a partir del 2006 cuando el musical vuelve a repuntar y se recupera del pequeño bajón que ha sufrido. En ese año se estrena el filme adolescente High School Musical dejando, tanto la primera como sus dos secuelas, buenos datos de audiencia. Igualmente hay que mencionar los largometrajes Dreamgirls y Hairspray que cosecharon bastante éxito entre el público. En 2007 llega la famosa Across the Universe, con las míticas creaciones musicales de los Beatles.

En esta época, también importante, se encuentra la película Sweeney Todd (2007) de Tim Burton, en donde se crea una perfecta armonía entre la música y el terror. Mamma Mia (2008) también es un bombazo en ese tiempo.

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Escena de la película Mamma Mia || Fuente: Flickr

En esta última década se puede citar la película Los Miserables (2012), inspirada en el musical del mismo nombre y que se sitúa en la revolución francesa. Para poner fin a esta lista está la cinta Into the Woods (2014) que narra las historias de los cuentos clásicos desde un punto de vista más maduro y oscuro. Títulos como Caperucita roja o Jack y las judías mágicas se mezclan en un entorno ficticio donde la música es protagonista casi en el 95% del filme.

El cine musical es un género poco valorado, pero puede convertirse en una herramienta donde convergen en perfecta armonía dos vertientes artísticas: la musical y la visual. Por ello puede dar una lección al espectador de una manera  clara, directa y amena. Es una forma peculiar de contar lo que sucede.

Además de servir de entretenimiento, gracias a esta técnica el mensaje cala con mayor intensidad aunque el espectador sea inconsciente de ello. Y se podría llegar a manipular su mente con facilidad. Está demostrado que el ser humano se muestra más interesado cuando la forma de contar las cosas se sale de lo común.

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