Si pudiera escogerse una melodía que, aunque carece de palabras, pueda encapsular la esencia de un viaje por Perú, sería “El cóndor pasa”, la misma con la que se recomienda entrar por el aeropuerto de Lima o durante el camino a Aguas Calientes; el pueblo de paso para visitar Machu Picchu.

Selfies, postales y otras propagandas vienen y van de una de las siete maravillas del mundo, por supuesto, sin retirarle ningún mérito a su majestuosidad. Es una delicia imaginarse aquella cúspide del imperio inca rodeada de alpacas, que no se compara en lo más mínimo con el simple hecho de presenciarla; siendo así como la torre Eiffel parisina o el coliseo romano, aquél primer elemento simbólico que un país evoca.

Sin embargo, si posterior a conocer esta maravilla, el lago Titicaca pudiera penetrar en la lista de atracciones por conocer, sería decir a una nueva perspectiva de viaje a Perú donde se puede encontrar su más pura esencia nativa en una travesía de la talla de las expediciones National Geographic. Una vez adentrándose en su cuerpo de agua, se pueden ver salpicadas numerosas islas flotantes que forman parte de la ciudad de Puno.

Las islas flotantes de Puno

Cada una de estas islas, miden alrededor de veinte metros cuadrados y son elaboradas por sus mismos habitantes con lodo y la misma hojarasca que forma parte de la vegetación del río. Después de haber tardado aproximadamente un año en fabricarla, los habitantes de la isla están listos para mudarse a ella. Serán aproximadamente cuatro familias de un total de veinte habitantes por isla.

Las islas están formadas por dos o tres chozas de paja que hacen las veces de comedor, sala de estar y dormitorio. Cada isla posee aproximadamente dos o tres paneles solares, gracias a los cuales reciben calor y electricidad. Hay islas exclusivas para ser escuelas o prestar un servicio en específico, para las cuáles se transportan por medio de unas enormes canoas fabricadas por ellos mismos; mismas que las familias usan para concebir a sus hijos.

Al llegar en papel de turista a visitar alguna de las islas, se advierte a las personas cómo deben saludar a los anfitriones, quienes esperan sonrientes al borde de la isla con cánticos preparados y artesanías para vender. Mientras las mujeres se dedican a las manualidades y la cocina, los hombres salen a cazar tres tipos de pescado o viajan en canoa al pueblo en caso de requerirlo.

Lo más extraordinario de observar sin duda ha sido la felicidad con la que aquellas personas viven en un mundo donde solo gozan de elementos básicos para la supervivencia. Recorrer el lago en un barco pequeño, como la mayoría de agencias turísticas de Cusco incluyen, no se compara en absoluto con la exquisitez de recorrer una parte del lago en una auténtica canoa inca.

Send this to a friend