Tiene algo mágico, místico e incluso divino. El azar ha escondido una belleza inexpugnable para la humanidad desde los orígenes del pensamiento como seres al servicio de la razón. Lo imprevisible siempre ha guardado un misterio atractivo para el ser humano, que intenta dominarlo todo bajo el yugo del raciocinio y la lógica. Y es justamente ese carácter contrario a nuestra naturaleza el que genera esa atracción a la probabilidad, al quizás.

Los videojuegos tampoco escapan al efecto embriagador de la aleatoriedad. En los últimos años se ha visto incrementado el número de títulos que basan sus mecánicas y conceptos en torno a la generación de elementos no prefijados. Juegos como The Binding of Isaac o Nuclear Throne han devuelto al género roguelike a la primera escena de actualidad. Pero ni uno ni otro han inventado nada, sino que recogen de juegos de los años 80 las bases que caracterizan al género y las adaptan a formas más contemporáneas.

Videojuegos The Binding of Isaac roguelike

The Binding of Isaac es el máximo exponente actual de la generación aleatoria de partidas en las que nada se repite y todo queda en manos de algoritmos aleatorios.

Pero no solo se pueden encontrar títulos que se construyen en base a esto, sino que también se observan rastros del efecto de lo aleatorio en la mayoría de los juegos actuales del mercado. No se refiere por tanto a un todo excluyente, sino que se pueden adaptar únicamente ciertos elementos a distintas mecánicas y géneros. De esa forma, es posible encontrar elementos aleatorios desde los first person shooter, pasando por los role-playing games, hasta incluso llegar a los simuladores, donde se observa un claro ejemplo en el reciente No Man´s Sky.

Uno de los motivos que es posible atribuir a esta proliferación de títulos con elementos aleatorios es la necesidad de prolongar la vida útil de los mismos. Es bien conocida la gran expansión y crecimiento que ha sufrido el sector durante los últimos años, y que ha conllevado un aumento exponencial en el número de lanzamientos anuales. Este aumento de títulos lleva al jugador a disponer cada vez de más opciones para poder satisfacer sus deseos de diversión. Por eso, desde los estudios y las desarrolladoras se intenta contener a los usuarios durante el mayor tiempo posible.

Lo imprevisible siempre ha guardado un misterio atractivo

El hecho de no conocer qué será lo que ocurra a continuación, la sensación de sorpresa, provoca en nuestro organismo hormonas que son, sin duda, placenteras. No saber qué objeto será el que salga de ese cofre, o no conocer cuál puede ser el siguiente enemigo al que enfrentarse, genera un impulso que lleva al jugador a necesitar más, a demandar más hasta despejar aquello que desconoce. Esta es una de las claves que utilizan no solo los videojuegos, sino todo tipo de actividades lúdicas para provocar adicción.

Que el apartado multijugador haya proliferado en toda clase de títulos no es meramente casual, puesto que esta modalidad se basa en esencia en la aleatoriedad. La generación de partidas arcade, con una duración determinada, y que no guardan el progreso persistente conseguido es, principalmente, lo que hace el juego cooperativo tan adictivo. Cada una de ellas es distinta a la anterior, con resoluciones distintas, y con miles de caminos para afrontarlas. Juegos como Call of Duty o Battlefield han sido y son, en la actualidad, los máximos exponentes de esta concepción del juego, pero no se constituyen ni de lejos como los únicos.

De esa forma, el modo multijugador es en esencia la adaptación de las bases que vieron nacer a la industria a las nuevas posibilidades tecnológicas. Internet ha brindado la posibilidad de proyectar esa potencialidad escondida tras la aleatoriedad, y elevarla exponencialmente en un universo de juego al que se están uniendo todo tipo de géneros sin distinción alguna.

Battlefield 1 Videojuegos multijugador

La popularización del modo multijugador ha llevado al género shooter a exprimir la fórmula con mecánicas y gráficos cada vez más perfeccionados.

Todas estas características y elementos se pueden encontrar en los mismos albores del sector, en los primeros juegos que vieron la luz a finales de la década de 1970 y principios de 1980. Fue el propio género arcade; único desarrollado en su momento, entre otras cosas por las limitaciones técnicas; el que instauró unas premisas que siguen más que nunca vigentes en la actualidad. Los motivos de aquella decisión son bien distintos a los de hoy en día, pero su objetivo es el mismo: atrapar al jugador. Sin embargo a estos juegos, además, se le añadía el componente de la altísima dificultad, lo que prolongaba aún más su vida útil.

De una forma o de otra, todo acaba refiriendo a las mismas razones; descubrir «los ocho planes» de Le Blanc. Lo que está claro es que el jugador, como ser humano que es, demanda diversión, y cuanto más se prolongue esta, mayor es la necesidad de la misma para satisfacerse. Ha sido el propio usuario el que, con sus decisiones, ha determinado el camino de una industria que parece avanzar a pasos agigantados hacia lo evanescente e imprevisible.

Send this to a friend
[responsivevoice voice="Spanish Female" buttontext="Escuchar"] A button to read only the text surrounded by these shortcodes. [/responsivevoice]