Ha pasado muchas veces. De hecho, en casi cualquier momento histórico ha ocurrido. Siempre ha habido alguien que ha captado el tempo de su alrededor y con ello se ha hecho una vida. Las fórmulas de éxito aparecen con distintos nombres: la alquimia, la fiebre del oro, el sueño americano… El problema de estas soluciones mágicas es que se olvida que requieren dejarse los cuernos para que funcionen. Trabajo que parece magia. Antonio G. ha aprendido, con estrategia y muchas horas, a empuñar el martillo para dar al clavo con fuerza.

«Yo desde el principio lo tenía superclaro», afirma sobre la vuelta al mundo que está realizando. Lleva desde el 9 de marzo de 2016 en marcha y realiza esta entrevista desde Filipinas. Granadino, de 28 años, toca la trompeta, es mentor de negocios on-line y regenta Inteligencia Viajera, el blog erigido como el centro de la vorágine que le ha llevado a pulular por el globo mientras no para de generar beneficios enseñando lo aprendido.

«Como sabía mucho de travel hacking (trucos de viaje) y podía viajar con nada de dinero, hice un viaje espiritual a los Balcanes para ver qué tenía dentro de mí y qué podía sacar», señala sobre el inicio de su aventura. Era 2014, septiembre. Había terminado una carrera de arquitectura. Lo tuvo claro: quería ganarse la vida on-line y lo iba a conseguir.

Antonio G. es un ejemplo claro de millennial y nómada digital. Pronostica que el futuro va a ver más de estos trabajadores que los que se anticipan extrapolando los datos poblacionales que prevé la ONU para 2035. El 11% se le queda corto, especialmente si se tienen en cuenta las contrataciones en remoto. «La gran mayoría de nómadas digitales son personas que cambian de país cada 3, 6 meses, incluso un año», matiza el granadino, «casi seminómadas». Reconoce que su experiencia es más aventurera que la común. El futuro, muy probablemente, será más convencional.

Antonio G., Inteligencia Viajera, y su novia en Petra

Antonio G. junto a su novia en Petra, Jordania || Fotografía: Antonio G.

Inteligencia Viajera: más trabajo que magia

Estar en ruta tiene inconvenientes. Aunque herramientas como Skype permitan entrevistas como esta, los problemas surgen. Un ejemplo es el tifón de Filipinas que Antonio G. ha vivido en directo. Otro, que el tiempo se diluya entre motos, coches, autobuses o aviones. Más allá de mostrar sus vivencias desde Inteligencia Viajera, su éxito llega de la formación que ofrece desde el blog. Una tarea diaria y que le obligó a parar unos para perfilar su gran obra, la Escuela Nómada Digital:

«Viajar cansa mental y físicamente, cuando llegamos la 2ª vez a Tailandia tuvimos que parar. Estuve trabajando 3 meses, 12/16 horas al día, porque en ruta era imposible».

La transparencia es una de las bazas con las que cuenta Antonio G. para ganarse la confianza de sus clientes. «La tecnología es neutral, es la gente y el uso que hace de ella la que es buena o mala», aduce tras dar una retahíla de casos de ejemplos de estafa en su sector. «Hay personas que me contactan para que les ayude a montar este tipo de negocios… obviamente ya sabes cuál es mi respuesta».

El optimismo marca su opinión sobre el panorama laboral, siempre que uno esté adaptado a su medio. Define 3 tipos de nómadas digitales: «emprendedores, freelances y trabajadores por cuenta ajena». Preguntado por la automatización de la industria, señala que en Occidente «se están destruyendo los mismos empleos que se están creando, la gente no se da cuenta de que estamos en un cambio de era, […] la máquina se está comiendo al hombre». Sin embargo, hay un nicho en «todo lo que no sea automático, que requiera creatividad». Mirar fuera es su clave: «tengo clientes en 37 países, y eso que solo vendo mis servicios en el mercado hispano».

El sueño millennial de Antonio G.

«Si te metes a esto nadie te puede garantizar que sea rápido o sea sencillo». La cantidad de estafas y falsas promesas que pueblan Internet y el entorno de trabajo de Antonio G. es enorme. Crear marca y atesorar clientes con éxito es el arma del granadino para superar la reticencia que casi cualquiera tendrá al entrar en Inteligencia Viajera o la Escuela Nómada Digital.

Inteligencia Viajera y Antonio G. en Lúxor

Antonio trabajando en Lúxor || Fotografía: Antonio G.

«Lo primero que hago cuando me llega un cliente es preguntarle el tiempo que tiene. Si me dice que menos de 20 horas a la semana le digo “fuera”, porque va a tirar el dinero a la basura», concluye con rotundidad. Desde un café en Filipinas, Antonio G. compara la inestabilidad de este sector en el habla hispana con la situación de la criptomoneda. La diferencia es que el futuro para los nómadas digitales es más seguro si se mira a la zona anglosajona.

Que la gente no se fíe no le resulta extraño a Antonio G. Contesta en forma de testimonios. «Que te lo creas o no es cosa de la persona, yo también he sido desconfiado, todavía hay mucho vendehúmos», apunta, a lo que añade que ofrece 30 días para dar marcha atrás en sus cursos, «el doble de lo que marca la ley».

El cortoplacismo no renta

El entorno digital vive inmerso en el cortoplacismo y Antonio G. es consciente de ello: «o estás atento a lo que ocurre en tu entorno (profesional) o te quedas fuera». Pese a haber facturado más de 23.000 el primer año, 68.000 en el segundo y 100.000 en el tercero, destaca que la inestabilidad es una espada de Damocles que siempre está pendiendo tanto sobre su cuello como sobre los de gigantes como Google o Facebook.

«Creo que desde la escuela deberíamos enseñar a pensar en el largo plazo, pero en todo: en las relaciones de pareja, en los hijos, en el viaje… me dice gente “oye Antonio voy a Grecia 3 semanas y voy a visitar 7 islas”… Pero, ¿cómo vas a visitar 7 islas, te bajas del avión, echas una foto y te vas?».

El modelo que vende Inteligencia Viajera es opuesto al de la start up, señala Antonio G. En lugar de ir a por una carrera contrarreloj en busca de financiación con un proyecto rompedor, tras la cual en muchas ocasiones no queda más que beneficio o desastre, el granadino opta por ir a un terreno más calmado. Se busca una idea, se sondea el mercado recogiendo lo mejor que haya al respecto y se trabaja desde el punto de visa personal de cada cliente. El objetivo no es un pago, sino una renta continua. Más que un golpe de carta, un servicio.

Mejor nivel de vida, el objetivo de un nómada digital

Viajar a lugares tan lejanos como la India tiene ventajas para aquellos que se atrevan. El cambio a rupias le supuso poder llevar un tren de vida que jamás podría haber tenido en España, «alto/sublujo» indica. «No eres un puto amo, pero vives muy bien», aunque señala que se trata solo de un plus. Uno muy bueno.

Cuestionado sobre el postureo, Antonio G. reconoce que es un asunto espinoso: «como marca personal tengo que hacerlo, pero tampoco hay que exagerar. […] Es complicado, en Instagram no solo enseño lo negativo, creo que si solo cuentas eso no estás haciendo un beneficio, para eso están las noticias». Esa exageración de lo más macabro que ejercen los medios la ejemplifica con anécdotas sobre el mismo tifón de Filipinas o sobre la situación de tensión que se dio en el puente del estrecho del Bósforo. «Ahí te das cuenta de cómo se manipula a la gente», apunta.

Durante su largo viaje, la soledad no ha sido excesiva para Antonio G., que transita el mundo acompañado por su novia. Respecto a la familia, intenta que todos los años sus padres acudan al país en donde se encuentre por Navidad. Ver a los amigos es más complicado, «por tema de la economía o por tiempo, pero gracias a las nuevas tecnologías lo sacas». Contactar con nómadas digitales no es tampoco complicado, ya sea con herramientas on-line o a través de coworking.

Viajar con impacto local y digital

A la hora de influir en su entorno Antonio G. lo tiene claro, hay que ir a lo local. Optar por un alojamiento fuera de un resort o acudir a entidades ya asentadas en el terreno, como la Fundación Vicente Ferrer en la India o Sonríe en Camboya, son algunos de los gestos que ha elegido a lo largo de estos casi dos años.

El límite siempre lo ha impuesto la seguridad y el sentido común:

«En Myanmar intentamos visitar algunas tribus, pero había guerrillas y era complicado. Tienes que ser consciente de que eres un extranjero y la gente te vende eso de “sé un viajero pero no un turista”… Mira, tú eres un turista y tienes que aceptarlo. A veces puedes ayudarles y a veces es mejor no acercarte porque vas a perjudicar. Poco a poco aprendes».

Una experiencia que recalca en este sentido de ayudar durante su viaje es una conferencia exprés que dio en Argentina: «me pegué 4 días de viaje de Sri Lanka a Argentina para dar una conferencia, que lo hice con todo el gusto del mundo y evidentemente no cobré. Este tipo de cuestiones me llena». Además, la globalización le permite asistencias remotas.

La historia de Antonio G. puede despertar admiración o envidia. A algunos puede que incluso dudas. Lo que queda claro tras casi una hora charlando con él es que sabe trasmitir verdad, simpatía. Mucho trabajo y mucha aventura tras un cambio que requiere mirar al abismo y guiñarle un ojo. Los versos de todo un Nobel recogen bien una verdad que cuesta asumir, pero que no dudará en fagocitar a todo aquel que se empeñe en negar. Los tiempos están cambiando:

Come mothers and fathers / Vamos, madres y padres
Throughout the land/ De toda la tierra,
And don’t criticize/ Y no critiquéis
What you can’t understand/ Lo que no podéis entender.
Your sons and your daughters/ Vuestros hijos e hijas
Are beyond your command/ Están más allá de vuestro dominio.
Your old road is/ Vuestro viejo camino está
Rapidly agin/ Envejeciendo rápidamente.
Please get out of the new one/ Por favor, salid del nuevo
If you can’t lend your hand/ Si no podéis ayudar,
For the times they are a-changin’/ Porque los tiempos están cambiando.

Bob Dylan