No basta con ganar la Eurocopa. Tampoco con vapulear el tablero europeo eurovisivo. Ni tan siquiera basta tras un milagro económico portugúes. Parece no haber duda. Portugal es el país de moda estos últimos meses. Adláteres de España en los buenos y malos momentos. Siempre tratados con la condescendencia del vecino. Ver al país lusitano copar los titulares resulta una gran excusa para resaltar su riqueza literaria. Siglos de tradición la avalan.

No obstante, dicha tradición no cala en España. Hablar de literatura portuguesa es hacerlo de Fernando Pessoa. Grosso modo. Probablemente sea el autor más laureado al otro lado del Guadiana. No debería ser el único. Tras su laureada figura, se esconde una ingente cantidad de loables autores. Entre otros, uno de los grandes poetas del siglo XIX. Tanto es así que es considerado un hito de la renovación de las letras de su país. Es el caso de Antero de Quental.

Retrato Antero de Quental

Retrato de Antero de Quental, de Columbano Bordalo. || wikimedia

Quental, la pluma                                                         

Antero Tarquínio de Quental nació en las Azores. Abril de 1842. Isla de San Miguel, para más señas. De educación religiosa, estudió Derecho en Coimbra. En sus años universitarios dejó constancia de una clara simpatía por los movimientos revolucionarios. Tras una formación religiosa tradicional, su periplo universitario devino en dramática devoción. Ello influyó en su obra y le acompañó por muchos años.

Quental escribió su primer poema con diecisiete años. Ya en 1861, publicó su primera obra. Firme republicano, fundó el movimiento conocido como Liga Patriotica Do Norte. Ya por entonces fue conocido en España. No como escritor o poeta, sino como seguidor de La Gloriosa revolución vecina. Su actividad política fue excepcional para el germen del futuro Partido Socialista. Consiguió la escisión de la Asociación Internacional de Trabajadores portuguesa. Lo cual fue un hito crucial para tal acérrimo seguidor de Hegel y Proudhon.

Su combativa juventud se extendió al ámbito literario. Intervino enérgicamente en la Cuestión de Coimbra. Fue una réplica contra la intransigencia del romántico Sturm und Drang. Quental destacó frente a un movimiento por la renovación de la vida política y cultural portuguesas. Plasmó su repulsa contra los defensores del academicismo imperante. Ello le originó duras críticas. Feliciano de Castilho, reputado literato, cargó públicamente contra los artífices de la Cuestión en una dura carta. No desistió Quental en su empeño. Instalado en Lisboa, fue el máximo artífice de las Conferencias del Casino, hito contracultural en la Portugal del siglo XIX.

Antero de Quental por Pedro Eurico

Antero de Quental (1887), por Pedro Eurico. || wikimedia

Tras la muerte de su padre, Quental sentó la cabeza. Fruto de una suculenta estabilidad económica en forma de herencia. No le impidió colaborar de forma activa en el panorama literario portugués. En 1870 fundó el periódico República junto al celebre Oliveira Martins. Numerosas revistas incluyeron su firma. Por mencionar, A Esperança, O Pantheon, Branco e Negro o  Contemporânea. Un diagnóstico de tuberculosis le afectó de forma crucial. Quental se enclaustró de forma pasmosa para Portugal. Su labor pública se minimizó. Se suicidó en 1891. Sentado en un banco del Convento de Nuestra Señora de la Esperanza en su Isla de San Miguel.

Quental, la obra

Con diecinueve años, Quental publicó su primera obra. Su trayectoria lírica le conminó al soneto desde temprana edad. Así deriva el nombre de tal obra, Sonetos. Sus obras de juventud destacan una sonrojante mezcla de influencias. Por un lado el romanticismo de artistas como Lamartine. Por otro lado, el influjo revolucionario de los socialistas decimonónicos. En España, Clarín se aventuró a reseñar su obra. En el periódico El Día criticó su excesiva solemnidad, el recurso de latín en los títulos y la monotonía temática.

Sin embargo, Clarín estableció una escueta clasificación entre los sonetos de Quental. Espiritualismo, de marcado origen romántico, se posiciona en los sobresalientes. De igual modo, fue de los primeros en traducirse al castellano:

“Como um vento de morte e de ruína,
A Dúvida soprou sobre o Universo.
Fez-se noite de súbito, imerso
O mundo em densa e algida neblina.

Nem astro já reluz, nem ave trina,
Nem flor sorri no seu aéreo berço.
Um veneno subtil, vago, disperso,
Empeçonhou a criação divina.

E, no meio da noite monstruosa,
Do silêncio glacial, que paira e estende
O seu sudário, d’onde a morte pende,
Só uma flor humilde, misteriosa,
Como um vago protesto da existência,
Desabroxa no fundo da Consciência.”

banco portugués

Banco portugués (de los de sentarse). || thetorzoreandotcom

Tras la enfermedad y la muerte del padre, la obra de Quental se volvió melancólica. La influencia fue Schopenhauer. Su tuberculosis desembocó en un deseo de aniquilación personal. Su poesía adquiere un tono pesimista y sombrío. Prueba de ello este cuarteto de su obra póstuma Rayos de extinta luz:

“Homem! Homem! mendigo do Infinito!

Abres a bocca e estendes os teus braços

A vêr se os astros cáem dos espaços

A encher o vacuo immenso do finito!”

En España tuvo un escueto apoyo por parte de ciertos colectivos republicanos. La Revista Ocidental, con influencia en Cantabria y País Vasco, publicó parte de estos versos. No obstante, su obra magna Sonetos, con multitud de reediciones, gozó de dispar prensa y publicaciones en España y el resto de Europa. Así, poemas como A un poeta o Tormento del ideal fueron claves en la corriente del siglo XIX.

Muere en 1891 uno de los poetas más prometedores de Portugal. No queda ahí. Su marcado carácter iberista de juventud le hizo apoyar la unión con España. La influencia en la literatura vecina estuvo presente. Antero de Quental es una buena razón para deleitarse con el legado vecino de Portugal. Una poesía desnuda ante la emoción, sin importar la influencia ideológica. Sólo ello explica el ímpetu revolucionario de esa primera etapa, y a su vez, el pesimismo de su segundo fatídico estadio. Quental es una gran excusa para ampliar el amor portugués. Un simple favor de escalera al vecino.

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