Anexo literatos suicidas

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Aquí algunas de las muertes de literatos más peculiares, algunas al más puro estilo romántico.

  • Séneca: (4 a.C- 65 d.C) Debido a la conjura de Pisón Nerón se le condenó a muerte, por lo que optó por cortarse las venas y beber cicuta, aunque finalmente fueron los vapores de un baño de calor lo que le ayudaron a morir gracias al asma que padecía.
  • Karoline Günderode: (1780-1806) Se atravesó con una daga el corazón por desamor.
  • Mariano José de Larra: (1809-1837) El escritor y periodista español, fiel a su romanticismo ilustrado, se suicidó pegándose un tiro en la cabeza delante de su espejo a los 27 años de edad. Su estado anímico era el de absoluta soledad tal y como nos lo hace llegar a través de La Nochebuena de 1836.
  • Periclis Yannopulos: (1870-1910) El poeta griego a lomos de un caballo prestado se dirigió al mar, y cuando el caballo ya no pudo galopar más sacó su revólver y se pegó un tiro.
  • Vachel Lindsay: (1879-1931) Poeta perteneciente a la generación Beat. Se suicidó al beber una botella de desinfectante entera. Llevaba varios años sufriendo de depresión y esta fue la carta que dejó: “Me intentaron atrapar, ¡pero yo les atrapé primero!”
  • Emilio Salgari: (1862-1911) Este novelista italiano se abrió el vientre con un cuchillo siguiendo un rito japonés llamado harakiri.
  • Virginia Woolf: (1882-1941) La escritora feminista por antonomasia sufría de bipolaridad. Decidió llenar los bolsillos de su abrigo con piedras para meterse al río y morir ahogada.
  • Sylvia Plath: (1932-1963) La poeta, como cualquier día, se levantó una mañana y preparó a sus dos hijos el desayuno. Tras llevarles el desayuno a la cama vuelve a la cocina, cierra las puertas y tapa todas las rendijas de las puertas para así abrir el gas y meter la cabeza en el horno. Dejó una nota que decía: “Llamad al doctor Horder”.
  • John Kennedy Toole: (1937-1969) El autor de La conjura de los necios tomó lo decisión de quitarse la vida porque ninguna editorial quería publicar lo que él mismo consideraba su obra maestra. Murió por intoxicación de monóxido de carbono cuando él mismo ató un extremo de la manguera en el tubo de escape, introdujo el otro por la ventana del conductor y giró la llave de contacto.
  • Eugene Izzi: (1953-1996) Este autor de novelas policiacas sigue dando que hablar. Le encontraron ahorcado en su piso siguiendo el patrón de un crimen perfecto basándose en sus novelas.
  • Yukio Mishima: (1925-1970) Junto con tres amigos este poeta entró en la oficina del comandante de campamento Ichigaya, en el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japó y le ataron a una silla. Salió al balcón del despacho y anunció que estaba dando un golpe de estado y empezó a leer sus intenciones. Al sentirse ignorado por los oyentes se practicó el suicidio ritual del seppuku, el cual consiste en rajarse el vientre. La muerte es dolorosa a la par que lenta. Los jugos gástricos van corroyendo los órganos. Cuando ya había sufrido lo bastante un compinche intentó cortarle la cabeza, pero falló tres veces. A la cuarta consiguió que rodase. Su última frase fue: “Larga vida al emperador”.

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