Mantras animados de ayer y hoy presenta: novelas y sus adaptaciones

Constituye uno de los tópicos más manidos a lo ancho y largo del espectro social. Defensores de adaptaciones cinematográficas contra acérrimos detractores. El argumentario sigue un patrón ciertamente definido en el mayor de los casos: “no se parece en nada al libro”, “el personaje no está para nada logrado”, “han tergiversado la trama para hacerla más comercial” y demás cargos contra la causa. Sin embargo, sí puede llegarse a una conclusión interesante. Y es que hay películas que no dejan indiferente a nadie. Del mismo modo que lo hicieron grandes novelas.

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Interiores de cine, de Ernest Descals. || artelista.s3.amazonaws.com

De la Tierra a la gran pantalla

Las adaptaciones de novelas siempre han estado presentes en la historia del cine. No en vano, Le voyage dans la Lune, película datada en 1902, está inspirada en dos grandes novelas. Estas son De la tierra a la Luna de Julio Verne y Los primeros hombres en la Luna de Herbert George Wells. Esta obra maestra del cine de Georges Méliès es considerada el germen de la ciencia-ficción en el séptimo arte. Un año más tarde, se estrenó la primera adaptación de Alicia en el país de las maravillas. Dirigida por Cecil Hepworth y Percy Stow, constituye un loable trabajo de efectos especiales para la época.

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Una vez se parte de unas referencias históricas de tal calibre, bien puede esperarse una paulatina ascensión en lo que a calidad respecta. Nada más lejos de la realidad. Mientras que algunas películas basadas en libros son dignas de mención y reconocimiento, otras han sido condenadas a coger polvo en el fondo de algún estante. Hay ejemplos para todos los gustos. Puede hablarse de El Código Da Vinci como una mediocre adecuación para la gran pantalla de los ejemplares de Dan Brown. Asimismo, se puede mencionar a El Gatopardo como un intento más que sobresaliente de emular la trama escrita por Tomasi di Lampedusa.

No estaría de más mencionar algún que otro ejemplo más de esta dicotomía. En el lado de las adaptaciones fieles merece la pena nombrar La colmena, llevada a la gran pantalla por Mario Camus. Fue estrenada en 1982 y cuenta con un elenco de actores bastante destacado en la historia del cine español. Entre ellos destacan Victoria Abril, Paco Rabal o José Sacristán.

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Pero debe nombrarse a Camus no solo por este largometraje, sino por su increíble maestría a la hora de llevar a la pantalla obras literarias. Su homenaje al libro de Cela traspasa fronteras al ahondar en el contexto político de la época, hecho no presente en la novela por motivo de la censura. Si bien es cierto que no profundiza en ciertas tramas secundarias de la obra, esto no la exime de ser un claro ejemplo de “La película es tan buena como el libro”.

Otra buena muestra de buen hacer reside en la película Alguien voló sobre el nido del cuco, ganadora de cinco estatuillas. Presenta, de forma encomiable, un episodio de la historia estadounidense al tratar las consecuencias de los experimentos del plan MK Ultra. En este registro del director Miloš Forman destaca la colosal interpretación de Jack Nicholson. A través del Jefe Bromden, interpretado por Will Sampson, el espectador se introduce en una truculenta trama acaecida en un hospital psiquiátrico de Oregón. Como posible falta de fidelidad a la novela puede destacarse el destino de la enfermera Ratched al final de la trama.

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Jack Nicholson en Alguien voló sobre el nido del cuco. || es.web.img1.acsta.net

Adaptaciones, lo importante es participar

En el otro lado de la balanza, son varios los ejemplos de malas o mediocres adaptaciones. No por ello debieran de considerarse malos largometrajes. Es el caso de títulos como Hook o El imperio del sol. En lo referente a la “libre” adaptación de Peter Pan a manos de Spielberg, la similitud con el escrito se pierde por momentos. Por otro lado, la película de 1987 que sirvió como bautismo de fuego para Christian Bale tomó como referencia la vida de J. G. Ballard, como la novela. No obstante, Spielberg no escatimó en usar recursos propios para alterar ese punto de partida a su antojo.

Claro está, estos son ejemplos de películas medianamente exitosas y de renombre. Si un espectador cualquiera desea adentrarse en adaptaciones cruentas puede empezar por El Grinch de Jim Carrey, seguir con La mandolina del Capitán Corelli de Nicholas Cage y acabar con la adaptación de La casa de los espíritus de Isabel Allende. No hay Meryl Streep, Glenn Close y Jeremy Irons suficientes para enmendar tanto despropósito, podría decirse.

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Gregory Peck como Atticus Finch, en Matar a un ruiseñor. || i.guim.co.uk

Empero, tratar un arte tan subjetivo como es el cine con una cátedra así bien puede resultar contraproducente. Lejos de emular un ejercicio de pedantería y pretenciosidad, el mensaje correcto sería fomentar el disfrute de grandes novelas en compañía de sus adaptaciones cinematográficas. Cualquier cinéfilo puede percatarse de que títulos como Matar a un ruiseñor, Cadena perpetua, Doctor Zhivago o El sueño eterno comparten una salida: el influjo encantado que puede generar una obra literaria en cualquier artista, por humano que sea.

Juan Ramón Rodríguez

Músico a tiempo parcial. Escritor en los días de fiesta. Sé leer y escribir, mal que pese.