Tim Marshall

Topicazos literarios: la guía definitiva

Durante siglos, la poesía occidental se dedicó a una serie de temáticas comunes, de origen clásico, que todo autor utilizaba constantemente. Que los temas fueran siempre los mismos, y compartidos por los otros poetas, no restaba mérito a su arte. Al contrario, era la ejecución de estos asuntos lo que identificaba la valía de la obra, no su contenido. Con el Romanticismo llegó la revolución.

Los románticos introdujeron una nueva manera de entender el proceso creativo, valorando la originalidad, y así se rompió el acuerdo sobre los temas a tratar. Sin embargo, tanta repetición ha dejado su sedimento y los tópicos literarios no se han convertido en una olvidada figura retórica. Al contrario, siguen bien vivos en múltiples manifestaciones artísticas de nuestra época. Sirva esta guía para su identificación:

Vive la vida

¿Quién no recuerda a Robin Williams demostrando que la literatura puede ser un arma antisistema? en la película Dead poets society, el profesor Mr. Keating describe  a sus alumnos dos de los tópicos más conocidos: el collige, virgo, rosas y el  carpe diem:

Pese a que el profesor utiliza el soneto en inglés de Robert Herrick, el nombre del tópico proviene de una composición del poeta latino Ausonio (320-395):

 

«(..)collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes,

et memor esto aevum sic properare tuum»

 

(Recoge, doncella, las rosas mientras la flor está lozana y la juventud fresca, y acuérdate de que así se apresura también tu edad).

 

Y ya que son dos días, mejor aprovecharlos. El carpe diem, aprovecha el día, vive el momento, es el tópico literario más popular. Su origen se encuentra en estos versos de Horacio (65 a.C – 8 a.C):

«(..)

Dum loquimur, fugerit invida

aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.»

 

(Mientras hablamos, la edad huye celosa.

Goza el día, sin confiar lo más mínimo en el último).

 

Porque la vida es corta

El tiempo pasa, el tiempo huye. El paso del tiempo es irreversible. Y después de la euforia viene el bajón. Tras el festival vienen los lodos. El primer tempus fugit lo escribió Virgilio en Las Geórgicas (70 a.C- 19 a.C):

 

«Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus,singula dum capti circumvectamur amore,»

 

(Pero mientras tanto huye, huye el tiempo irremediablemente, mientras nos demoramos atrapados por el amor hacia los detalles.)

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Tempus fugit.

¡Recuerda que morirás! le gritaban en Roma a los generales triunfadores, no fuera que se les subiera la fama a la cabeza. Así, memento mori es el nombre del tópico para aquellas composiciones que nos recuerdan nuestra finitud. Se llevó mucho en el Barroco, época de desengaños. Véanse, por ejemplo, los versos de Quevedo (1580-1645)

«(..)

Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto;

soy un fue, y un será y un es cansado.

(..)»

 

Literatura fotografía Tim Marshall
Fotografía de Tim Marshall.

Y así se llega al tópico más nihilista. Vanitas vanitatum et omnia vanitas. Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Su origen es bíblico, del libro del Eclesiastés en el Antiguo Testamento. La vanidad aquí no se refiere tanto a la presunción, sino a lo efímero de los placeres que se disfrutan en vida. También se utilizó en la pintura, y también en épocas barrocas, representado por inquietantes naturalezas muertas.

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Adriaen van Utrecht, Naturaleza muerta (1642).

Siempre quedará el amor

Sí, incluso después de la muerte. Ya Orfeo se fue a buscar a Eurídice al otro mundo, tal y como nos contó Ovidio (43 a.C – 17 d.C) en Las metamorfosis. Es el amor post mortem. De ahí a Ghost no hay tanta distancia.

Ay, pero entre vivos o difuntos, el amor es fuego (ignis amoris); el amor es locura, enfermedad (furor amoris). Esa cosa que arde dentro y hace perder la conciencia ya lo cantaron los griegos, mucho antes del «Light my fire» de The doors. Hoy no hay balada que se precie que no contenga al menos un «ardo en», «el fuego de mi corazón», «me vuelves loco» o «me enloqueces».

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Entre vivos o difuntos, el amor es fuego.

Otra idea habitual es que el amor es una conquista, ardua, difícil, en plan campaña bélica. La culpa la tiene Ovidio, que con su Ars Amatoria (Arte de Amar) creó el tópico de la militia amoris ( la milicia del amor)

 

«Militiae species amor est; discedite, segnes:

Non sunt haec timidis signa tuenda viris.

Nox et hiems longaeque viae saevique dolores

Mollibus his castris et labor omnis inest.»

 

(El amor es una especie de milicia. ¡Apartaos los que seáis flojos! Estas enseñas no deben ser defendidas por gentes pusilánimes. Noches, borrascas, largos caminos, crueles dolores y toda clase de trabajos entran en este campamento del placer.)

Un refugio en el paraíso

Si con el amor no ha habido suerte, lo mejor es tomarse un respiro en un «lugar ameno». El locus amoenus es ese pequeño paraíso particular donde se recupera el equilibrio, lejos de los excesos de la gran urbe.  Hoy en día, seguramente el prado, el riachuelo y las florecillas serían sustituidos por un retiro budista en Bali, pero la idea es la misma. Un entorno en el que encontrarse con lo esencial y recuperar el sosiego, como en estos versos de las églogas de Gonzalo de Berceo (1198-11264):

 

«Convida a un dulce sueño

aquel manso ruido

del agua que la clara fuente envía,

y las aves sin dueño,

con canto no aprendido,

hinchen el aire de dulce armonía

(..)»

 

Oh, y qué feliz aquel alejado de los apretones del metro, la polución y las bocinasHoracio idealizó la vida campestre antes de que aparecieran las ecoaldeas. Y el inicio de su primer verso dio nombre al tópico beatus ille (feliz aquél):

 

«Beatus ille qui procul negotiis, ut prisca gens mortalium paterna rura bobus exercet suis, solutus omni fenore, neque excitatur classico meles truci neque horret iratum mare, forumque vitat et superba civium potentiorum limina.»

 

(Dichoso aquel que lejos de los negocios, como la antigua raza de los hombres, dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con los bueyes, libre de toda deuda, y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar, que evita el foro y los soberbios palacios de los ciudadanos poderosos)

 

Fotografía literatura arte
Fotografía de Ben White.

Nihil novum sub sole

En fin, aunque no son todos los que son, sí son todos los que están. Los tópicos, revisados, adaptados a la realidad actual, incluso ridiculizados, se mantienen, como viejas glorias.

Inma Martín Alegre

Lectora impenitente, escribo poesía y relatos cuando venzo la pereza. Hace años me licencié en Psicología. Llevo a ritmo tranquilo el grado de Estudios Literarios. Mediterránea, lletraferida y residente en Madrid. <a href="http://nosiemprerima.com">www.nosiemprerima.com</a>