S I M P S O N W A V E, una crítica a la perversión

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La noche del 9 de noviembre de 1989, a menos de dos meses para finalizar la década de los ochenta, caía el mayor símbolo de la Guerra Fría. La destrucción del Muro de Berlín fue el comienzo de una nueva era que ponía fin a aquel mundo dividido en bloques y a la década hortera por antonomasia (excluyendo quizás los 2000). Y una familia de tez amarillenta iba a marcar el principio de esa era.

Al otro lado del Atlántico, antes de que acabase el año, la cadena norteamericana FOX estrenaba oficialmente The Simpsons. Destinada a convertirse en la serie de animación más exitosa de la historia, dominó durante once temporadas el panorama de la animación para adultos, dejando episodios memorables como Marge contra el monorraíl, La última tentación de Homer o Mr. Quitanieves, entre otros. A partir de la duodécima temporada, aunque su éxito comercial continuó, la calidad de la serie comenzó a menguar de manera directamente proporcional al número de temporadas que iba sumando. Con el paso del tiempo, la entrañable familia de Springfield se convertía en una parodia de sí misma a medida que los guiones se plagaban de situaciones estrambóticas más propias de, por ejemplo, Padre de Familia. En la versión doblada al castellano, la pérdida de actores de doblaje clásicos, entre ellos el del mismo Homer, Carlos Revilla, agravaba más aún si cabe la decadencia.

los-simpsons

Tanto es así que los más aficionados distinguen entre los Simpson “antiguos” y los “nuevos”; estos últimos, que ya superan en temporadas a los clásicos, no vale la pena ni verlos. De verdad. ¿Qué cabría esperar de una serie que ya va por su vigesimoctava temporada? Pues eso. Y aún con todo esto, está claro que la supervivencia de la archiconocida familia Simpson es uno de los últimos salvoconductos que le restan a los nostálgicos para hablar de aquellos días extraños en los que ni nosotros ni los springfieldianos teníamos teléfonos y ordenadores de última tecnología.

Veinte años después de aquel primer episodio en el que los trabajadores de la central nuclear no recibían la paga extra de Navidad, hacia 2010 y sin que nadie sospechase relación alguna entre ellos, empezaba a proliferar por Internet un nuevo estilo musical que se denominó vaporwave. Mezclaba géneros como el witch house o el chillwave y los pasaba por el filtro de la música de los setenta y ochenta. La idea, sobre todo por la estética que acompañaba al género (conocida como «AESTHETICS» y repleta de esculturas greco-latinas, softwares, obras de arte, embaldosados a cuadros, seapunk y filtros de imagen), fue entendida como una crítica a la cultura yuppie de la década hortera. La contradicción se encuentra en la evidente nostalgia que este género demuestra por los sonidos que la definieron. Sintetizador, secuenciador, sampler, autotune, son palabras estrechamente ligadas a los años ochenta, pero también a esta corriente musical. Adam Harper, en un artículo para Dummy Magazine, llegó a calificar el género como una suerte de nuevo punk por su crítica a la sociedad capitalista y consumista.

Por su parte, los Simpson fueron concebidos como una crítica a la sociedad americana de la época. Matt Groening se basó en su propia familia para crearlos;  aunque Bart —alter ego del propio Groening— fue pensado para ser el protagonista, el carisma de Homer terminó por colocarlo de forma natural como personaje principal. Teniendo en cuenta la fecha de su estreno, podríamos decir que la crítica se basa en la sociedad que Groening observó en la década de los ochenta —aunque esta no esté, como en el caso del vaporwave, dirigida a la cultura yuppie. Ahora, sin embargo, recurrimos a aquella aguda crítica para evadirnos del presente y volver a un pasado que con la perspectiva del tiempo se nos antoja mejor. Otra de las razones obvias que convierten los Simpson “nuevos” en un cadáver andante son esas imágenes informatizadas, despojadas de todo arte, hechas sin cariño. De modo que, igual que les sucede a los artistas del vaporwave, nos descubrimos admirando nostálgicos las técnicas del pasado cuando disfrutamos de una buena ración de Simpsons “antiguos”.

Esa relación que podemos establecer entre el vaporwave y los Simpson clásicos quizás no habría sido posible sin la figura de Lucien Hughes. Hughes es un joven británico que, a mediados del año pasado y tras encontrar un vine del usuario Spicster que unía ambos conceptos, se enamoró de la idea y la llevó a otro nivel. Creo una nueva corriente, que se bautizó como “SIMPSONWAVE”: música vaporwave de artistas como Home, Blank Banshee o Macintosh Plus acompañada de imágenes de los Simpson montadas a modo de videoclip y editadas con filtros de imagen y de color.

Podríamos decir que, a través de la música vaporwave, Lucien lleva a cabo su propia crítica. Los clips utilizados provienen siempre de lo que hemos llamado Simpsons “antiguos”; jamás encontraremos clips extraídos de temporadas recientes. Con ellos, el británico construye un relato en cada vídeo, se afana por dotarlos de un aura que sin duda ha de despertar nostalgia en cualquiera que sea seguidor de la serie desde hace años. Son emociones que solo pueden evocarnos los grandes episodios de los Simpson.

Así, algunos de sus vídeos más exitosos, como CRISIS o SUNDAY SCHOOL, condensan historias tan famosas como el cuasi-affaire de Homer con Mindy Simmons o la tormentosa infancia de Bart y su enamoramiento de la hija del reverendo Lovejoy de una forma tan bella que nos llevan a empatizar con los personajes como nunca antes lo habíamos hecho: si te descuidas, se te cae la lagrimilla. El primero de ellos usa de forma magistral el tema Decay de Home, cuya música también es utilizada por otros usuarios en vídeos como BART  ON  THE  ROAD, que va acompañado de la canción Resonance. El segundo vídeo se construye en torno al tema Teen Pregnancy, perteneciente a otro artista importante del vaporwave: Blank Banshee. Las escasas líneas de voz son bastante esclarecedoras: “I’m just a kid / I’m just a kid / I’m just a little mistake.

Aunque Lucien Hughes es el principal instigador del movimiento, no cuenta con demasiados vídeos en su canal. De hecho, si quitamos algunos que no son más que extractos de otros más largos, su lista de reproducción de simpsonwave se queda en unos escasos nueve vídeos; de los cuales tres no llegan a los dos minutos de duración. Sin embargo, además de los ya citados CRISIS y SUNDAY SCHOOL, encontramos entre esos nueve vídeos alguna joya como THRILLHOUSE, donde se resume a la perfección el drama del desmoronamiento de la familia Van Houtten, que muchas veces, entre risas, no hemos sabido entender como tal. Hughes, en este caso, toma prestada la música de un episodio de la serie de dibujos animados Regular Show. En COOL KIDS 1996, por otro lado, colabora con el artista King Coffee, que musicaliza el vídeo con su tema Melt, de corte muy relajado.

De alguna manera, sus vídeos son homenajes a esa etapa  primitiva e indudablemente más valiosa de los Simpson, y a la vez una crítica sutil a la perversión de la leyenda que se ha llevado a cabo por motivos económicos. Ahora, algunos de sus vídeos cuentan con varios millones de reproducciones, y toda una legión de usuarios se ha sumado al movimiento. Si alguno se salta las normas, como el usuario Sir Pressing Fire en su vídeo When will I see you again?, los demás se encargan de recordárselas. A veces de forma quizás demasiado estricta:

“S I M P S O N W A V E / I S / A B O U T / U S I N G / S E A S O N S / F R O M /1 / T O / 6 “.

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