Se murieron de envidia

El concierto Vive Dial estaba siendo tan solo un concierto más, incluso uno de esos conciertos aburridos, marcados por la espera, la desorganización y una pésima coordinación e incluso realización de los técnicos de sonido, hasta que él llegó.

El festival solidario que organizaba la emisora Cadena Dial en colaboración con la Fundación Aladina, orientada a la atención de los niños hospitalizados y sus familias, a quien se ha destinado todo el dinero recaudado en el evento, acogía en su espectáculo a más de 20 artistas nacionales e internacionales. Sin embargo, ninguno fue capaz de agitar al estadio apenas unos minutos seguidos, excepto él. De repente, el Palacio de los Deportes, actual Wizink Centre, cobró vida, y toda la noche de caos y desorden mereció la pena. No sé qué hace Dani Martín, pero sea lo que sea, lo hace muy bien.

Vive Dial
Dani Martín en el concierto Vive Dial 2017 || Fuente: Laura Odene

Apenas comenzaba el espectáculo cuando ya se avecinaba un concierto rápido y caótico, sin muchas presentaciones y desordenado. Artistas que dejaban el escenario sin despedirse si quiera de su público, otros que se marchaban cabizbajos por la poca acogida de su single del momento. Unos saludaban y presentaban a los compañeros que les precedían, otros no. En conciertos como este, multitudinarios, de numerosos artistas en un mismo cartel, cada uno de su padre y de su madre, suele pasar que el resultado no es para nada lo esperado. Especialmente para los espectadores, pero también para los artistas. Tal vez desde ahí arriba, desde la cresta de la ola, se vea todo distinto. Tal vez salir de un concierto en el que no se ha sentido el calor del público sea solo un daño colateral, y se regrese a casa con la misma sonrisa. Tal vez. Pero parece difícil no admitir un poco la derrota cuando no se ha sido el cabeza de cartel, cuando se les obliga a cantar deprisa y corriendo, con la música en playback o se les olvida subir el micrófono cuando tocaba comenzar a cantar.

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Maldita Nerea en el concierto Vive Dial 2017 || Fuente: Laura Odene

Para empezar, Dani Martín fue el único invitado que montó su propio escenario y se llevó a sus propios músicos para tocar y cantar en directo. Sin ninguna duda la mayoría de los invitados habría deseado lo mismo. Especialmente cuando en el caso de algunos la realización del sonido dejaba tanto que desear que su única canción de la noche la iniciaban sin poder cantar al comienzo, por ejemplo, como le pasó a un siempre optimista David Otero.

Exclusivamente las voces de todos los invitados eran en directo y, en muchos de los casos, se notaba, y mucho. La realización de luces tampoco era para tirar cohetes, por no hablar de las imágenes ralentizadas en pantalla. Pero sin duda el mayor resbalón de la noche fue con el otro cabeza de cartel, en este caso el internacional Prince Royce. Además de cantar en “pseudo playback”, se saltó las reglas, bajó del escenario a bailar y regalar rosas a muchas de las asistentes (sí, las asistentes) que estaban en pista y revolucionó el ambiente de un momento a otro. Él sí consiguió conmocionar al estadio antes de Dani Martín. Conmocionó incluso a los técnicos de sonido, que no supieron acertar a ponerle la base de la canción adecuada en el momento en que tocaba. Por ejemplo, le pusieron dos veces seguidas la misma canción. Y, con todo, no habría sido tan humillante ni tan vergonzoso si el propio artista no lo hubiera ridiculizado diciéndolo en voz alta.

Fue entonces cuando llegó. Un insuficiente Manel Fuentes, conductor vago y pasivo del evento, se despidió de su público y presentó al esperado Dani Martín. Las luces se apagaron de nuevo, como si otro show fuera a comenzar. Y así fue. El público entero se levantó de sus asientos y comenzaron a gritar de emoción y corear con palmas la canción con la que se presentaba el ex vocalista de El Canto del Loco, “Las ganas”. El público aún parecía un poco desanimado, incluso a Dani Martín le costó alguna canción y muchas llamadas de atención caldear el ambiente y meterse a todo el público en el bolsillo.

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Público del Palacio de los Deportes en el concierto Vive Dial 2017 || Fuente: Laura Odene

Pero es que eso es exactamente lo que sucede con estos eventos. Se organiza un concierto benéfico, pero no es ningún secreto que el ambiente del evento no tiene nada que ver con la labor humanitaria que se realiza. Apenas se les dio protagonismo en toda la noche a esos niños enfermos de cáncer. Había totales ausencias de conexión entre los artistas y la causa y, muy probablemente, un poco de culpa tenía ese presentador estrella que apenas presentó ni brilló en toda la noche. Y lo peor es que, con certeza, nadie esperaba menos de él, ni se le exigía más.

Porque es precioso que se dediquen eventos y festivales a la gente que lo necesita, pero el público que paga por ello va allí a hablar de su libro, es decir, a ver al artista que le interesa. Y se nota. Se nota porque los aplausos eran más bien escasos, porque los gritos eran casi de auxilio al terminar cada canción y porque el estadio no vibró hasta el final. Hasta que el señor Daniel Martín incendió con su pelo azul el escenario. Y así pasó: se murieron de envidia.

VÍDEO 1

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