Conocí a Rosario Castellanos en mi taller de periodismo. Se me pidió consultar a mujeres literatas que hicieran periodismo, y para mi sorpresa, encontré una gran cantidad de nombres desconocidos. Dicha ignorancia me privó de personajes inspiradores, lo cual era una gran limitante para la misión encomendada por mi profesora. Una vez investigado, fue inevitable ignorar la presencia de Rosario en el periodismo, la literatura y sus ideales bastante polémicos.

Fue impresionante descubrir a una mujer con tan abundante valentía y poder de palabra para el México en el que vivió. Se trataba de un país con arraigadas creencias machistas e injustas. Su prosa es irónica, sarcástica y llena de aspectos que colocan al lector en una posición de reflexión y contradicción. Rosario Castellanos no se quejaba, demandaba e invitaba al cambio de ideas y de estereotipos para la sociedad de su entonces. Fue una mujer revolucionaria y futurista, con una aportación activa a lo que hoy podríamos denominar como un idealismo feminista.

Es necesario conocer los orígenes de Rosario para logar una mayor precepción de su ideología y obras. Nacida en la ciudad de México un 25 de Mayo, se trasladó con su familia a Chiapas. Huérfana a una temprana edad, regresó a la ciudad de México para estudiar la licenciatura y maestría en filosofía por parte de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).

Rosario Castellanos

Rosario Castellanos

Siendo una mujer multitareas, Rosario ejerció en una enorme variedad de cargos tanto culturales como políticos, artísticos y sociales. Por ejemplo, fue directora del teatro Guiñol en San Cristóbal (Chiapas), escritora del diario Excélsior durante 11 años, profesora de la facultad de filosofía y letras de la UNAM y directora general de información y prensa de la UNAM. Entre todas estas ocupaciones, ella al mismo tiempo siguió escribiendo y publicando obras teatrales, poemas y libros. Sus obras siempre se basan en su perspectiva del mundo y experiencias, un “lugar de lucha en el que uno está comprometido” como decía ella.

Rosario Castellanos intercedía por la mujer en cuestiones como los roles de género y las limitaciones que se ejecutaban en ese momento. Hablamos del México de los años 50, en plena efervescencia. Es aquí donde entra la “generación de medio siglo”, una serie poetas, ensayistas y escritores de la cual Rosario formaba parte. Cabe mencionar que esta ola de artistas era compuesta mayormente por varones. Este grupo se encargó de reformar la educación del país, su visión del arte y como se consumía este.

Una defensa continua

Su formación como defensora de la mujer se inició desde que era una estudiante. Rosario fue una ávida lectora. Por ejemplo, consumió sin parar todas las obras de Simone de Beauvoir, novelista francesa que la marcaría. Rosario se vio inspirada por la ideología y trabajos de Beauvior para desarrollar su feminismo. Incluso llegó a conocerla, pues tras una estancia en una escuela gala, ambas se encontraron y entablaron una conversación. Dos guerreras reunidas en un solo lugar.

Castellanos escribió una compilación de ensayos titulado Mujer Que Sabe Latín, en el cual toma como ejemplo de lucha e ideales a mujeres que tienen la escritura como habilidad en común. Aparecen nombres como Virginia Woolf, Sor Juana, Susan Sontag y, por supuesto, Beauvoir. El primer capítulo muestra a las claras las ideas feministas de la mexicana.

Rosario Castellanos

Rosario Castellanos

Busca y propone lugares desde los que se fomenta la opresión como la idea de belleza que una mujer debe poseer. También propone un origen religioso del problema, donde la mujer se muestra como un símbolo de perdición y lujuria. Del mismo modo, denuncia la dependencia de los hombres que se suele asociar a las mujeres. Castellanos exorcizó a la sociedad de esas ideas limitantes para la mujer.

Un refrán dado a partir del título del artículo es: “mujer que sabe latín…ni encuentra marido, ni tiene buen fin”. Saber latín implicaba un nivel intelectual más elevado del que la sociedad dictaba en ese entonces, y que en ciertos casos sigue profesando.

Cuando un individuo, en este caso femenino, llega a conocer su capacidad, se entera de logros que antes creía imposibles sin un apoyo masculino. Ya no toca limitarse a estar en una casa atrapadas por la cotidianeidad de las labores que esta demanda. Castellanos hablaba de una depresión que se presenta como resultado de no tener un “algo”, referido a un hecho trascendente, muy aparte del matrimonio y la maternidad. La siguiente cita es elocuente:

“La uñas largas impiden el uso de las manos en el trabajo. Las complicaciones del peinado y el maquillaje absorben una enorme cantidad de tiempo”

¿Logro Rosario cambiar algo en nosotras?

La respuesta se presenta en la sociedad actual y futura. Se encuentra en cada lectora que busca saciar las preguntas, en cada mujer que vota, que decide por ella misma, que no sigue un estereotipo de belleza y no se somete al dolor para conseguirlo. La mujer que puede ser libre.

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