Verdades, mentiras y decepciones del puente sobre el río Kwai

Suena la canción más silbada de la historia y todo el mundo sabe al momento de qué se trata. “El puente sobre el río Kwai”. Nadie piensa en el lugar cercano a Kanchanaburi, en el corazón de Tailandia. Tampoco en la homónima novela (1952), en cierto modo autobiográfica, del ex prisionero de guerra francés Pierre Boulle. Sólo le viene a la cabeza la mítica película de David Lean (1957).

Lo que hoy se conoce como el puente sobre el río Kwai. || Fuente: B.T

Pero la verdad es que esta construcción, el título de la película, representa una de esas historias de la II Guerra Mundial que hoy día hace cuestionar la humanidad de sus protagonistas: La construcción del Ferrocarril de la Muerte.  Una línea férrea entre Bangkok (Tailandia) y Rangún (Birmania) que los japoneses utilizarían como apoyo logístico para su ejército en la región.

Una infraestructura en cuyas obras, que finalizaron en un tiempo récord (de junio de 1942 a octubre de 1943), se usó mano de obra forzada: 180.000 asiáticos y 60.000 prisioneros de guerra aliados –británicos, australianos, holandeses, americanos, canadienses y neozelandeses–. 90.000 de los primeros y unos 16.000 de los segundos murieron durante el proceso, a causa de las palizas y torturas de los guardias, el hambre, el agotamiento y enfermedades como el cólera o la disentería. Sin duda alguna, uno de los peores crímenes de guerra del entonces Imperio Japonés.

Mentiras del puente sobre el río Kwai

La principal mentira del puente sobre el río Kwai (Khwae Noi en tailandés, traducido como “pequeño tributario”) es el propio puente. Nunca existió. Los puentes estaban en el inicio Mae Klong, del que éste era afluente. Pero los turistas no lo sabían y comenzaron a llegar a Tailandia en su busca.

El cementerio de guerra de Kanchanaburi, donde descansan más de 6.000 víctimas de la construcción del Ferrocarril de la Muerte. || Fuente: B.T

Por ello, en 1960 el Gobierno tailandés decidió cambiar su historia en pro de las divisas extranjeras. Modificaron el nombre de parte del Mae Klong por el de Khwae Yai (“gran tributario”), para poder decir que había un puente de la II Guerra Mundial sobre el río Kwai.

Ya tenían el río, ahora les faltaba el puente. El de madera construido por los sufridos prisioneros había sido destruido por la aviación aliada en 1945. Pero tampoco supuso un problema. Tenían otro, llevado por los japoneses desde Java hasta las cercanías de Kanchanaburi. Poco importaba que fuera de acero. Ya no era el puente 227, era el puente sobre el río Kwai. Y los turistas se lo tragaron.

La decepción del visitante

Esas mentiras pueden convertirse en decepción si el turista busca acercarse ligeramente a los hechos que tuvieron lugar allí durante la II Guerra Mundial. Si intenta comprender las humillaciones, el abuso o la deshumanización que sufrieron los prisioneros durante la construcción del ferrocarril.

Interior del Museo de Guerra JEATH. || Fuente: B.T

Sí es cierto que un esbozo de solemnidad se deja sentir en el cementerio de guerra de Kanchanaburi, donde descansan 6.982 soldados aliados que fallecieron bajo el yugo nipón. Sólo aliados, nada de los asiáticos, aunque fueran 5 veces más.

Una solemnidad que comienza a diluirse al visitar el Museo de Guerra JEATH, que no es más que una sucesión de fotografías de la época en una réplica de los barracones en los que vivían los prisioneros. Sin embargo, gana enteros cuando se conoce la historia de Takashi Nagase y  Eric Lomax, contada en el libro y después película The Railway Man (2013).

Pero el golpe llega cuando se está en el propio puente. Tras un rally por el renombrado río, el visitante se encuentra una especie de parque de atracciones centrado más en la película que en la historia. Un “jiji, jaja” continuo de smooties de mango y souvenires, de pantalones estilo tai regateados en mercadillo y ‘selfies’ repetidos hasta que todo el mundo salga bien. Incluso la propia policía turística se convierte en una atracción más, con su traje ajustado y sus tacones.

Una parada más

Y del recuerdo, la compasión, el respeto y la reflexión… nada. La banda sonora del lugar son los silbidos de la canción, no los varazos ni los quejidos. Ya no importa lo que pasó allí, lo que representa el puente. Sólo es una parada más en la ruta del tour turístico de Bangkok hacia Chiang Mai.

Decenas de personas esperan para ver la llegada del tren, rodeados de puestos de venta. || Fuente: B.T.