La comedia ha estado siempre infravalorada en el cine. Sobre todo en lo concerniente a los premios. Rara es la vez que un actor gana el Oscar con una actuación puramente cómica —Jack Nicholson aparte— cuando cualquiera de ellos afirma que hacer reír es mucho más difícil que hacer llorar. Incluso los Globos de Oro crearon una categoría de comedia o musical para dar un poco de cancha a este tipo de películas.
De hecho, grandes directores dedicados a la comedia han tenido que pasarse al lado oscuro para ver reconocido su talento. Por ejemplo, Blake Edwards, autor de La Pantera Rosa (1963), pero también de Días de vino y rosas (1962), el más descarnado drama sobre el alcoholismo que se ha hecho, que le empezó a granjear fama entre la cinefilia de la época. También le dio reconocimiento Desayuno con Diamantes (1961), pero eso era alta comedia y es harina de otro costal.
Porque la comedia sofisticada, ya sea Annie Hall (1977), Tootsie (1982) de Sydney Pollack, o todo lo que hizo Billy Wilder, siempre gozaron del reconocimiento de crítica y académicos. Con toda la razón del mundo, por otra parte.
De lo que aquí se trata es de cómo a lo largo de la historia han existido comedias injustamente vilipendiadas por el stablishment cinematográfico. Comedias puras y duras, con el único ánimo de hacer reír —que no es poco, ojo— pero muy brillantes en forma y fondo. Hay ejemplos a puñados, como Algo pasa con Mary (1998) o Zoolander (2001). Pero hay que destacar dos sobre todas las demás. Aterriza como puedas (1980) y más recientemente, Resacón en Las Vegas (2009).
Vuelo piloto a la comedia absurda
Aterriza como puedas, del trío ZAZ —Zucker, Abrahams & Zucker—, aparte de ser una desternillante comedia absurda, posee infinitas cualidades a destacar. La primera de ellas es que no es una mera colección de chistes descacharrantes. Posee su introducción, nudo y desenlace, y unos personajes llenos de traumas. Por ejemplo, el protagonista tiene miedo a volar desde que estrelló su avión de guerra, y sólo sube a éste por intentar recuperar a su exnovia, que había perdido por no saber lidiar con ese accidente. Desde luego, base para un drama había.

Porque esa es otra cualidad enorme de esta película. Que se toma en serio a sí misma. No le dice al espectador de primeras que se trata de una comedia, si no fuera por el título. Aunque en inglés era Airplane!, menos obvio que el español. No es descabellado que un espectador poco avezado pueda tardar sus buenos cinco minutos en darse cuenta de la coña monumental que está viendo.
Porque sí, es una coña de las pelis de catástrofes. Y fue la primera. Después le siguieron Top Secret (1984), Agárralo como puedas (1988), de los mismos directores, y otras mucho más olvidables. Nunca se había hecho una película que se riera de otras. Fue de algún modo una obra innovadora, pionera. Adelantada a su tiempo. Como Avatar (2009), pero con un buen guión y calidad. Incluso fue nominada al BAFTA a mejor guión. Una excepción a la norma, aunque no hace falta decir la cantidad de premios que se llevó Avatar para establecer la comparación.
Cuando una resaca se convierte en un arma de hacer reír
Respecto a Resacón en Las Vegas, dirigida por Todd Phillips —desafortunada traducción también de The Hangover, mucho menos orientado al taquillazo—, decir que es una obra modélica. Se trata de un film divertidísimo, con gags dignos de enseñar en las escuelas de cine. Y por si fuera poco, posee un ritmo y un sentido de la puesta en escena asombrosos. La elipsis que elude la borrachera para introducirnos en las consecuencias —hangover también en inglés— de la juerga es una de las mejores formas de construir un argumento en décadas.

Y se podría creer que la película no trata temas serios, que tan sólo es la historia de una despedida de soltero. Nada más lejos de la realidad. Sólo hay que pensar en el complejo de Peter Pan del personaje interpretado por Bradley Cooper. O en lo que los otros dos personajes necesitan: uno salir de su relación tóxica y el otro ser querido y aceptado por la manada. Lástima del desacertado enfoque de marketing que tuvo esta obra. O que sus dos deplorables secuelas la hayan hecho peor.
Se acerca la temporada de premios. Habrá que tener preparados los pañuelos.

