Con la irrupción de las redes sociales y las nuevas tecnologías comunicativas, la fotografía ha ganado, en el presente, un peso innegable. Su uso masificado ha alterado su esencia y su definición. Antaño, la fotografía era solo arte. Hoy en día es también una herramienta, un medio para la construcción de las identidades virtuales. Eso no quiere decir que actualmente todos los fotógrafos sean amateurs. Quedan, por supuesto, profesionales y artistas. Pero hubo un tiempo en que la fotografía era simplemente un lujo.

Precisamente, arte y fotografía es lo que se podrá apreciar en la exposición Peter Hujar: A la velocidad de la vida, que tiene lugar desde el pasado 27 de enero hasta el 30 de abril en Barcelona. La Fundación Mapfre recoge así el resultado de la segunda mitad de la carrera artística de Hujar: 160 piezas provenientes de la Morgan Library & Museum y de otras nueve colecciones. Una visita fascinante, que permite viajar en la historia, en el tiempo y el espacio, acariciando una realidad a menudo un tanto depresiva, aunque también cercana y vitalista. Una exposición que, en cualquier caso, no tiene desperdicio.

Peter Hujar - Young Boy Crying, 1979

Young Boy Crying, 1979 || Fuente: Peterhujararchive.com

Movimiento e inercia

En 1934, tiempo en que imaginar siquiera algo como Instagram podía ser considerado motivo de psiquiátrico, nació Peter Hujar. Lo hizo en soledad, abandonado por sus padres, curtido por sus abuelos y por el frío del invierno americano. Creció en los campos circundantes de Trenton, Nueva Jersey, hasta que la fortuna se lo llevó a la ínsula de Manhattan cuando tenía solo 11 años. Se acostumbró en seguida al contraste de lo bucólico y lo urbano, y de la candidez contrapuesta al dolor y la tristeza.

Al acabar el instituto, y al ver que su vocación se decantaba por la disciplina de la fotografía, se deslizó en círculos artísticos de primera división, tales como la Factory de Andy Warhol. Entre 1968 y 1972, Hujar se dedica a encargos de revistas de moda. Hasta que se cansa y opta por lanzarse de cabeza a las peligrosas pero gratificantes aguas de la creatividad, la originalidad y la inspiración. No las volverá a abandonar nunca. Prueba el néctar maldito. Intoxicado por el talento y genialidad, inicia la combustión del desenfreno, las musas y la miseria económica. Como todos los genios.

Antes de ese radical cambio, se decidió por visitar Italia por segunda vez, en 1962. Allí fotografiaría las Palermo Catacombs (1963), en compañía de su entonces amante y amigo Paul Thek. Establece así una misteriosa y mágica obsesión con la muerte, el vacío y el carácter extinguible de la existencia.

Peter Hujar - Man in Costume on Toilet, Backstage at Palm Casino Review, 1974

Man in Costume on Toilet, Backstage at Palm Casino Review, 1974 || Fuente: Peterhujararchive.com

Desde 1974, encerrado en un lúgubre estudio de la Segunda Avenida del centro neoyorquino, Peter Hujar rebelaba los negativos que se dedicaron a retratar vida y muerte, bodegones y paisajes, personalidades célebres, anónimos y animales. Escritores, músicos y artistas. Animales todos, al fin y al cabo.

El joven Hujar congela sus vivencias; capta la mirada de su presente, observa y se limita a disparar. Su atención, aunque sin manías, se centra en aquellos seres u objetos más desfavorecidos. Se siente atraído por la desnudez, la cotidianidad y la sencillez. Extrae la belleza de la nimiedad. Siente de alguna manera un magnetismo por el abandono, íntimo compañero de viaje del fotógrafo.

En 1976, Peter Hujar publica Portraits in Life and Death, un punto de inflexión en su carrera, puesto que con este trabajo, se acerca mucho más a la muerte. Al final de su vida mantuvo una relación con el artista David Wojnarowicz. Juntos, recorren suburbios y a las zonas más castigadas de Nueva York. El artista fotografía las ruinas de Queens, a modo de romanticismo industrial. Hall Canal Street Pier, de 1983, expresa perfectamente ese afán por mostrar, no un conjunto de escombros, sino un estado de ánimo.

De la misma forma, los despojos del barrio de Newark o los muelles maltrechos del Hudson pasan por su cámara. Son señales de un cáncer que la sociedad norteamericana padecía entonces. En cambio, para Hujar eran señas de autenticidad y validez artística; objetos a inmortalizar.

Peter Hujar - Bouche Walker (Reggie's Dog), 1981

Bouche Walker (Reggie’s Dog), 1981 || Fuente: Peterhujararchive.com

Como también lo fueron los animales: cisnes, asnos, perros u ovejas son algunos de los ejemplos de los seres que Peter Hujar perseguía. Véase Cat on Cash Registrer, de 1957. Pero sus temáticas son variadas. Por ejemplo, se repiten constantemente las carreteras que se pierden en el horizonte infinito y los personajes pintorescos, desde drags a celebridades de la época. El mismo Hujar aseguró en una ocasión que se sentía fascinado por aquellos que se iban a los extremos, igual que aquella gente que se aferra a la libertad para ser ella misma.

La literatura también fue un pilar en la carrera del artista. Se codeó sobretodo con los beats, con los que compartía  afinidades, gustos y vicios. Quiso aprovecharlo, retratando a William S. Burroughs, en 1975, o a Allen Ginsberg, en 1974. Aunque Hujar no malgastó ni un solo carrete, estaba en un estado de precariedad económica cuando el sida se lo llevó e día de Acción de Gracias de 1987.

Peter Hujar - Road, West Virginia Trip, 1969

Road, West Virginia Trip, 1969 || Fuente: Peterhujararchive.com

A la velocidad de la vida

Deambular y descubrir los pasillos del número 250 de la calle de la Diputació, en la ciudad condal, no es tan prosaico como parece. Uno espera encontrar una exposición fotográfica más, con sus variedades, sus rarezas, sus bellezas y las excentricidades caprichosas del mundo del arte. Pero la sorpresa es inevitable, ya que la visita supera toda expectativa.

La fotografía de Hujar, como se ha podido comprobar en su trayectoria, es genuina. A menudo sórdida, brutal, desencadenada y desprovista de todo tópico. Las obras expuestas siguen cierto orden que marcó y usó el propio autor. Los temas van desde los personajes yacientes, desnudos, penes erectos, piernas en tensión, rostros ocultos tras un velo o paisajes hermosos atravesados por una línea descendiente que parte en dos la imagen. El efecto es, siempre, hipnótico y enigmático. En la obra de Hujar, la simbología se funde con la magia y bailan al mismo compás.

De las que más impactan son aquel conjunto de fotografías tomadas en un período de experimentación, de tentaciones y convulsiones. Una etapa de rupturas de convencionalismos y, sobretodo, de honestidad absoluta. Hujar lo muestra en Young Boy Crying, de 1979. En esta última se aprecian los singulares claroscuros, proyectando la escena nocturna de los suburbios de Nueva York. Deprimente, a la par que sincera y magnifica, la técnica de Hujar domina la luz a partir de la sombra. El resultado es impresionante.

La exposición cuenta con las archiconocidas Chloe Flinch (1981) y Candy Darling on Her Deathbed (1973), esta última utilizada como portada de álbum por Antony and the Johnsons. También se puede gozar de Reclining nude on couch (1978), La Marchesa Fioravanti (1958), Bill Elliot (1974), Dana Reitz’s Legs (1979) John Flowers (1974) Young Boy Crying (1979) o Sarah Jenkins with Head Brace (1984). Es posible consultar más información y horarios de visita accediendo a la página web de la fundación.

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