El genio que no nos dejó dormir

Para las nuevas generaciones, Narciso Ibáñez Serrador —para siempre Chicho— es un señor mayor y en silla de ruedas que muy de vez en cuando sale en la tele. Allí es recibido con un cariño abrumador por parte de quien le tenga que entrevistar. Como se merece, por otra parte.

Para otros, un poco más entrados en años, es el creador del Un, Dos, Tres y de Waku, Waku en los 80 y 90. Productos televisivos muy dignos, viendo lo que se ve ahora, pero que dan una idea muy limitada del talento de Chicho y de lo que ha significado este hombre para el cine, la televisión, y por ende el arte, de este país.

Porque Chicho lleva dando guerra desde los años 60. Y de la buena. Ha tocado todos los palos, empezando por la televisión y siguiendo por el teatro, para acabar en el cine.

Cine para «no dormir»

Es en este último medio, el cine, en el que su trayectoria fue más corta, pero no por ello menos relevante. Solamente dirigió dos largometrajes. La Residencia (1969), angustioso y opresivo debut en el que, a modo de curiosidad, aparece el primer asesinato grabado en cámara lenta del cine español. Y, sobre todo, ¿Quién puede matar a un niño? (1976). Esta obra maestra comienza como un homenaje a Hitchcock y a Los Pájaros (1963) —de hecho Chicho hace un cameo en la primera escena— y se acaba revelando como una gran disquisición sobre el trato a la infancia y el aborto, entre otras muchas cosas.

¿Quién Puede Matar a un niño? Chicho Ibañez Serrador cine español
El protagonista de ¿Quién Puede Matar a un niño? (1976) tiene que tomar una decisión… ||Fuente: todoelterrordelmundo.com

No hizo más películas. A partir de ahí se dedicó —o le dedicaron— a los grandes programas de entretenimiento que tan profesionalmente hizo, y que seguro que le reportaron mucho más beneficio económico que sus filmes. Pero en 1976 su mito ya había tomado forma.

Los viernes, cita con Chicho

Y había tomado forma antes, a mediados de los 60, cuando grabó su obra magna para televisión. Se trata, cómo no, de Historias para no dormir (1966-1968). Para quien no lo sepa, la serie consistía en 23 mediometrajes de terror y misterio que se emitían los viernes por la noche en TVE, con sus dos rombos correspondientes. Casi siempre eran adaptaciones de Edgar Allan Poe o Ray Bradbury. Pero había otros guiones originales de Chicho, siempre bajo el seudónimo de Luis Peñafiel.

Quien las vea ahora, en esta época de grandes efectos especiales y producciones de Hollywood, podría pensar que son algo cutres, ingenuas o incluso ñoñas. Que no dan miedo. Y podrían tener razón. Pero estamos hablando de la España de los 60. Y de un hombre de tan sólo treinta años. Y de rodar películas de entre 30 y 45 minutos en ¡una semana! Incluso una vez no les dio tiempo a grabarla y tuvieron que poner una película americana, de largo la peor de toda la serie. Y hablamos también de un país en el que había determinados temas de los que no se podía hablar. O que si hablabas de ellos te mutilaban el producto y se quedaban tan anchos.

Chicho Ibañez Serrador historias para no dormir
Para mucha gente, esta cabecera y estos dos rombos significaban que iban a pasar una mala noche || Fuente: diariodenavarra.com

Con todos esos inconvenientes, Chicho creó una obra que incluso a día de hoy tiene un valor intrínseco, apartado de la nostalgia. Episodios como El asfalto —con decorados de Antonio Mingote— o La alarma, protagonizados por su padre, Narciso Ibáñez Menta, siguen en el Olimpo de la Televisión no española, sino mundial. Este último es, además, la primera vez que un personaje de televisión en España era una prostituta. En ningún momento se habla de su oficio, pero se sabe. Y otros, como La Espera, El Cohete o La Sonrisa destilan una ternura y una belleza que ya le gustaría tener a muchos melodramas de Douglas Sirk.

Hasta que un día, no quiso o no le dejaron hacer más. Lo intentó otra vez en 1982, con cuatro capítulos, uno de ellos repetido. Y coordinó en 2006 una serie de Películas para no dormir, pero ya no era lo mismo. Tal vez no tenía ganas ni juventud. O quizá es que estas cosas solo pasan una sola vez en la vida, por eso son tan celebradas. Por su excepcionalidad. Porque Chicho solo ha habido uno, y solo pasará una vez por nuestras vidas. Y por nuestros televisores.

Diego Manresa Bilbao

Ingeniero y sin embargo cinefilo. Madrileño del año del Naranjito