Let’s sing another song, boys: músicos y poetas

Escribía un bardo canadiense allá por 1964 estas líneas: “Todos conspiran para hacerme libre/Yo intenté sumarme a sus argumentos/Pero había muy pocas actitudes/Y yo necesitaba bastantes”. Bajo este epígrafe tan nihilista se puede percibir el hedor del alcohol y la fragancia de una caja de anfetaminas. Tiempo atrás, no era extraño que el artista adquiriese la plena condición de intelectual al servicio del medio que lo rodeaba. Tiempos ajetreados, tiempos salvajes, tiempos de poetas.

músicos y poetas Bob Dylan
Bob Dylan

Un fenómeno conocido como Bob Dylan

Alrededor de esos tan añorados años sesenta, la industria musical todavía  se encontraba en pañales. Fenómenos como el auge del rock ‘n’ roll o el pop lentamente iban acaparando la atención en forma de instrumentos comunicativos de masas.

No obstante, esto último podría considerarse una virtud gracias a la concienciación que generaron los desmanes capitalistas de gobiernos como el de Estados Unidos. Gracias a la labor de intérpretes como Bob Dylan o Joan Baez, jóvenes y no tan lozanos se percataban de cómo el mundo se les escapaba de sus manos.

Uno de los ya mencionados, archiconocido Robert Zimmerman, Bob Dylan para los amigos, encarnó el espíritu del artista trovador de época. Nominado en varias ocasiones al Premio Nobel de Literatura, son de su autoría poemas como el conocido Hace mucho tiempo, muy lejos, cruel testimonio que no caduca.  Los músicos tienen límites, cuando no los crean ellos mismos. Los genios no.

Cohen y Morrison, extraños poetas

Leonard Cohen dio luz al que quizás sea su mejor registro en cuanto a sus versos compete tiempo antes de ser un loable músico. Durante su estancia en Canadá, cuando soñaba con pasiones andaluzas y Lorca, fomentó el ya conocido recurso de romantizar al último anticristo repudiado por la humanidad. Dijo tiempo ha: “En otros tiempos este se hubiera llamado ‘Rayos de sol para Napoleón’, y en tiempos más tempranos sería llamado ‘Murallas para Genghis Khan”.

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“¿Sabes que hombres locos están dirigiendo nuestras prisiones? Estamos intentando conseguir algo que ya nos ha encontrado”.  Un joven floridano empapado en literatura beat y Baudelaire atemorizaba al FBI con lemas como “¡Queremos el mundo y lo queremos ahora!”. Jim Morrison se dedicó en cuerpo y alma a la poesía antes de formar la mítica banda The Doors, nombre cortesía del señor William Blake.

Entre su colección dejó hitos como La libertad existe. Quiso también el Rey Lagarto brindarnos una obra magna escrita por él conocida por el título de La celebración del Lagarto.

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“Lo hicimos por un bello nombre/Libertad, bée, bée, bée/Nada por lo que jugarse el cuello” aullaba Patti Smith, la bruja del punk que osó relatar un sueño erótico junto a Rimbaud, su mayor influencia. Libros como Babel o Early Work nos muestran el sendero del pecado al son de Burroughs y la Velvet Underground.

No hay que olvidarse, en este repaso de poetas, de pasar por la tienda de recuerdos al final del trayecto, porque Warhol habrá preparado un cuadro personalizado de su viaje sideral. Tres ejemplos bastan para demostrar la semblanza de un creador que no se puso límites.

Y siguiendo, pues, la lista es interminable. No sólo cabe encontrar virtuosos extranjeros. Ilustres como Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat o Lluís Llach, portan la antorcha del Übermensch del siglo XXI. Lobos solitarios del verso, o pieles rojas de la decadencia, los músicos fueron alguna vez poetas que vieron con otros ojos la cuerda floja. Como se cantó en la Isla de Wight un 30 de agosto de 1970 “Cantemos otra canción, chicos, pues esta se ha vuelto vieja y desagradable”.