Después de toda una vida, María Dolores Pradera se marcha de este mundo con jazmines en el pelo y rosas en la cara, en una primavera madrileña pasada por agua, que es hoy aún todavía más melancólica si cabe. La cantante y actriz ha fallecido a los 93 años en su Madrid natal, según han informado al diario El País fuentes familiares esta madrugada.

Pradera inició su carrera en la década de los 40 en el cine con películas como Yo No Me Caso Los Habitantes De La Casa Deshabitada, rodaje durante el cual conoció al escritor y actor Fernando Fernán Gómez, con el que se casó y tuvo dos hijos y del que se separó 10 años más tarde. Sin embargo, fue su faceta como música la que le hizo legendaria, que inició dos décadas más tarde, y a la se dedicó en exclusiva a partir de los 70.

“La gran señora de la canción” rebosaba elegancia. Su voz grave y marcada gestualidad hacía de cada interpretación un espectáculo magnético. Entre su repertorio se encuentran fados, coplas, rancheras, baladas y boleros. De hecho en la historia de la música, más allá de su trayectoria individual, ha tenido un papel de recopiladora y divulgadora internacional de canciones que forman parte del folclore hispanoamericano. En cuanto al legado latino son célebres sus versiones de “Caballo Viejo”, “El Rey”, “Cuando Vivas ConmigooQue Nadie Sepa Mi Sufrir“, pero también sus castizas “Coplas Toreras o “Luna De España.

Se podría decir que, más que una cantante al uso, Pradera fue una actriz que cantaba o una cantante que actuaba. Uno puede escuchar un disco suyo, pero si tiene la oportunidad, vale la pena verla actuar, acompañada de dos guitarras, llenando el escenario con esos ojos expresivos y un lenguaje corporal con el que decía al auditorio: “déjame que te cuente, limeño, deja que te diga moreno, mi sentimiento”.

Otras veces actuó acompañada de otros artistas como en la célebre “Flor De La Canela”, junto a Joaquín Sabina, “El Día Que Se Hizo Tarde”, cantado a dúo con Rosana o “Lágrimas Negras, con Diego el Cigala. Seguro que esta mujer segura de sí misma, diva, señora hecha y derecha, chulapa, vivaz… sabía mucho sobre la vida y el amor. Especialmente conectaba con la nostalgia y el desamor. No hay más que escuchar “Habaneras De Cádiz”, una canción que tomó prestada de su gran amigo Carlos Cano: “Tengo un amor en la Habana, y el otro en Andalucía no te he visto yo a tí tierra mía, más cerca que la mañana que apareció en mi ventana de la Habana colonial.”

Hoy es un buen día para reivindicar la figura de María Dolores Pradera. No tan sólo por su legado artístico, que es vastísimo, sino especialmente por aquella dimensión más humana y que hoy la muerte hace desaparecer para siempre: su dignidad, templanza, señorío y fino humor irónico. Ella representa un carácter femenino de fortaleza y lucha constante, que sortea las derrotas de la vida, llorándolas y aceptándolas para regenerar su alma y volver a sentir la vida: “por eso no te tomes el derecho de negar mis sentimientos ni critiques mi actitud, yo sigo mi camino otro momento para encontrar esos besos que jamás me diste tú”.

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