Loving Vincent (2017) es una coproducción polaco-británica recientemente estrenada en nuestro país. Y hay que indicar que, a primera vista, no parece ni muy novedoso ni muy atrayente estrenar una película sobre Van Gogh a estas alturas de siglo XXI. Porque ha habido muchas, y muy buenas. Como El loco del pelo rojo (1956) de Vicente Minnelli, con Kirk Douglas como el susodicho loco. O Vincent y Theo (1990) de Robert Altman, donde Tim Roth encarnaba —y nunca mejor dicho, por su extraordinario parecido— al genial pintor postimpresionista.

Por lo tanto, puestos a realizar un biopic sobre Van Gogh, la única forma posible de abordarlo era jugándose el todo por el todo.

Un museo dentro la sala de cine

Y eso es lo que han hecho los directores del film; el británico Hugh Welchman y, sobre todo, la pintora polaca Dorota Kobiela. Porque este film es único en la historia del cine. Se trata de una película de animación hecha con cuadros pintados al óleo. Esto es, cada uno de sus ¡65.000! fotogramas es una pintura al óleo realizada por uno de los 125 pintores de formación académica seleccionados para realizar el proyecto. Cualquiera puede comprender lo titánico del esfuerzo, que ha durado la friolera de doce años.

 

Vincent

Así pintaba Van Gogh… || Fuente: Youtube

Ni que decir tiene que todos los fotogramas son cuadros postimpresionistas, que podrían haber sido realizados por el mismísimo Vincent Van Gogh. De hecho, la inmensa mayoría de los «escenarios» de la película se basan en obras del genio neerlandés, como Trigal con cuervos, en la imagen, o El café de noche para la escena inicial. Los autores de la película fueron modificando estos cuadros, pincelada a pincelada, para dar impresión de movimiento.

El posible resultado, a la vista del tráiler, era más que prometedor:

Y esta primera impresión se confirma con el visionado de la película en su totalidad.  Se trata de una de las mejores obras del año, si no de la década. Dejando de lado la trama, de la que se tratará más adelante, el que la ve se siente ante una obra de arte absoluta. Y es que, a lo largo de sus cortos 80 minutos, uno no puede dejar de pensar en que cuando los hermanos Lumière acojonaron a medio París con su tren en 1895 estaban pensando en un futuro como este.

Y resulta que el cine era esto…

Porque en esto consiste, o ha de consistir, el cine. En contar una historia mediante el lenguaje visual más apropiado y que más puede llegar al espectador. Ni más ni menos. Y es que con Loving Vincent no hablamos de buscarse una excusa para buscar una innovación vacía y sin contenido en el arte de narrar historias en una pantalla. Es al contrario. Aquí unos artistas tienen una historia que contar, o pretenden hacer un homenaje a su pintor favorito, y eligen el lenguaje que mejor le sirve a la película. Cueste lo que cueste, ya sea dinero o tiempo.

Vincent

…y así queda en «Loving Vincent» || Fuente: Youtube

Y eso se ve en detalles muy poco propios de este tipo de películas, muchas supuestamente innovadoras. Y es que no sobra ni un solo plano. Los directores no se recrean en su arte ni en su innovación. No dicen «aquí estoy yo» con vacíos y eternos paisajes —Peter Jackson, declárate culpable— en los que el pueblo llano pueda admirar lo grandes directores que son. No obstante, uno puede «notar» la cámara moverse. Puede sentir la puesta en escena. Puede entender la película fuera del campo de la animación. Y se la imagina igual. Y, por encima de todo, se la cree.

Porque todo está al servicio de la historia. Y hay quién dirá que esta trama es lo más flojo de la película. Y tendrá razón. Ninguna película es perfecta, y Loving Vincent tampoco. Pero sí que lo es en lo que significa para el cine. Porque Kobiela y Welchman sabían que su guion era quizá una historia un tanto manida. Que la investigación de Armand Roulin sobre cómo pasó Van Gogh sus últimos días ya se había hecho mil veces, desde Ciudadano Kane (1940) a La Red Social (2010).

Y supieron que tenían que darle un valor añadido a esa trama. Que una película de acción real sobre los últimos días del maravilloso pintor no iba a pasar a la historia. Que no le haría justicia a Van Gogh.

Y emplearon doce años en fabricar su sueño. Una película de Van Gogh sobre Van Gogh.

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