Clístenes despertaba cada día preguntándose cuál sería la mejor forma de organizar una sociedad que cada vez se hacía más grande y segmentada. Debía haber algún modo de que las voces de los cada vez más numerosos grupos sociales llegasen al estamento decisorio. Fue hace más de dos milenios cuando ya se comenzó a hablar de la palabra democracia. Sin embargo, habrían de pasar aún unos cuantos siglos para que ese término cobrase toda la relevancia y dimensión que hoy tiene. Tal es su alcance en las sociedades actuales, que ha llegado a introducirse en cada una de las actividades culturales del día a día.

Los videojuegos, constituidos en los últimos años como una industria que mueve millones en beneficios, no han quedado tampoco al margen de la voz del pueblo. Pese a ser relativamente joven, el sector ha conseguido encontrar el modelo más óptimo para lograr el entendimiento entre las partes implicadas. Y el motivo de esta democratización de los videojuegos se puede explicar observando el intenso auge de los títulos independientes en la última década. La falta de recursos de los estudios encargados de estos juegos de menor envergadura, les ha llevado a buscar fuentes de financiación alternativas a las que copan las compañías más grandes.

Coolest cool kickstarter

Coolest Cool es una nevera que logró recaudar 13.285.226 dólares en un tiempo récord || Fuente: omicrono.elespañol.com

Es así como los pequeños desarrolladores, autónomos en su gran mayoría, acudieron a el camino abierto por Perry Chen, Yancey Strickler y Charles Adler en 2008. Kickstarter poseía los medios necesarios para proveer a una industria que buscaba una manera de democratizar el acceso a su mercado, de manera que pudieran romperse las poderosas economías de escala que actualmente predominan. Este sistema de mecenazgo ya llevaba varios años proveyendo a pequeñas empresas y particulares de los recursos necesarios para recaudar fondos y financiar proyectos que de otra forma nunca hubieran llegado a la luz. De esta forma las industrias culturales de mayor conexión social, como son el cine y la música, rápidamente adoptaron nuevas rutas de acceso a su mercado.

Kickstarter permitió democratizar el acceso al mercado

El videojuego, como producto cultural, busca la aceptación de los usuarios en la medida de lo posible. Muchos jugadores, cansados de ver año tras año los títulos de las mismas compañías, empezaron a apoyar proyectos de particulares con ideas más arriesgadas. Se creó así un punto de inflexión. La barrera que existía entre la innovación procedente de las ideas más arriesgadas y la aversión al riesgo de los grandes inversores encontró una tercera vía de escape provista de la implicación de la parte que no había sido escuchada hasta entonces: el público.

Videojuegos kickstarter

Pese a que más del 90% de proyectos salen adelante, muchos otros no. Wildman solo consiguió alcanzar la mitad del objetivo que se proponía. || Fuente polygon.com

Se ha llegado así a un sistema de comunicación bidireccional donde, gracias al mecenazgo, el desarrollador y el estudio quedan al mismo nivel de frecuencia que el jugador. Ambas partes sacan provecho: una recibiendo el apoyo monetario necesario para materializar sus proyectos y otro pudiendo contribuir al propio desarrollo con sus ideas a cambio de recompensas. Esta simbiosis entre emisor y receptor es una de las explicaciones por las que los llamados juegos indie se han popularizado tan rápido en los últimos años: el jugador es el desarrollador, y viceversa.

Nació una tercera vía con la participación del jugador

Así, han visto la luz títulos de toda índole y género que en tiempos récord han conseguido los objetivos previstos. Torment: Tides of Numera, Wasteland 2, Hyper Lighter Drifter, o el tan esperado Shenmue 3 han logrado salir adelante con el apoyo de la comunidad y el mecenazgo (pese a que este último finalmente resultase una estrategia publicitaria sustentada por Sony). Incluso plataformas como Ouya han logrado desarrollarse gracias, en este caso, a los más de 8 millones y medio de dólares recaudados. Sin embargo, pese a las increíbles cifras que mueven estos desarrollos de mecenazgo, siguen estando muy lejos de los multimillonarios títulos de las compañías triples A.

Pero lo importante no es el cómo sino el qué. Este nuevo modelo de financiación ha conseguido implicar al usuario en el propio desarrollo del producto. Se acabaron las enormes campañas de publicidad y encuestas para conocer el gusto o las preferencias del consumidor. El jugador ha pasado de aconsejar y esperar, a trabajar de forma conjunta con los propios estudios, que acuciados por la necesidad han visto en este nuevo modelo un sistema provechoso para las dos partes.

El mecenazgo coloca al estudio y jugador al mismo nivel

Videojuegos kickstarter

Yooka-Laylee es otro de los muchos juegos que están consiguiendo financiación.

Esto, sin embargo, no solo ha derribado barreras, sino que también ha creado otras. El objetivo inicial de Kickstarter era integrar a todos los jugadores y estudios intentando reducir las diferencias que entre ellos existen para enfrentar el monopolio de las principales compañías. Sin embargo, lo que ha conseguido es inundar el mercado de miles de títulos, que apoyados por sus mecenas han acabado olvidando al resto de usuarios. Se han creado pequeños compartimentos estancos, donde el servicio al fan ha hecho olvidar la misión principal de su cometido. Los principales estudios seguirán trayendo cada año las mismas y conocidas sagas, y la innovación seguirá excluida a los pequeños nichos.

El pueblo ha decidido. Y las sagas que vieron nacer a la industria seguirán trayendo nuevas entregas durante algunos años más. Solo el tiempo dirá si terminan por escuchar, antes de que la comunidad cansada termine derrocando a Clístenes, quien acabó confundiendo la igualdad ante las decisiones y ante la elección de decisiones, y la elección de personas encargadas de decidir.

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