En muchos de los aspectos más importantes de la política, la Unión Europea se comporta como un único ente. Lo que empezó como una simple unión comercial se ha convertido en la actualidad en una unión de naciones real, a todos los niveles, que toma una decisión conjunta en temas tan importantes como la crisis de los refugiados sirios.
Pero esto no siempre fue así, sino exactamente al contrario. ¿Qué ocurrió para que Europa pasara de estar medio siglo XX matándose a pasarse el otro medio uniéndose? Simplemente, un cambio en las voluntades políticas. O dicho de otro modo, un cambio en la voluntad de los políticos.
Políticos que se comportaron como verdaderos estadistas, pensando en lo que era más aconsejable en el tiempo, sin el cortoplacismo habitual de los que tienen que dar cuentas cada cuatro años. Así, tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que franceses e ingleses no cometieron errores pasados de malos ganadores –como en Versalles en 1919–, los alemanes dejaron atrás el orgullo patrio mal entendido y la locura hitleriana.
De esta manera se empezó a pensar en un bien común europeo. Fue el célebre Wiston Churchill el primero en hablar de una integración de los Estados del continente, pero es el entonces ministro de Asuntos Exteriores francés Robert Schuman quien puso el principal germen de lo que hoy es la Unión Europea, gracias a su Declaración del 9 de mayo de 1950.

En ella, Schuman invitaba a toda Europa a poner en común sus producciones de acero y carbón. La razón, evitar una nueva contienda entre potencias europeas, compartiendo la gestión de las dos materias primas que entonces eran primordiales para una industria de guerra. Amén de su importancia económica, trasfondo real de ambos conflictos mundiales.
Este primer paso para la creación de la actual Unión Europea fue recibido con entusiasmo por Konrad Adenauer, canciller de la República Federal Alemana, comenzando unas negociaciones que finalizaron en la primavera de 1951, cuando se fundó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). De ella formaron parte, además de Francia y Alemania, la Italia postfascista de Alcide de Gasperi y el Benelux (Bélgica, Paises Bajos y Luxemburgo). Su primer presidente fue el francés Jean Monnet, el Einstein de los físicos para los estudiantes de Ciencias Políticas en la especialidad de Estudios Europeos, uno de los grandes creyentes y constructores del ‘europeísmo’.

Una vez cumplido el primer objetivo –evitar otra guerra– los Estados miembro vieron cómo esta unión económica beneficiaba a todos. Por eso fueron desarrollándola y ampliándola, pasando de la CECA a la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957. Esa unión económica pasó también a ser política en 1993, llamándose Comunidad Europea (CE), y más tarde Unión Europea (UE), comenzando a ser considerada un único sujeto del Derecho Internacional gracias al Tratado de Lisboa de 2007.
Del mismo modo, de 1951 a 2007, también ha ido creciendo el número de Estados miembro, de los seis fundadores a los 28 actuales, pasando la Unión Europea de ser una organización elitista de las principales potencias europeas a ser una verdadera organización integradora y solidaria entre países del continente. Algo impensable cuando el lenguaje entre éstos era el de las balas.
Sin embargo, no todo han sido éxitos para la Unión Europea. A lo largo de todos estos años han tenido lugar importantes fracasos, algunos tan sonados como el de la fallida Constitución Europea. Por no hablar del desastre económico griego, de los continuos rumores de vuelta a la ‘independencia’ del Reino Unido o la negativa a la integración en el Euro de algunos de los países.
Pero para aquel entonces no se encontraban Schuman, Monnet, Adenauer o de Gasperi al frente de las decisiones. Había otros.
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=UHo2yQ2A_lk]


