El escritor árabe de descendencia algeriana Mohammed Dib, durante su exilio en Francia escribió: «cada palabra que tú traces sobre la página en blanco es una bala que tú tiras contra ti», y efectivamente, bajo ese ostracismo del exilio y el autodestierro se inscribe el más reciente poemario de Antonio Cienfuegos.

Guanaco es un texto de largo aliento, el cual contiene notas sinfónicas y polifónicas de un violento viaje por la vivencial en sus tres apartados: «Guanaxo», «Guanaco», «Wanaku». Los mismos que se traducen en tres etapas de la vida del autor y sus respectivos territorios geográficos: México, la infancia; El Salvador, la juventud y Chile, la adultez; y en el que cada uno de los sesenta textos, es una bala que perfora sin calcinar los recuerdos de la memoria, a manera de instantes o flashes fotográficos, en diferentes ciudades, ajenas en los labios de quien las pronuncia, como en el texto dieciséis de la primera parte, en donde el autor hace una analogía de su primo Camilo con respecto al famoso guerrillero Camilo Cienfuegos.

Guanaco literatura biografia cienfuegos

Desde las primeras líneas, a partir del primer acto o primera parte, las diferentes definiciones y conceptos del vocablo (guanaco) se hacen presentes, creando así una especie de glosario autobiográfico desde el yo poético y transhumante del andar del poeta; y del cual a partir de las eclécticas variantes y connotaciones de la expresión, el autor hace un uso polifacético del término, ya que etimológicamente se dice que Guanaco provenía del vocablo quechua huanu o wanu que significa «estiércol». Uno de los mitos dice que Coya, la mujer del undécimo gobernante inca Huayna Cápac, al ver que unos indios sembraban en unas pampas sin abono les obsequió estiércol, diciéndoles «wanaku”», que significaría «abonen la tierra».

Bajo la premisa política y ética del poeta británico W. H. Auden, de decir la verdad en toda la extensión de la palabra, profundidad del término, a toda costa y sin eufemismos, podría centrarse y justificarse de manera teórica la temática textual de la segunda y la tercera parte del libro.

El autor llama a las cosas por su nombre, e invita al lector de manera intuitiva, a ser cómplice en la línea de su verdad histórica y testimonial a través del desarrollo del relato de sus peripecias por Estados Unidos y diferentes países y ciudades latinoamericanas, como se puede percibir en los últimos siete poemas de la tercera parte. En ellos narra las travesías de los migrantes del triángulo del norte a partir del mismo álter ego del poeta, que camina sobre el río Suchiate como quien cabalga sobre la bestia de la Estigia hasta mudar de piel, gracias al Caronte-pollero-trasvesti que por unas monedas lo convierte en inmigrante.

En otro libro, el escritor francés Alphonse Allais diría al respecto «partir es morir un poco y morir, es partir mucho». En el mismo tenor, señala el poeta Roque Dalton, asesinado por la dictadura y la guerrilla salvadoreña, en su «Poema de amor»:

los eternos indocumentados,

los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, […]  

los tristes más tristes del mundo,

mis compatriotas,

mis hermanos,

El poemario de Antonio Cienfuegos es una antítesis, una antipostal, una metáfora del «intercambio despiadado de la ola con el acantilado», una «sinfonía de la violencia» en memoria de los muertos de la guerrilla, de la dictadura de Pinochet, pero también a la memoria política y social de Latinoamérica que carece de memoria, cargando a cuestas el eco de por lo menos dieciocho dictaduras, lo que los medios de comunicación masiva llaman «conflictos armados».

«Es la reconstrucción de una historia que no es nuestra, en un país que no es nuestro […] para una generación que tampoco es nuestra y una descendencia que nunca tendremos» dice el poeta.

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Guanaco es la biografía y la voz de los que no tienen voz, de los que ya no pueden hablar, y de los que nunca serán escuchados. En cierta manera es la radiografía de otro poeta salvadoreño, Salomón de la Selva, «soldado desconocido» de la Primera Guerra Mundial, que sobre su monumento de escombros le vendieron una patria falsa. Cienfuegos dice: «porque nuestros padres murieron en la guerrilla defendiendo un país que nunca tendremos, entonces, mejor morir guachos nosotros mismos por un país que jamás conoceremos» y finaliza con este simbólico cuestionamiento retórico: «¿qué será de los niños que fuimos con el machete en la mano?».

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