Umberto Eco fue un reconocido escritor italiano del sigo XX. Nació en 1932, en Alessandria, ubicada en la región del Piamonte (Italia). Lamentablemente, falleció en febrero de 2016, dejando un legado que trascenderá al tiempo. Sufrió la Segunda Guerra Mundial siendo muy pequeño. Fue profesor de universidad, y en su formación recibió múltiples influencias, entre ellas del modernismo. Su primera novela fue El nombre de la rosa.

El nombre de la rosa fue, a la vez, un éxito comercial que agradó al lector medio que solo buscaba un entretenimiento entre las páginas y una obra maestra aclamada por los académicos. Esto es un fenómeno poco común. En cuanto a su venta en masa, la explicación es sencilla: Eco creó una novela policíaca que mantiene atrapado al lector desde sus primeras páginas. Por otro lado, el escritor es un experto en semiótica, es decir, el estudio de los signos y significados. Como experto en dicha área, Umberto Eco escribió una historia que esconde mucho más de lo que puede parecer para una novela de crímenes.

Los laberintos de Eco

Las lecturas que se han dado a El nombre de la rosa son innumerables. Existen muchos libros únicamente dedicados a tratar de descifrar los misterios de esta peculiar creación. Y eso es exactamente lo que pretendía Eco. Crear discusiones, incertidumbre, sed de conocer la verdad. Uno de los aspectos más característicos es su pensamiento en torno a las interpretaciones de los libros. Según Eco, el autor debe morir (figuradamente) una vez escribe el texto. No debe imponer una explicación a su propio producto. Una vez esta escrito, el libro pertenece a la humanidad. Es el lector quien tiene que dar su interpretación del libro, enriqueciéndolo.

La historia que cuenta El nombre de la rosa gira en torno a unos asesinatos que se producen en un monasterio de Italia. Guillermo de Baskerville, un ilustrado franciscano y antiguo inquisidor, y su joven y reciente pupilo, Adso de Melk, se verán envueltos en esta oscura trama como visitantes del lugar. Es una novela que merece totalmente la pena ser leída. Por desgracia, poco más se puede comentar de esta obra sin entrar en spoilers. Para los que no sean aficionados de la lectura, también existe una buena adaptación al cine protagonizada por Sean Connery y Christian Slater.

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El monasterio en el que tienen lugar los eventos de la película es una buena contribución al aspecto gótico que trata de transmitir la novela || Fuente: material promocional

Un elemento constante y muy importante en El nombre de la rosa son los laberintos. Guillermo y Adso necesitan descifrar los misterios del laberinto de la biblioteca para llegar al finis africae, la habitación en la que se encuentran los libros más custodiados de toda la biblioteca. La biblioteca en general, y su laberinto en concreto, son los principales recursos de los que se vale Eco para dotar de misterio a la trama. Pero hay muchos más laberintos en esta novela.

El contexto religioso de la historia nos lleva a una época en la que la Iglesia afrontaba una división que la puso en peligro. Distintas órdenes se enfrentaban por cómo afrontar su devoción. También era el tiempo de las herejías, y con ellas de sus letales perseguidores, los inquisidores. Guillermo y Adso tienen una conversación en torno a este tema en el que Baskerville explica la importancia de distinguir entre las distintas herejías. También explica que renunció a la Inquisición por los métodos de esta. Pero él sigue siendo un inquisidor de la verdad, desde métodos más discretos.

Adso también será instruido en los métodos empíricos. Guillermo tiene unas ideas muy concretas en cuanto a la búsqueda de la verdad. No cree en los métodos racionalistas, sino en lo que ven sus ojos. Por eso nunca llega a creerse la teoría de que una presencia demoníaca está asolando la abadía. Ha sido instruido por Roger Bacon. Pese a ser un hombre religioso, Guillermo también es un hombre de ciencia. Y un hombre escéptico.

Profundidad de los personajes

El personaje de Guillermo de Baskerville ha sido identificado con el propio Umberto Eco en cuanto a ideología. Sin embargo, estas ideas están minuciosamente adaptadas al pensamiento de la época. Guillermo también ha sido identificado con el propio Sherlock Holmes. El nombre (Guillermo de Baskerville) nos recuerda a la obra de Connan Doyle, El sabueso de los Baskerville. Es fácil encontrar semejanzas entre ambos personajes, incluso su descripción física encaja. Además, los dos son los héroes, los detectives que resuelven el caso.

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Guillermo es el guía que ayuda a Adso en sus propios laberintos, llegando a convertirse en una figura paternal || Fuente: material promocional

Si Baskerville se identifica con Holmes, Adso sería el Watson de El nombre de la rosa. Ambos personajes son los que narran los sucesos de la novela, y los dos aprenden de sus maestros, a quienes ven con admiración.  También existe simetría en cuanto a su contribución a la investigación. Tanto Adso como Watson son ignorantes a las sombras de sus maestros, pero de vez en cuando, consciente o inconscientemente, hacen contribuciones vitales que sorprenden a sus compañeros.

El caso de Adso es algo curioso. Cualquiera que lea El nombre de la rosa puede pensar que Eco puso a Adso como compañero de Guillermo para que el lector se identificara con él. A través de él se dan múltiples explicaciones de religión, filosofía, historia y otros temas gracias a que Adso es un adolescente que desconoce el mundo, de tal forma que pregunta a su maestro y así nosotros recibimos indirectamente esa explicación.

Jorge de Burgos es el villano en las sombras, el antagonista de la obra. Se presenta como un personaje débil, lo que nos hace descartarle como sospechoso. Aunque sabio y bien formado, Jorge de Burgos es un anciano monje que se ha quedado ciego. Su nombre hace una clara referencia a Jorge Luis Borges, el famoso escritor argentino. Ambos tienen en común su ceguera y la relación con las bibliotecas.

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Adso aprende muchos aspectos de la vida en la abadía, incluído el sexual, entrando como niño y saliendo casi como adulto || Fuente: material promocional

Pero Jorge de Burgos es mucho más. Él es la némesis de Guillermo. Esto es algo que queda simbolizado cuando este último entra al finis africae. Para hacerlo tiene que atravesar un espejo, y los espejos no hacen otra cosa que mostrarnos nuestro reflejo. Jorge es la sobriedad contrapuesta a la risa que defiende Guillermo, la intolerancia frente a la mente abierta de Baskerville, nuevamente simbolizado por la ceguera de uno frente a las lentes de otro. Ambos hombres son rivales, pero se admiran mutuamente.

Esto solo han sido unas pinceladas en el laberinto de símbolos y significados ocultos que escribió Umberto Eco allá por 1980. Al no aportar un significado oficial, Eco dejó la puerta abierta a cualquier tipo de teorías válidas. Es un libro que merece la pena leer al menos una vez. Incluso si se lee con posterioridad, probablemente la misma persona encontrará distintos significados a los que le pareció encontrar en su primera lectura. Una gran obra maestra que trascenderá al paso del tiempo.

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