La personalidad de un artista puede ser complicada de entender para algunas personas. Christopher Mark Sievey es el claro ejemplo de cómo la locura puede confundirse con la genialidad en la creación artística.

Un grupo de punk fallido y el nacimiento de un nuevo personaje con una cabeza gigante de cartón son lo que caracteriza a este quizá no tan conocido músico británico.

Estatua en honor a Frank Sidebottom

Estatua en honor a Frank Sidebottom | Fuente: flickr.com

Hace algunos años apareció la película Frank (Lenny Abrahamson, 2014) donde se narra la historia de un talentoso músico. Líder de una banda de pop-punk, con una personalidad complicada y una aparente historia trágica que lo motivaba a hacer música fuera de éste mundo. Esto es parte de lo que lo hace único entre el grupo de músicos que lo siguen, sin embargo, hay algo aún más peculiar en su personalidad, una cabeza gigante de cartón. Todos se preguntan quién es el misterioso genio debajo de la enorme cabeza. Nadie lo sabe, sólo se ve su genialidad, su locura y la manera en la que una persona creativa puede influir en la vida de las personas.

Este personaje interpretado por Michael Fassbender, sin duda, deja paralizados a muchos espectadores. Sobre todo a aquellos que han vivido situaciones similares a la de las personas que rodean a Frank.

La historia del verdadero músico puede llegar a ser aún más interesante que la que vemos en la película. No por ello ésta deja de ser sugestiva, ya que la película no es una biopic, sino una historia narrada en la ficción.  Esto deja con la pregunta de quién fue el verdadero Frank.

El hombre bajo la máscara

Chris Sievey es el hombre que dio vida y creó la cabeza gigante de cartón. Un humorista, cómico y músico inglés. Quizá no fue poseedor de grandes dotes musicales, aunque eso depende de los gustos personales, pero sin duda tenía un enorme ingenio o una gran locura.

Desde que Chris tenía quince años estaba en búsqueda de una oportunidad para triunfar en la música. Fue entonces cuando después de muchos intentos, y con la ayuda de su hermano, logró finalmente grabar un proyecto. Su carrera se inició con una banda de punk que se engarzaba dentro de la corriente new wave, the freshies. Sin embargo, su carrera no se perfilaba con futuro dentro de la industria.

Después de grabar un par de álbumes con the freshies, no se vio reflejado el éxito de  la banda. Así que Chris dejó de preocuparse por la fama y creó a un nuevo personaje que era su mismo fan: Frank Sidebottom. Ese fue el inicio de una estrella. Totalmente ajeno a este mundo y sin embargo inmerso en él. Irreverente pero inocente, una persona completamente distinta a Chris. Su lenguaje, la forma en la que caminaba, incluso su voz y la manera de cantar.

El ascenso

Sin duda alguna, y dados los inicios de Chris Sievey, su pasión era la música. Probablemente él comprendiera que la genialidad creativa no dependía de lo que la industria musical dictaba, sino de la locura, de lo inesperado, de lo irracional, de lo que pocos estaban dispuestos a hacer.

Su primera aparición en TV fue en 1985 donde habló sobre su música. Además, era visto la mayor parte de las veces acompañado de Little Frank, un pequeño muñeco de cartón con la cabeza de Frank reducida.

Frank Sidebottom

Frank Sidebottom

El personaje de Frank, frente a the freshies, supuso un cambio en la creación musical de Chris Sievey, y es que, por supuesto, Frank y Chris, a pesar de ser la misma persona dentro y fuera de la máscara, son personalidades disímiles: con otra música y otras ideas.

La gran novedad de Frank Sidebottom fue, en resumen, todo lo que hizo: una música poco organizada y más bien improvisada, pero sobre todo, la inigualable personalidad de éste personaje con una cabeza gigante de cartón.

Frank nunca estuvo solo. En sus presentaciones en vivo, iba acompañado de virtuosos músicos. Su talento no consistía en la habilidad de ejecutar instrumentos, sino en su capacidad de improvisación y en seguir y ser parte de la impetuosa actividad de Frank.

No se podría comparar musicalmente frente a sus contemporáneos: Queen o The Fall, a quienes en algunas ocasiones hace algunas parodias de sus canciones: cómo “Hit the North” o “We are the champions”. Pero la música de Frank iba en una dirección distinta a la que ellos iban. Su trabajo consistía en un conjunto de todo lo que él era, y daba como resultado su excéntrica personalidad y su inconfundible música.

Frank Sidebottom- Hit the North

Hölderlin en un poema dice: “es derecho de nosotros los poetas, estar en pie ante las tormentas de Dios” y  termina diciendo: “y hacer llegar al pueblo envuelto en cantos el don celeste”. Evidentemente , el artista no es más que un medio para hacer llegar la obra de arte a los demás.  Chris fue el de Frank. Su alter ego mismo era la obra de arte. Él se negó totalmente a sí mismo para dedicar su vida a ser Frank Sidebottom.

Chris no fue sólo un músico, fue un actor dentro de la enorme cabeza de cartón, un artista  innovador en sus conciertos y en sus apariciones en televisión. Tenía una inconfundible voz nasal, improvisación, parodias de grandes canciones del rock, y siempre dentro de ese particular estilo del new wave y punk. Tanto, que al final de varias de sus canciones se le oye terminar con un “fuck you”.

Frank y su música fueron un reto para la industria musical. Era algo  diferente a lo esperado. No había ensayos antes de sus presentaciones, y el día en que llegó a haber uno fue un fracaso, según narra Jon Ronson, un pianista que tocó con él durante varios años. Así que su música dependía de la improvisación. La gente que acudía a sus conciertos no iba a escuchar las grandes voces de la música. Ellos iban porque amaban la espontaneidad de Frank.

Frank Sidebottom

Frank y Little Frank | Fuente: flickr.com

Genialidad y Locura

Canciones y actuaciones  humorísticas pero con tintes anárquicos, como ya es un clásico en el punk. Un humor absurdo, ya que al crear al mismo personaje es una encarnación de lo absurdo y lo irracional.

Escuchar y ver en acción a Frank Sidebottom es un golpe a la cordura. Escucharlo hace reflexionar sobre las cosas que pretende vender la industria musical como lo “mejor” del momento. Quizá frente al oído de los músicos, la música de Frank carece de virtuosismo, incluso de estructura. Carece en definitiva de una potente voz. Sin embargo, Frank prefirió ser creativo  y hacer uso de sus diferencias que lo hacían único.

Crear algo diferente requiere de talento y, sobre todo, dar un salto  que permita entrar en lo absurdo. Ese salto requiere locura. Si no se tiene, jamás se podrá entrar en el terreno de lo absurdo, donde se cocinan muchas de las obras maestras con más genialidad de la humanidad.

Frank fue un artista no apto para todos. Un genio en la música aunque no fuera la que la industria proponía. A pesar de eso, tuvo fama en su país, tal fue el grado que se  hizo una estatua en su honor posterior a su muerte.

Aún al hacerse la película en 2014, para muchas personas en el mundo sigue siendo desconocido. Pero de un artista de culto tendría que surgir una película de culto también. Aunque Frank fue quien alcanzó la popularidad, Chris Sievey fue el artista que estaba debajo de la máscara. Y es gracias a él que existe éste legado.

Christopher Mark Sievey murió de cáncer en Junio de 2010. Dejó tres hijos  y una esposa, sin embargo, algo que dejó a ellos y al resto del mundo, al menos para quienes  están dispuestos a entrar en su mundo, fue su gran obra artística:  Frank y su genialidad.