Buscando la inmortalidad. El altar de Ferdinando Camon

La madre es inmortal. Cuando alguien nace, ella ya está allí y pertenece a su mundo y además lo construye y determina. Por lo tanto, el mundo sin la madre es inimaginable. El autor italiano Ferdinando Camon explica de esta manera la gran paradoja que el protagonista de su premiada novela Un altar para la madre (1978) experimenta tras el luto de su progenitora. La muerte irrumpe en la cotidianidad de las personas y, además, sorprende porque no se la incluye entre las posibilidades naturales de la vida. Para algunos es un hecho imposible que atañe a los demás pero no a uno mismo y, por esto, es incomprensible.

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Max Klinger, La madre muerta, 1885 || Fuente: wahooart.com

FERDINANDO CAMON Y EL MUNDO AGRESTE

Ferdinando Camon viene de un mundo en el que la relación con la muerte está íntimamente ligada al lugar de pertenencia. En su muy célebre y pluritraducida novela Un altar para la madre intenta esbozar, con pocas pero muy atinadas pinceladas, el retrato de una civilización que está desapareciendo, la del campo y de la vida agreste en la región italiana de Véneto. “Un mundo grandioso”, dice Camon, donde los elementos más dispares se mezclan y establecen una frontera bien definida con la ciudad.

Umberto Boccioni, Campo en la provincia de Padua, 1908 Ferdinando Camon
Umberto Boccioni, Campo en la provincia de Padua, 1908 || Fuente: gazzettatorino.it

En el período del posfascismo no había cine, quiosco de periódicos o cualquier otro medio que facilitase la comunicación entre un mundo y otro. Estaba, sin embargo, la iglesia católica con sus preceptos y rituales, el trabajo de la tierra, los sacrificios y la pobreza. Había también personas cuya bondad y soledad merecen ser recordados. Debido a este aislamiento de la ciudad la soledad era, según Camon, el gran mal de este mundo. En esta realidad hecha de pequeños pensamientos y de un idioma que no es el italiano, sino el dialecto véneto, las familias solo pueden comunicar entre sí y quedan alejadas del gran desarrollo urbano.

Bruno Gherri Moro, Paisaje agreste véneto, 1948 Ferdinando Camon
Bruno Gherri Moro, Paisaje agreste véneto, 1948 || Fuente: museocastelfrancoveneto.tv.it

El protagonista pertenece a la ciudad y vuelve al campo el día del funeral de la madre. Lo que ve sirve de desencadenante de la narración. El ataúd se balancea con la misma cadencia que ella. Su hermano trabaja la tierra y su espalda curva se parece a la de la madre. En un proceso de asociación de ideas continuo, el protagonista empieza a darse cuenta de que el recuerdo de la madre es frágil, en él algo se pierde siempre. Ninguna foto es capaz de devolver el rostro ahora tan añorado. En cada una la imagen de la madre es incompleta, lo esencial no está.

las espigadoras madre e hijo Ferdinando Camon
Izq.: J. Jean François Millet, Las espigadoras, 1857 || Dcha.:Jean François Millet, Madre e hijo, 1846

CAMON Y LA INMORTALIDAD DEL RECUERDO

El drama de la pérdida de la madre es el motor de las reflexiones de Camon acerca de la necesidad de forjar un recuerdo grande, poderoso, inmortal. Un monumento de la memoria construido por quienes tuvieron la suerte de compartir la vida con la madre. Un altar para uno de ellos fabricado con los materiales más humildes que el campo puede ofrecer. El protagonista lo construye con sus manos y con él el padre, los hijos y la gente que la conocía.

Al mismo tiempo, el autor pone los cimientos para un verdadero altar de palabras en su recuerdo. Cada piedra, cada gesto se convierten en la novela en palabra escrita. Verba volant scripta manent, decía Cayo Tito. Camon consigue así la inmortalidad tan buscada. Cuando sea el momento, quiere que este libro esté con él en la tumba como salvoconducto hacia la eternidad.

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