(FALTAN IMÁGENES)Objetos ordinarios, historias extraordinarias. Paraguas

Todo el mundo posee un paraguas y, en ocasiones, hasta se permite el lujo de perderlo. Puede que tengamos hasta uno de repuesto, preparado para intervenir en caso de necesidad. Se trata de un objeto tan común, tan cotidiano que quizás no nos hayamos parado a pensar en su naturaleza o fenomenología.

Locos por un paraguas

Foto 1: Pierre Auguste Renoir, Los Paraguas, 1881. | Fuente Wikimedia Commons

Marion Rankine, escritora afincada en Londres, hasta le ha dedicado una monografía, Brolliology, en la que recoge la muy variada casuística de contextos en los que el paraguas aparece en la literatura. Sin embargo, este interés no ha sido prerrogativa solamente de lo escritores, sino que ha animado también a pintores y fotógrafos.

En la pintura se puede apreciar todo tipo de homenaje al paraguas. Los impresionistas Auguste Renoir y Gustave Caillebotte lo deslizan en sus cuadros para provocar un efecto estético o como rasgo distintivo de la nobleza; Dalí lo inserta en la escena de un proyecto cinematográfico frustrado en Máquina de coser con dos paraguas de 1951, clara alusión al Manifiesto Surrealista y a la frase del poeta Lautréamont, quien sostenía que no había nada más sugestivo “¡como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y de un paraguas!”.

En la fotografía ocurre algo parecido y, simplemente escarbando en el vasto archivo de Magnum, se encuentran múltiples maneras de utilizar un paraguas, o varios, como elemento narrativo. Herbert List, Ferdinando Scianna, Henri Cartier-Bresson, Elliott Erwitt, Eugene Smith son solo algunos de los nombres más significativos.

H2: La mirada del fotógrafo hacia lo ordinario

Foto 2: Jean Gaumy, Normandy, Saint Romain de Colbosc, June 2nd, 2013 | Fuente Magnum Photos

Cabe preguntarse qué reside detrás de la fascinación por un objeto que, a fin de cuentas, es tan parte integral de la vida cotidiana que pasa desapercibido. Las artes y en este caso los fotógrafos se encargan precisamente de que el ser humano aprenda a ver la realidad de una manera sorprendente, a captar las relaciones inéditas que los objetos pueden generar, si se observan desde otros puntos de vistas. Cada fotógrafo posee una peculiar manera de ver el mundo, que cuenta mediante el encuadre y lo que decide incluir o descartar.

Los objetos ordinarios cuentan historias extraordinarias y, para que así sea, los fotógrafos recuerdan al espectador también su faceta infantil, imaginativa y creadora de nuevos escenarios: una calidad que a menudo se olvida al alcanzar la edad adulta. De alguna manera, la fotografía ayuda a repensar lo que se ve desde una perspectiva creativa basada en el uso de la fantasía y en la atención por los detalles.

Un paraguas, al igual que una flor, dice Rankine, posee únicamente dos estados: cerrado y abierto, y cada estado excluye al otro. Sin embargo, puede que no haya un objeto capaz de poner en acto una transformación visual tan poderosa. Una habilidad metamórfica que no atañe solo a su función o a su estética, sino también a su naturaleza narrativa.

H2: Un refugio contra el mundo

Foto 3: Raghu Rai, Bangradesh, 1971 | Fuente: Magnum Photos

En primer lugar, los paraguas son como escudos que se interponen entre quien los lleva y el cielo. Se convierten así en un refugio. Asombra pensar que en la propia definición del término “paraguas” aparezca, además de “utensilio portátil para resguardarse de la lluvia”, “persona o cosa que sirven de amparo o protección”.

En el contexto de la guerra y del éxodo que numerosos fotógrafos han documentado, el paraguas testimonia así la ausencia de un hogar estable. Se abre según necesidad sobre las cabezas de los civiles que huyen de las bombas o de la miseria para convertirse en bóveda temporal que acoge y protege. Por lo menos, esto parecen sugerir los rostros de las personas que lo sujetan, como si fuera lo último que pudieran perder.

Su portabilidad, a veces abierto, otras enrollado, remite al viaje, al tránsito hacia otros lugares. Henri Cartier-Bresson da un ejemplo de su fenomenología en buena parte de su producción fotográfica, pero sobre todo en una imagen que sacó en 1945, en Dessau, Alemania. En ella se ve a un niño soviético, que había sido deportado con toda su familia, volver al fin hacia su tierra natal. El fotógrafo deja entonces una pista importante en la descripción de la foto, sin embargo, aún sin explicación llaman a la atención algunos detalles.

Foto 4: Henri Cartier-Bresson Dessau, Alemania, 1945 | Fuente: Magnum Photos

El niño aparece en el centro de la imagen, arrastra un paraguas enrollado y le rodean las piernas de otras personas que cargan maletas o sacos con sus pertenencias. Puede que el niño esté solo o que esté siguiendo a alguien que no se ve en el campo de la foto. Sin embargo, es improbable no sentir el abandono, la soledad y el peso de la guerra al fijarse en el paraguas arrastrado. No es solo por el paraguas en sí, sino por sus dimensiones que, al igual que el abrigo, cuentan al espectador una historia solo aludida: estos objetos poseen las señas de identidad de sus antiguos dueños, de los adultos que antaño los llevaron. Y así, rodeado de objetos más grandes, él aparece en toda su vulnerabilidad: pequeño, nada más que un niño en un mundo demasiado grande.

Una habitación propia

Foto 5: Henri Cartier-Bresson, Normandy. Seine-Maritime, 1926 | Fuente: Magnum

 

Dice Rankine que un paraguas constituye un techo personal y a medida de quien lo lleva y abre encima de su cabeza. Se podría pensar este gesto, aparentemente simple y banal, como la posibilidad de crearse una especie de habitación propia, que protege de las condiciones climáticas adversas, sí, pero también de miradas indiscretas. El paraguas entonces remitiría al deseo del ser humano de cortar, seleccionar su porción de mundo donde encontrarse para reflexionar sin interactuar con nadie más.

Otras veces es justo al revés: si al abrir un paraguas se puede crear una habitación propia, ¿por qué no compartirla con alguien? De ahí, la retahíla de fotos que, siguiendo el ejemplo George Seurat, muestran parejas al cobijo de un paraguas. Compartir el mismo espacio es entonces síntoma de compañerismo, de complicidad, una invitación a entrar en el mundo del otro.

Criatura de los márgenes

Foto 6: Paolo Pellegrin, Bosnia, 2012 | Fuente: Magnum

El ojo del fotógrafo inmortaliza su fascinación por este objeto demostrando también su fragilidad. El paraguas se rompe o se pierde. Su esqueleto agarrotado sorprende al fotógrafo en los lugares más impensados; entonces, él se detiene y decide que ese vestigio de objeto merece ser incluido en la imagen, y no solamente porque su estética lo merezca, sino porque en el fondo entiende que detrás reside la historia de una pertenencia, de alguien que antaño lo llevó.

“Criatura de los márgenes”, objeto maravilloso y patético, siempre útil, tanto mojado como seco, de estética sugerente, cual flor con su esqueleto bien visible. Y, en fin, criatura metamórfica que acompaña al hombre y su vida, cuenta su historia, una historia en continua transformación al igual que él.

Lisa Pelizzon

Doctora en Lenguas, Culturas y Sociedades por la Università Ca'Foscari de Venecia