Entrevista a Santiago Gamboa: «Olvidar a alguien, a veces, consiste en salir de la estela de su olor»

Santiago Gamboa nació en Bogotá, Colombia, en 1965. Estudió literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y se licenció en Filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. Después se trasladó a París, donde estudió Literatura cubana en la Universidad de La Sorbona. Santiago Gamboa es sin duda una de las figuras de la nueva narrativa latinoamericana con mayor repercusión en el panorama literario internacional.

Entrevista Santiago Gamboa

A propósito de su novela “Plegarias nocturnas” que acaba de ser publicada por la editorial Polis en Grecia, me apetecería realizarte unas preguntas en torno a tu escritura y a tu vida como escritor.

Tu novela “Plegarias nocturnas” empieza con la frase “todas las ciudades tienen un olor bastante definido” así que me recordó la de Patrick Süskind, “El aroma”. Puesto que luego los lectores se enteran de la situación triste de Manuel en su casa que olía a una loción barata, ¿tiene sentido mi correlación?

Bueno, el olor es una de las memorias más antiguas. A veces el olor nos trae un recuerdo que la mente no logra identificar, y podemos pasar mucho tiempo antes de dar con su origen. Las ciudades, como las personas, tienen olores felices o tristes. Depende también de nuestro estado de ánimo. Hay olores que en mi mundo son de izquierda, como las esencias indias, los saumerios, el pachulí. Otros, como las lociones after shave, son más bien de derecha. En el amor, por ejemplo, los olores son definitivos. Olvidar a alguien, a veces, consiste en salir de la estela de su olor.

¿Qué responsabilidad tiene un autor joven paragonado con Gabriel García Márquez? ¿Cuál era tu relación con él y con Manuel Vázquez Montalbán, quien hizo esa gran comparación?

Vásquez Montalbán escribió eso con motivo de la salida de un libro mío en Alemania. Fue muy generoso y, sin duda, exagerado. Ahora bien, eso fue en 1999, cuando no había tantos escritores colombianos conocidos como ahora. De cualquier modo, mi relación con García Márquez fue la de un lector y discípulo con un maestro. Él fue muy generoso conmigo. Fui diplomático gracias a él y, en lo literario, me ayudó a entender mis propios libros mientras los escribía, pues él pedía que se los contara de forma muy detallada. Jamás me atreví a decirle “Gabo”. Le decía Gabriel, y él siempre me miraba extrañado.

¿Cómo concebiste la idea de escribir las “Plegarias Nocturnas”? ¿Hay algo determinante en tu vida que te orientó al escribir esa novela?

Mi estadía en la India como cónsul y el escuchar los problemas de la gente. Pero también el deseo de hacer una historia muy clásica con el viejo argumento literario de “dos quieren estar juntos y muchas cosas se interponen”. Quise una novela que recorriera los lugares por los que había transcurrido mi vida en esos años. Y de forma suplementaria, quise hacer la radiografía de una época funesta para Colombia, como fueron las dos presidencias de Álvaro Uribe.

“La maldad del alma se pega al cuerpo y lo deforma”. ¿Te fíes de la suerte y de las casualidades de la vida en general que puedan afectar a uno?

Bueno, esa frase la dice uno de mis personajes, y no siempre estoy de acuerdo con ellos. Mis personajes son absolutamente libres para expresarse. En mis novelas reina la democracia y la libertad de expresión. Soy un buen gobernante en mis territorios literarios. Pero dicho esto, sí creo que la suerte modifica la vida. Muchas de las cosas que han sido importantes para mí, mi vida privada y pública, se decidieron en segundos, por casualidades. ¿Cómo no creer en ello? De no existir el azar, la vida sería una ecuación matemática.

Los escritores suelen distinguir sus obras en torno a los retos a los cuales se responden. ¿Cómo te imaginas que tu novela, un chorro de carácter de monólogo, dirigido al señor Cónsul, responda al reto de ser comparada a la escritura de Gabriel García Márquez?

R- No creo que deba ser comparada, pues mi forma de escribir es completamente distinta a la de García Márquez. En él está el Caribe, la luz trepidante del sol, las risas costeñas, la exageración, la poesía de un mundo a colores, repleto de ritmos, que expresa su sabiduría a través de la imaginación. Mi escritura proviene de otro horizonte, pues yo nací en una ciudad a 2.700 metros de altura sobre el nivel del mar, donde llueve 200 días al año y hace frío, y donde la gente es silenciosa y de mal genio.

Viajar nos ayuda a pensar mejor acerca del mundo, pero ¿Cómo se escribe esa experiencia ajena cuya reconstrucción pudiera afectar a los lectores o sea positivamente o sea negativamente? Me refiero también al Imperialismo e al Orientalismo de Edward Said, quien nos llamó la atención al modo de describir un lugar con el fin de extraer conclusiones.

Hacer una literatura viajera es algo que me interesa, pues mis libros, fatalmente, siguen mis propios pasos. Los pasos de mi vida. Y el viaje ha sido fundamental para mí. Pero el viaje a mi manera, que consiste en llegar y observar, tomar silenciosas notas, dejar que los espacios nuevos me invadan. No busco ni la postal ni el estereotipo para repetirlo, todo lo contrario. Sobre todo porque, como nos enseñó Said, ese modo de viajar no busca ni comprender ni aprender algo nuevo, sino sólo confirmar una aparente “superioridad cultural”. Así viajaban los franceses al mundo árabe en el siglo XIX, a sentirse superiores. El primer viajero verdadero, del siglo XX, fue Rimbaud. Él es mi ejemplo.

“Los libros son de quienes los leen”. ¿Qué piensas de e-books y de las bibliotecas del futuro?

La literatura es un bien inmaterial, y en principio es irrelevante dónde esté escrita: sobre papel, sobre una hoja de palma, sobre una pantalla. Pero yo, como lector, provengo de los libros de papel y tinta. Su olor y textura, muchas veces, está íntimamente relacionado con su contenido. Soy un fetichista del papel.

¿Qué significa escribir hoy en día? Ahora que ya tenemos una ciudad universal de escritores muy listos y polifacéticos, como son Borges, Gabriel García Márquez, Ernesto Sábato, Cortázar, Pacheco etc., ¿Cuál es tu aportación a ese mundo del realismo mágico o a lo que sea?

Mi aporte al realismo mágico es igual a cero. No escribo bajo esas coordenadas estéticas, pues ese mundo corresponde en la práctica al Caribe y a García Márquez. Ningún otro autor latinoamericano recorrió ese camino. Lo hicieron quienes copiaron el estilo de García Márquez, como Isabel Allende. Sus historias son muy buenas, y narradas con el estilo de García Márquez se convirtieron en un éxito internacional.