Juan Manuel de Prada: «Creo que el arte tiene una chispa divina»

La cita con el escritor Juan Manuel de Prada ha sido en el mítico Café Varela, que al igual que en el poema de Lorca, será «a las cinco de la tarde». Entre apóstoles de la literatura que nos observan nos sentamos frente al escritor y pide tres cervezas. Bragado ya en entrevistas se le observa tranquilo, dispuesto a «parar, templar y mandar» cada pregunta. Comenzó a publicar a las 24 años de edad y hasta hoy no se ha detenido un solo día en lo que considera su pasión. Ha escrito casi una docena de novelas, otros tantos relatos breves y un sinfín de artículos periodísticos. Nos pregunta acerca de la revista. «¡Es tremendo!… Salvo publicaciones con mecenas que no le preocupe perder dinero parece que se ha puesto difícil todo lo relacionado con la cultura… hay gente a quien le interesa destruir a sus destinatarios, es la pescadilla que se muerde la cola…».

Entrevista Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada || Fotografía: Vera Martín Zelich

Terminas Derecho pero sin embargo nunca ejerces.   

Estudié la carrera de derecho por estudiar algo, para no defraudar a la familia, pero con la convicción absoluta que mi futuro era la literatura; si me dedicaba a otra cosa que no fuera esto, me estaba negando una vida para la que consideraba que valía aunque fuese escasamente. Hice un bachiller de letras y consideré que lo más acorde era estudiar Derecho, pero nunca quise estudiar literatura

¿Ser escritor y no barajar la filología?

Porque considero que el escritor no debe ser demasiado consciente de lo que es la escritura. Esta tiene un componente de inconsciencia y en ese sentido tenía claro el no estudiar literatura, por lo que me decanté por la jurisprudencia. No me arrepiento de ello.

Es verdad que tengo un concepto bastante negativo de los estudios superiores. Estos son una de las mayores lacras que padecen las sociedades contemporáneas y uno de los modos de tener a la juventud entrampada, entretenida, engañada… ociosamente ocupada. Recomiendo a la gente que no estudie una carrera

¿Nos extiende el Estado cheques que no pueden pagar?

Bueno, es que hoy en día, la utilidad de una carrera es muy discutible y creo que en el futuro lo va a ser más porque, en realidad, vamos hacia un mundo en el que los títulos universitarios no tienen valor. Creo que solo deben cursar unos estudios superiores las personas que tengan una gran vocación por una disciplina en concreto, pero eso de considerar que la juventud tiene que prolongarse en una larga carrera con su máster y todo su cortejo de cursos y de tesis doctorales me parece un poco disparatado, salvo, repito personas que verdaderamente tengan una inclinación a esa disciplina y que, por lo tanto, puedan hacer aportaciones a la ciencia que cultiven.

Y después de terminar la carrera comienzas a publicar, obtienes gran relevancia con Coños, tu primer libro, y a los veintiséis te coronas Premio Planeta. ¿Fue todo muy precoz no?

Sí fui precoz, pero para los tiempos que corren. Hace un siglo una persona de veintiséis años estaba hecha y derecha. Ahora ya la infantilización de las sociedades y la necesidad de tener a la gente entretenida nos hace pensar que esta edad es poca. Lo que sí que es verdad es que me puedo considerar una persona afortunada al publicar relativamente pronto a pesar de que llevaba muchos años enviando mis libros a las editoriales y cosechando cartas de rechazo y sobre todo tuve la suerte de darme a conocer al público lector, que esto no siempre es tan sencillo. En ese sentido mi primer libro chocó mucho la atención y me propulsó. Después publiqué Las máscaras del héroe, y a los veintiséis gané el Premio Planeta que me sirvió para lo que yo más deseaba, que era escribir.

¿Para ser escritor hay que triunfar de juventud?

Para todo hay excepciones. Ahí está el caso del Conde de Lampedusa que publicó su gran novela en la vejez.

Creo que no la llegó a ver publicada.

No, no llegó a verla. Lo que sí que es evidente es que un escritor que a los treinta años no ha demostrado que tiene capacidades literarias es muy difícil que pueda considerar la posibilidad de dedicarse a la literatura. Sí, puedes con cuarenta y cinco años publicar una novela pero vas a tener que buscarte las habichuelas con otro oficio. El artista tiene que procurar manifestarse pronto. O esa es mi opinión.

Es verdad que las dificultades son mayores. Es verdad que asomar la cabeza es complicadísimo. Y en esta época pienso que el arte interesa menos a la sociedad porque nos estamos robotizando.

Entrevista Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada || Fotografía: Vera Martín Zelich

¿Es difícil sacar la cabeza en el mundo de la escritura o lo es más mantenerse a flote?

Lo complicado en la vida literaria no es tanto tener un éxito con el primer libro y que te aplaudan y alaben porque eres una novedad, como el imponerte libro tras libro y que tu trabajo tenga cierta presencia en la vida cultural. Quizá porque hoy en día la literatura se ha convertido en un oficio cada vez más precario y más penoso, generando un proceso natural que se ha producido en otros momentos de la historia, que es la sumisión del escritor a la hegemonía ideológica establecida.

En nuestra época es la ideológica, en otras épocas religiosa o política… De tal manera que efectivamente hoy en día casi todos los escritores de nuestro tiempo están ahormados por lo que Marcuse llamaba «la dimensión única del pensamiento». Son unos paradigmas culturales e ideológicos que se imponen socialmente y ante los cuales la mayor parte de los intelectuales de nuestra época se humillan y, además, de forma satisfactoria, porque ven que ahí es donde está posibilidad de seguir mamando de la teta.

Hoy en día un escritor antimoderno que abomina este paradigma lo tiene más complicado. Pero al mismo tiempo convierte su oficio en un reto mucho más apasionante.

¿Se tiene miedo a «la policía de lo correcto»?

El dinero está ahí. Las conferencias están ahí, porque las colaboraciones periodísticas están ahí. Los agasajos y sobornos del régimen están ahí.

Pero al final son cómplices.

Son hijos de su tiempo… esclavos de esa degradación máxima que decía Chesterton, «hijos de nuestra época». Hay un pasaje de Proust muy escalofriante en el que dice de sus personajes que, probablemente, el día de mañana alguien se horrorice viendo el clima moral en el que vivían sus personajes, pero ese clima moral para ellos estaba el aire que respiraban, algo natural. No podían concebir que había que salirse de ese clima moral. Este ya formaba parte de su idiosincrasia y no concebían la vida de otra manera.

En el futuro no aborrecerán entonces…

No, no… desgraciadamente visto con ecuanimidad Octavio César Augusto fue uno de los mayores genocidas de la historia de la humanidad. Bajo la mascara de a pax romana aniquiló a todos sus enemigos, combatió y masacró a diversos pueblos indígenas europeos. Hoy diriamos que es un genocida, sin embargo Virgilio escribió la Eneida a mayor gloria de Cesar Augsto y es una de las grandes obras de la literatura universal. Ha habido muchos grandes artistas desde Mozart a Velazquez que trabajaron para déspotas, pasa asesinos y para regímenes políticos monstruosos y sin embargo ahí están sus obras. Así que no creo que porque un escritor sea lacayo de la ideologías hoy boga se le deba demonizar.

Entrevista Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada || Fotografía: Vera Martín Zelich

A Borges le costó el Premio Nobel su coqueteo con el régimen.

A Borges principalmente lo que le afectó eran las bromas que hacía sobre los negros. Porque como buen burguesito porteño era bastante racista, pero por lo demás, su ideología mas allá de que la dictadura de Videla lo agasajase mucho, su ideología era la de un conservador moderado, tampoco más, pero no era ningún peligroso fascista. Tenía ese toquecito snob clasista y en algún viaje que hizo a Nueva York, se burló mucho de los negros y algún de estos jetas de la academia de Suecia guardaba los recortes y, cuando salió su nombre a relucir, los sacó y se pensó que sería un escándalo que Borges ganase el Premio Nobel.

¿Entonces mejor ser odiado que no reconocido?

Ser odiado nunca es bueno, contribuye a aumentar el odio que ya circula en el mundo y es una fuerza destructiva que es mejor reducir.

Ahí tenemos la leyenda negra.

Claro, si para ser amado tienes que dimitir de tu verdad, indudablemente es preferible ser odiado.

Hablemos de tu obra. ¿Te iluminan más Las Musas o La Divina Providencia?

(Risas) En todo caso El Espíritu Santo. La Divina Providencia te dice que abandones la escritura y te dediques a algo más provechoso. Lo que creo que en la creación artística existe lo que Horacio llamaba quid divinum, el nosequé divino… un halo que sopla sobre el artista, porque creo que, de alguna manera, el artista emula la labor creadora del Señor, ese sentimiento de bienestar y de placidez que experimentó Dios cuando al final de cada día después de crear el Mundo al final de cada uno de ellos dice el Génesis «Y vio Dios que era bueno». Y eso cualquier artista lo habrá experimentado. Sientes ese sentimiento de comunión con el mundo que te da la creación cuando has dejado en ella lo mejor de ti mismo entonces yo creo que en eso hay una chispa divina.

Evidentemente para un incrédulo esto será una majadería, pero luego al final conoces a muchos incrédulos que en cambio piensan que, si escriben con el ordenador en tal postura o si escriben de tal a tal hora, escriben mejor. Como decía Chesterton, «dejamos de creer en Dios y empezamos a creer en cualquier cosa». Creo que el arte tiene una chispa divina. Es el acto humano que más se aproxima a lo divino y en este sentido tengo una visión trascendente de mi oficio. Pero nada más. La gracia actúa a través de la naturaleza, al final lo que uno hace más allá de que esté inspirado es algo que depende de tu propio esfuerzo y entrega. Yo no creo en ese tipo de escritor que dice «que me visite la inspiración». Es una renuncia diaria y constante.

Que la inspiración nos pille trabajando, como dijo Picasso.

Efectivamente. Cuando uno sienta una vibración especial, un temblor especial, sean momentos en los que estamos trabajando.

Pero a parte de todo esto, también hay que luchar contra personas que ya están asentadas, como lo que hablas en Mirlo Blanco, Cisne Negro.

Desgraciadamente las sociedades capitalistas tienen ventajas y una de ellas ha sido que de repente por la literatura que casi nunca había dado para vivir, salvo que dependieses de tu mecenas pues en los siglos XIX y XX permitió vivir a muchos escritores y esto hay que reconocerlo. También el capitalismo tiene leyes implacables como son el afán del lucro que es un impulso diabólico, y ese afán de lucro siempre lleva los editores a proponer no aquello que merece ser conocido por su calidad, sino aquello que alaga los bajos instintos de la plebe, aquello que enardece las bajas pasiones y así hoy, desgraciadamente, vemos cómo se produce un deterioro generalizado en el ámbito editorial en el que en las grandes editoriales ya no publican porque sean obras valiosas sino por razones extraliteraias.

¿Nos lleva esto al turnismo de escritores?

Las editoriales siempre se han movido por razones comerciales, pero hoy en día es ya algo abusivo y asfixiante. A todo este fenómeno de no dejar subir al que viene detrás de ti, ayuda el desinterés mayor que existe hacia la literatura que hace que un editor entre publicar a un joven talento o a un veterano romo y mostrencos se decante por este. Antes se hubiera decantado por el autor novel, hoy más por el veterano. Pero en el ecosistema literario también ocurre que los instalados como dices tienen a mirar con recelo a los neófitos y tratan de poner zancadillas en su camino y actuar de tapón.

Entrevista Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada || Fotografía: Vera Martín Zelich

Nos auguras un futuro desolador…

No, en lo más mínimo. Yo creo que el presente es desolador, y precisamente porque el presente es desolador tenemos que combatirlo para que el futuro sea distinto.

Retomando el tema de tus novelas, al igual que en el catolicismo encontramos a la muerte presente.

¡La muerte! El amor y la muerte son los dos grandes temas literarios. No creo que esté especialmente presente, pero en el horizonte de toda la vida esta la muerte y es lo que nos da sentido y nos hace preguntarnos de forma agónica cosas que si no nos murieramos no nos preguntaríamos, por ello es natural que este sea un gran tema literario. De hecho, lo preocupante es que hoy en día casi no lo es. Vivimos en una gran mentira en donde la muerte se esconde.

¿Esta disminución del tema es por causa de la disminución de la presencia del cristianismo en Europa?

Sin duda alguna. La vida eterna y el cristianismo siempre han ido de la mano y cuando sucede esto, puedes hablar de la muerte con naturalidad. La muerte se convierte en un tema del mal gusto que conviene soslayar precisamente cuando has dejado de creer en la vida eterna. Se genera una visión del arte muy apegada a esta vida; que esta vida es bastante limitada y penosa entonces la tienes que falsificar, queremos crear una especie de paraíso…

¿Una arcadia feliz?

Sí, es una cosa grotesca y eso genera muchas quiebras psicológicas. Hoy en día hay cada vez más gente deprimida, amargada y trastornada por este empeño en traer la vida eterna a la tierra y tropezarse con una realidad que lo desmiente por completo.

Y correr un tupido velo en el tema.

Sí, ocultar la muerte y la decrepitud. Ocultar la decadencia humana. Hoy en día los negocios más prósperos son la residencia de ancianos y la cirugía estética.

¿Por qué libro quieres que te recuerden?

Me gustaría más que me recordasen por un escritor que amó su oficio y le dio lo mejor de el en cada libro. Es verdad que hay libros que nos quedan mejores que otros, pero siempre he escrito la verdad. Nunca he escrito libros de encargo que no tengan que ver conmigo, ni he aceptado escribir novelas de tal o cual género porque en ese momento estuviesen en boga, los libros que he escrito han nacido de mi verdad humana y personal.

¿Y algún personaje?

El de Octavio Saldaña. Es como una especie de reverso oscuro de mi mismo. Una especie de proyección malvada y destructiva de mis mismo. Un trasunto mío. Tiene un componente de villano, pero también conmovedor y doliente y es sin duda el personaje que mas estoy orgulloso de todos lo que he escrito.

Hablemos de cine. Me consta que has escrito algún guion.

He escrito algún guion pero sin bastante fortuna. Escribí uno basándome en mi libro La Tempestad, pero al final utilizaron otro guion. Mi relación con el cine es más bien tormentosa.

La preparación para una novela y un guion no tienen nada que ver, ¿verdad?

No, son géneros totalmente diferentes. Dan cada uno importancia a cosas muy diversas El guion es un género literario, pero ante todo tiene que evocar imágenes, es un género despojado donde la literatura debe quedar reducida al esqueleto, para dar salida a una naturalidad humana que sea traducible en imágenes.

Porque quería hacer otro tipo de película. Pero esto ocurre muchas veces. A lo largo de la historia del cine muchas adaptaciones no tienen nada que ver con el original en el que se basaron.

Entrevista Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada || Fotografía: Vera Martín Zelich

También hay veces que han llegado a ser mejor que el libro.

Sí, todas las películas de John Ford están basadas en libros bastante mediocres. Normalmente de la mala literatura se pueden hacer grandes películas. Es más difícil hacerlas de las grandes obras literarias. Hay muy pocas.

Colaboraste con Garci en ¡Qué grande es el cine! Y tuviste un programa llamado Lágrimas en la lluvia.

En el caso de Garci era solo una colaboración, no tenía nada que ver con la dirección del programa. Lagrimas en la lluvia fue un programa que dirigí yo y que hice en colaboración con mi mujer. Fue una experiencia muy gratificante en algunos momentos, desilusionantes en otros. Una experiencia que me enseñó muchas cosas y de la que no me arrepiento pero que desgraciadamente no tenía cabida en nuestro mundo. Era un programa de fondo con una visión desde el pensamiento cristiano que hoy en día lo tiene muy difícil y desgraciadamente acabó por una concurrencia de motivos.