En la terraza del elegante café comercial nos esperaba Eslava Galán. La fotógrafa, María Eugenia, y yo, con cautela, nos acercamos hasta su mesa: «¿Eslava Galán?» (¡como si no le pusiéramos cara!) ¡Hombre, Guillermo! (¡como si me pusiera cara!), tras el repentino saludo, su mujer marchó. Tomamos unos cafés a los que invitó  porque sois jóvenes y estudiantes.

Entrevista Juan Eslava Galán

Encima de la mesa dejé sus historias para escépticos de la primera y segunda guerra mundial. Los señalo y pregunto para romper el hielo: «¿con cuál disfrutó más?» Comienza la entrevista…

Libros de Juan Eslava Galán // Fotografía: María Eugenia Martín Herguedas

Hombre… quizá disfruté más escribiendo sobre la segunda guerra mundial. No por nada, simplemente porque estoy más interesado, pero realmente es la misma guerra con un descanso intermedio. Sin duda alguna es la misma guerra.

Se cometen demasiadas barrabasadas en ambas.

El espíritu de los pueblos… Todos los problemas de la historia moderna parten del nacionalismo. Una idea romántica gestada en el siglo XIX. Como la humanidad es bastante simple caemos en la trampa del nacionalismo con mucha facilidad.

Vamos con una pregunta manida pero que me apetece hacer: ¿Cuánto cuesta ser escritor en España?

Mi nivel es intermedio, pero cuesta mucho. He tenido la suerte de que me dieran el premio Planeta y por ello no tuve ningún problema para publicar. Pero normalmente el mundo editorial es un negocio. Si no tienes nombre, no tienes lectores y si no tienes lectores no te publican. Pero… ¿cómo vas a tener lectores o nombre si no te publican? Es la pescadilla que se muerde la cola. En España, tradicionalmente, la gente se ha ido abriendo camino por medio del periodismo o ganando premios literarios. Me temo que, en el futuro, el escritor joven no va a poder vivir de esto.

Se publican, solo en España, casi más de 100.000 libros anuales. ¿Cómo hacerse un hueco cuando según parece seguimos leyendo poco?

Aquí publicamos más que en Alemania y tiene el doble de población. Lo que ocurre es que una gran cantidad de esas publicaciones son, con todos los respetos, el anuario de una empresa o de una cofradía de tipo local o autoediciones de autores que están desesperados que pagan por 500 ejemplares sabiendo que no los van a vender. Todo esto suma en el número de publicaciones. Aparte, siempre existe aquello de que España es un país sin lectores. No estoy de acuerdo. Efectivamente tenemos unos niveles de lectura de los más bajos de la Unión Europea, pero también hay que destacar que las nuevas generaciones leen más de lo que leían las anteriores. No sé hasta qué punto esta tendencia está ligada al mundo de Internet.

Juan Eslava Galán cultura entrevista literatura

Juan Eslava Galán || Fotografía: María Eugenia Martín Herguedas

Debería facilitar la lectura, sí.

Sí, en cierto modo sí… La visión tradicional es que lectura es algo de pocos. Lectores fijos como mucho serán el 10 por ciento de la población. Algo parecido pasa con los periódicos.

¿Cuándo se puede vivir de esto sin ganar el premio Planeta?

Hay casos… gente que se ha abierto camino por sus propios medios, pero por algunos que llegan muchos se quedan en el camino y es una pena porque suelen ser buenos escritores. Estoy en varios jurados y me consta que hay buenos escritores que no tienen nombre. Además, ves que la novela está bastante mejor que muchas cosas que sí se publican.

¿Cómo es su día a día literario?

Estoy jubilado de muchas cosas, entonces no pongo nunca el despertador. Cuando despierto, que suele ser entre las cinco y seis de la mañana, me levanto. Me acuesto pronto, sobre las diez y media, once. Me levanto y me pongo a trabajar. Cuando llevo un par de horas, desayuno, me ducho y sigo trabajando. A media mañana hago otro parón. Salgo y voy al mercado. Normalmente hago yo la comida. Hago la comida, la siesta con el telediario puesto y por la tarde echo otro rato de trabajo. Luego salgo a dar un paseo, o voy al cine con mi mujer, veo alguna serie que nos guste… En fin, una vida muy normal.

¿Es un lector que ha tenido la suerte de dedicarse a lo que le apasiona?

Cuando alguien me pregunta que he hecho para ser escritor siempre digo que hay que realizar cuatro fases: la primera es leer, la segunda leer, la tercera leer y la cuarta escribir. Hay que leer muchísimo, si es posible de gente que te enseñe. Hay que leer mucho antes de escribir, o, al menos, simultáneamente. Siempre leer más que escribir. Vas fijando un estilo y vas aprendiendo leyendo. No hay otro camino.

¿Cuánto tiempo le dedica a la lectura?

Ahora prácticamente no hago novelas. Para documentarme tengo que leer mucho. Trabajo como mínimo ocho horas, incluyendo sábados y domingos, a veces incluso diez horas. De todas estas horas, por lo menos la mitad o más, es lectura. Pero una lectura muy positiva, tomando notas que me servirán para que luego voy a escribir.

¿Cómo selecciona la temática?

A veces, sobre todo en años pasados, la editorial me sugería algo y a mí si me parecía bien cogía la idea. Algún libro lo he hecho por encargo y no estoy cerrado a hacerlo si lo que me proponen me apetece. Normalmente son temas que a mí me interesan. Por ponerte un ejemplo, hace 35 años Vallejo Nájera, que era muy amigo mío, me propuso que hiciera un libro sobre los templarios. Le dije que estaba harto de templarios porque ya había hecho cosas del estilo. Así que me dio una lista de temas. Había uno sobre torturadores y verdugos. Era un tema del que no sabía prácticamente nada. Me documenté mucho y aprendí. Puede que hoy sea el mayor especialista vivo en verdugos, garrotes, torturas… (risas)

¿Por dónde parte en el proceso de documentación e investigación?

Primero tienes que ir conociendo un poco el tema en el que te vas a adentrar. Cuando tienes ciertos conocimientos, sabes qué libros ir escogiendo. Incluso puedes ver qué hueco falta por cubrir con tus investigaciones. Soy doctor en historia entonces sé lo que son los archivos pero con la edad que tengo ya no me mancho las manos de polvo. Tienes que seleccionar, de todo el montaje, qué cosas buenas hay.

Con su investigación capacita para que sus lectores comiencen otras lecturas.

Claro, por supuesto. Además pongo empeño en ello. La manera en la que escribo es con una relación muy directa con el lector. Si un libro me ha gustado lo digo y recomiendo. Si no me ha gustado lo omito o digo que no me ha gustado

Hace lo mismo con películas.

También películas, sí. Hace poco vi un prestreno que hizo la embajada noruega. No recuerdo el título pero es la historia del rey noruego cuando se encontró con que los alemanes habían invadido el país. Una película excelente. Ahora, por ejemplo, se están abriendo poco a poco los archivos rusos y es posible que esto cambie parte de la historia que hasta ahora no sabíamos. Los americanos, que se llevaron todo lo que pudieron de Alemania, no han tenido investigadores suficientes para sacar toda esa documentación a la luz. Ahora están sacando imágenes inéditas filmadas por un secuaz de Göring.

Creía que lo había destruido todo en su casa de campo.

La casa la dinamitó, pero previamente se llevó todo lo que pudo.

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Juan Eslava Galán || Fotografía: María Eugenia Martín Herguedas

¿Qué periodo de la historia le apasiona más?

Me apasionan distintos periodos. Mi tesis doctoral fue sobre fortificaciones bajo medievales. La Edad Media me interesa. Roma me interesa. El cristianismo me interesa. En realidad, todas las cosas que nos tocas un poco. Nada humano me es ajeno, como diría el sabio.

En sus libros siempre intenta meter un granito de arena nuestro

Yo escribo para lectores españoles y me interesa mucho nuestra repercusión. La primera guerra mundial fue fundamental para entender muchas en España. Los catalanes y vascos, se lucraron mucho con ella por ejemplo…

¿La barbería El siglo y el bar El Gorrión son reales?

Esos lugares pertenecen a mi infancia y juventud. Vivía en el barrio donde estaban en Jaén. He estado pelándome en la barbería incluso cuando vivía en Sevilla y he vivido allí 27 años. En cuanto al bar, lo mismo te digo, allí me tomé mis primeras copas aunque lo han cerrado hace poco.

¿Se habrán llevado el jamón? (En este bar, según cuenta Eslava Galán y se puede ver en sus libros, apostaron los parroquianos por ver quién ganaba la segunda guerra mundial, perdieron los que apostaron por el eje. Pagaron un jamón y seguía por allí desde aquel entonces)

Están traspasando el bar así que… lo traspasarán con él -espero- (risas)

¿Los personajes que nombras también son reales?

Algunos sí y otros no. El último libro que he escrito, sobre la revolución rusa, había tal cantidad de personajes que el lector se iba a perder. Entonces, lo que hice, fue inventarme un personaje en el que metía circunstancias biográficas de ocho o nueve personajes. Por ejemplo, me he inventado un maestro joven, comunista, que pretende arreglar el mundo. Piensa que en las grandes ciudades el comunismo es muy teórico y hay que ser más prácticos para redimir al campesinado. Él va a una aldea perdida para hacer apostolado. Cuando lleva tres meses allí los propios campesinos lo denuncian (risas) y el tipo se va cabreado. Vuelve a San Petersburgo y dice que les den por culo a esa gente, me meto en la policía (risas). He encontrado algunos ejemplo. El fundador del NKVD había sido un tipo muy religiosos y quiso estar con los jesuitas.

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Juan Eslava Galán || Fotografía: María Eugenia Martín Herguedas

El propio Stalin estuvo en el seminario, y su madre de broma le decía que más le había valido ser cura.

Sí, pero lo del seminario era más normal entonces. Cuando un chaval pobre no tenía recursos se le mandaba al seminario.

¿Cómo compaginó el profesorado con la escritura?

Durante un tiempo lo hice. A mi me daba cierta timidez decir que era escritor, para mí esto era una palabra complicada. Hasta que llevaba doce libros publicados y tuve que aceptarlo (risas). Nunca quise dejar de ser profesor, pero el éxito me hizo dedicarme por completo a la escritura. He ido creciendo en lectores y no me quejo.

Y… en materia de educación, ¿tenemos alguna solución?

Creo que no, porque la solución no puede pasar porque la educación la ponga el Estado. Los padres tienen que tener la obligación de educar a sus hijos en casa y en la escuela tienen que obtener conocimientos. Ahora, los padres modernos consienten a los niños, se les suben a las barbas y no les dan educación. A un niño sin domar, sin educar, no se le puede enseñar. El problema no es el profesor, porque sabe más que nunca.

Dices en tu libro que el Estado del bienestar lo crea el reino de Prusia para proteger al Estado no al ciudadano.

El Estado te da ciertas garantías como la seguridad social, peor a cambio tienes que estar a su servicio. Tienes una serie de obligaciones. Los prusianos se adaptaron muy bien porque se amoldan cojonudamente a la disciplina.

¿Por qué y para quienes son sus historias escépticas?

Al principio, y durante muchos años, cuando estaba haciendo un ensayo me salía una novela y viceversa. Ahora creo que me salen ensayos novelados. Son historias escritas con cierto cinismo, descreimiento sobre lo que nos quieren hacer creer. Digamos que soy escéptico y pretendo hacer lo mismo con el que está dispuesto a serlo. Aparte, los lectores saben que si pone «escéptico» saben con qué se van a encontrar.

¿Es complicado ser escéptico en la época de lo políticamente correcto?

A cierta edad dejas de ser políticamente correcto. Antes decía cosas con cierto disimulo, a veces, exponía ideas con menos fuerza de lo que lo hago ahora. Ya no lo hago. Simplemente digo lo que pienso y ya está.

¿Qué es más complicado, la novela, el ensayo, poesía…?

Hace mucho tiempo que no escribo poesía. He seguido escribiendo sonetos pero solo de vez en cuando. El escritor tiene que reflejar aquello que le va bien. Aunque partamos de imitar a grandes escritores debemos encontrar nuestro propio encaje y voz. Es importante sentirte cómodo con esa voz, que no sea impostada y creo que eso después de casi cien libros lo he conseguido (risas).

Trabajando casi diez horas diarias es relativamente fácil escribir dos libros anuales. ¿Los que tardan cuatro años no escriben diez horas diarias?

Evidentemente no. Aunque hay gente que escribe más rápido que otras, pero creo que aquellos que tardan cuatro o cinco años en escribir una novela es porque no están plenamente dedicados a escribir el libro. Yo, por ejemplo, no tengo vida social alguna. He renunciado a eso. No porque sea un asceta de la literatura, es porque no me interesa, y como no me interesa, hago lo que me da la gana que es escribir y leer. En tertulias y estas cosas… me llevo bien con todos los escritores, pero de tener conversaciones, comer, con tres o cuatro. Entre ellos, Javier Sierra, Posteguillo y Pérez-Reverte. Buenos amigos que, por cierto, no pierden el tiempo.

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Juan Eslava Galán || Fotografía: María Eugenia Martín Herguedas

¿Crees que has marcado el camino contando la historia de una forma especial?

Esta forma de contar la historia no es un invento mío. En España ya va habiendo gente que la cuenta así. He vivido en Inglaterra y he leído mucho ensayo histórico inglés y he aprendido de ellos. Escriben sin intentar deslumbrar al lector, informando. Aquí se intenta deslumbrar diciendo «verás lo que sé yo».

Yo regalaría tus libros a cualquier adolescente con ganas de historia.

Algunos libros los escribí para mis hijas cuando eran adolescentes. Antes vivían en Italia y no tenían mucha idea de la historia española. Venían de vacaciones, entonces escribí La historia para escépticos para darles unas lección de historia y lo leyeron en verano. Cuando fueron más mayores me preguntaban sobre la guerra civil e hice La guerra civil para escépticos. Luego me ha servido para  ayudar a muchos lectores.

¿Los escritores prolíficos también sufren de lagunas?

No es mi caso. Tengo tantos temas, tantas carpetas con ideas…. Que sé que por mucho que viva no me va a dar tiempo a hacer todo lo que quiero. Pero si sé por amigos que de repente te encuentras con que no sabes qué hacer. Tengo una norma cuando acabo un libro, todos los libros que me han servido para hacer el mío los cambio de lugar y lleno la estantería con los libros de mi nuevo libro.

¿Por qué Nicolas Wilvox?

Antes era más anárquico y me gustaban, me siguen gustando, ciertos escritores de best sellers. Además, pienso que hay que leer estos libros de éxito para saber por qué lo han tenido. Un verano dije, voy a escribir un libro tipo best seller. Cuando lo fui a publicar dije «esto puede decepcionar a mis lectores» así que me inventé un seudónimo. Para mi sorpresa el libro se vendió muchísimo. Hice cuatro más y terminé por cansarme de Wilcox y se supo que era yo. Lo curioso es que Wilcox vendía tres veces más que yo.

¿Por qué este nombre?

Fue un poco al azar. Wilcox porque un colega mío de Oxford se llamaba así y Nicolas porque sonara un poco español.

Para terminar, ¿cuáles son sus referentes literarios?

A los que releo, a mi edad se relee más que leer, son Ramón J. Sender, Cunqueiro, Pérez Galdós, Cervantes…