Domenicos Theotocopoulos era un nombre demasiado difícil de pronunciar si vas a pasar a la historia como uno de los pintores con más fama en la España renacentista. Por ello, las obras del artista son conocidas bajo el apodo, herencia de su país natal, de el Greco.

El pintor nació en Candía, capital de Creta, hacia el 1541. El don pictórico que le daría sustento durante su vida está presente desde los albores de su carrera. Así pues, a la corta edad de 22 años, el Greco ejerció como maestro de pintura, tal y como atestiguan documentos de la época en Creta. Tal fue la ambición del Greco por lograr el reconocimiento como artista, que ni siquiera la falta de presupuesto, frenó sus deseos de aventurero. Por ello, se le concedió un permiso en 1566, para subastar una de sus primeras obras conocidas, “La Pasión”. Con el dinero logrado en dicha venta, el Greco emprendió el primero de sus viajes.

Empieza la aventura

Entre 1567 y 1570, el Greco residió en Venecia. Allí, tomó contacto con las técnicas de los pintores del alto renacimiento. Tiziano pasó a ser un modelo para su técnica. A pesar de dicha influencia el Greco nunca abandonó el estilo bizantino que le había amamantado desde siempre. Inconformista, no le detuvo el modesto éxito en Venecia y abandonó dicha ciudad.

El Greco La Trinidad

La Trinidad una de las primeras pinturas del Greco en Toledo || El Greco, commons.wikimedia.org

El segundo alto en el camino antes de asentarse en España, fue Roma. En la ciudad eterna, la figura del Greco comenzó a tener fama en la corte del cardenal y es por ello que, tras abandonarla, le otorgaron el derecho de formar parte de la Asociación gremial de Roma (Academia de San Lucas) y de abrir su primer taller propio. Es allí donde empezó a trabar contactos y amistad con diferentes nobles de la corona española. El Greco ya había tomado contacto con los tres estilos que serán los pilares de su obra. Uno de ellos, el manierismo, será el que más se reflejará en sus obras y esos rostros alargados y fantasmales que cuelgan, sobre todo, en el Museo del Prado.

La principal hipótesis apunta que el viaje a España se vio motivado por la posibilidad de entrar al servicio de Felipe II para trabajar en la obra decorativa del monasterio de El Escorial. Sin embargo, los primeros lienzos que se han documentado en España de el Greco se localizan en Toledo. Son las obras de El Expolio y otros tres lienzos, realizadas a petición de la Catedral de Toledo y el Monasterio de Santo Domingo el Antiguo respectivamente.

La peculiar musa del Greco

No hay pintor sin musa. La musa del Greco no fue otro que su propio hijo. Jorge Manuel fue el fruto de una relación con Jerónima de las Cuevas. Aunque el maestro nunca llegó a casarse fue un padre entregado y preocupado por la educación de su hijo. Tal fue el amor paterno por su único hijo natural que lo retrató en la figura del paje en una de sus obras más conocidas, El entierro del conde de Ordaz.

El entierro del Conde de Ordaz de El Greco

El entierro del Conde de Ordaz || El Greco, commons.wikimedia.org

El hecho de que solo hubiera una única mujer, al menos conocida, en la vida de el Greco, su forma de vida totalmente extravagante, caprichos fuera de lo común en la época o una estrecha amistad con su criado han dado origen a la suposición de que el Greco fuera homosexual. Esta afirmación no tiene fundamento alguno, por lo que únicamente es una conjetura que algunos historiadores se han aventurado a decir.

Sin embargo, alejándose de la prensa rosa de la época, lo que no se puede discutir, es que el Greco encontró en la ciudad de Toledo una residencia en la que poder aflorar artísticamente. Es por ello que apenas salió de la ciudad. Solo lo hizo en cortas estancias por ciudades de la Península.

Tras el rechazo de Felipe II, el Greco se vuelca en la ampliación de su taller, algo en lo que también involucra a su hijo. La creación de retablos para monasterios y pequeños retratos para clientela privada fueron los únicos sustentos para uno de los pintores más famosos y extravagantes del Renacimiento. Admirado y querido, su figura ha sido ensalzada por diversos grupos de intelectuales de España, como por ejemplo la Generación del 98. Domenicos Theotocopoulos falleció en Toledo sin haber dictado testamento.