Djalma Feitosa Dias aterrizó por primera vez en el aeropuerto coruñés de Alvedro en el mes de julio de 1997. Djalminha llegó por un precio razonablemente alto para la época. Mil quinientos millones de pesetas pagó el mítico Augusto César Lendoiro, presidente del RC Deportivo al Palmeiras. Se convirtió en el fichaje más caro de la historia del deportivismo, una pequeña losa para el jugador.

Djalma llegaba a España sembrando dudas. No tenía experiencia internacional y jugó en el equipo japonés Shimizu_S-Pulse. Esto solo sirvió para seguir generando desconfianza sobre él. La grada de Riazor recordaba aún de los tiempos de Bebeto y el Superdepor. También la reciente salida de su jugador estrella, Rivaldo. Los hinchas se repetían una y otra vez aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Tenían la convicción de que nada volvería a ser como antes.

Djalminha era un diamante a medio pulir, una pieza verdaderamente exclusiva. La afición del deportivo empezó a comprenderlo así en su primera temporada, en un año donde el Deportivo quedó el duodécimo en la tabla de la liga. Muy lejos de sus mejores tiempos. En cambio Djalminha terminó como máximo goleador del equipo y como jugador franquicia dentro del esquema de José Manuel Corral.

Con la llegada de Javier Irureta al RC Deportivo, se inició la época más dorada del club. Corría la temporada 1998/1999, segunda temporada de Djalminha en el equipo. El Deportivo firmó un escandaloso inicio de temporada, reactivando así las mermadas expectativas de la afición de Riazor.

La magia de Djalma estaba cada vez más asentada al club y la ciudad. Su fútbol era cada vez de mayor detalle, imprevisible y atrevido. Regates inverosímiles, penaltis a lo panenka y todo tipo de habilidades complementarias, el juego de un futbolista que exhibía tanto talento innato como falta de actitud táctica.

DjalminhaLa liga 98/99 fue la del regreso del equipo a competiciones europeas, pero la realmente exitosa fue la 99/00. Djalminha contribuyó de manera decisiva a que el club gallego alcanzarse el mayor éxito de toda su historia, con la consecución de su primer título de liga.

Tras ganar la liga, Djalminha empezó a tener problemas en el club. La relación con Javier Irureta era cada vez más tensa. Jabo era un devoto del sacrificio táctico, cosa a la que Djalma no estaba dispuesto a prestarse. Cada vez era más común ver al jugador en el banquillo, decayendo su participación en el equipo. Los buenos resultados de Irureta sin Djalma en el equipo titular. Las cosas se complicaban para el brasileño.

En la memoria de todos queda el incidente durante un entrenamiento entre Jabo y Djalma. El brasileño no dudó en golpear al vasco con un cabezazo. Parece que las instrucciones tácticas no gustaban al jugador.

Djalminha fue capaz de dejarnos con la boca abierta con cada control, golpeo, o genialidad que salía de sus botas. Sin duda un futbolista egocéntrico, anárquico, infantil, pero ante todo era un mago del balón. Uno de esos pocos jugadores merecedores de pagar una entrada: ver su extravagancia futbolística sobre el terreno de juego no tenía precio. ¡Qué futbolista!

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