Hay profesiones reconocidas. Hay otras que no. Los médicos, los arquitectos, los violinistas, todos ellos son considerados adelantados, gente inteligente y respetable, epítomes de lo que es capaz de hacer la cultura occidental. Luego están los profesionales de la enfermería o los violas. Cargan con el estereotipo de ser segundones y, simplemente, casi nadie conoce su labor o lo que esta significa. El caso de los efectos especiales digitales, VFX, pertenece más al segundo grupo que al primero, aunque gracias a personas como Carolina Jiménez, el sector está dándose a conocer.

Carolina es madrileña pero vive en Vancouver. Actualmente trabaja en el departamento de Layout de Scanline VFX y su historia representa lo que suele significar ser artista 3D en España: lanzarse al extranjero tras luchar por encontrar un hueco en el cine. Su trayectoria es notable, pero ella no le da excesiva importancia y destaca que tiene bastantes compañeros con tramas vitales parecidas. Simplemente, a Carolina Jiménez le gusta más hablar. Y escuchar. Desde unos estudios de arquitectura en los que no se encontraba a gusto, escaló hasta cotas tan altas como El Hobbit, para finalmente llegar a Vancouver, una de las capitales del cine mundial.

carolina jiménez con stormtrooper

Carolina Jiménez. || Kerp Photography

Entrevista a Carolina Jiménez

¿Cómo fue el proceso de pasar de arquitectura a cine?

Yo no quería estudiar arquitectura desde el principio, quería ser científica. Me gustaba mucho la astronomía, la biología… he sido una enamorada de la ciencia desde muy niña. Pero por presiones familiares empecé arquitectura. La arquitectura es una carrera maravillosa porque combina tecnología con arte. Como estudios eran muy interesantes, pero como profesión no me llamaba. No me veía toda la vida como arquitecta, es muy tedioso: un 80% papeleo y cálculo y un 20% creatividad. Seguía porque no sabía qué hacer.

En esta época empezamos a tirar los planos por ordenador, con Autocad, y los programas 3D se abarataron. Ahí se me encendió la luz: me pasaba horas, noches enteras, modelando naves espaciales, armas… Pero era una afición. Dejé arquitectura. Ese mismo año se estrenó La Comunidad del Anillo y en verano salió la versión extendida. Venían 4 DVDs y por primera vez vi cómo se hacían las películas: las armas, las maquetas y, sobre todo, la parte digital. Dije: “Esto del 3D sí que puede ser una profesión, ¡sigue con ello!”

Y hasta ahora.

¡Sí! Busqué en Madrid escuelas de 3D. No había mucha cosa, creo recordar que eran dos. Pero me informé, me matriculé y ahí empezó todo.

He leído en alguna entrevista previa que estuviste trabajando al tiempo que estudiabas, algo común antes y ahora.

La decisión de cambiar de carrera fue mía y la responsabilidad de pagarlo también debía serlo. Así que no me quedó otra que empezar a trabajar mientras estudiaba. Pero no me costó nada por el hecho de que estaba estudiando lo que me gustaba. Por las mañanas iba a las clases de 3D y por las tardes me dedicaba a dar clases particulares, prácticamente de todo. De esta forma y con apoyo familiar me pagué el máster.

Hiciste algo de modelado en arquitectura y después a Águila Roja, ¿no?

Al principio, como tenía estudios en arquitectura y la burbuja inmobiliaria todavía era importante, trabajé en arquitectura 3D. Estaba muy de moda y todas las constructoras querían tener su casa en 3D. Aquello me ayudó a despegar, pero en cuanto pude cambié. Hacía mis proyectos, mis cortos y trabajé para un par de empresas tecnológicas. Gracias a que tiraba muchos curriculum, para tener trabajos de freelance, surgió lo de Águila Roja.

Una pequeña productora a la que le habían encargado las casas 3D para la serie me contactó para que las hiciera yo. Fue la primera vez que pude meter la cabecita en el mundo, no del cine, pero sí de la televisión. Fue un buen comienzo, me hice todos los edificios virtuales y los entornos texturizados de Águila Roja. Pude así tener una reel más enfocada al cine, a la industria audiovisual. Gracias a ello al mandar mi curriculum a Ilion, que estaban por entonces con Planet 51, me llamaron.

El corto que hiciste para final de máster, Every Storm, te funcionó bien.

Bueno, ahora lo veo y me da mucha vergüenza. Pero eso lo hice yo sola en la escuela. Después de terminar las clases nos dejaban usar los ordenadores. Estaba animado, modelado, diseñado y montado por mí. Entonces estoy muy orgullosa de ello, pero cuando lo veo ahora me da un poco de vergüenza. Los programas han mejorado mucho y los chavales hacen ahora unas cosas que digo: “¡bueno, madre mía lo que yo hacía…!” Pero fueron mis comienzos, hay que estar orgullosa de ellos. Lo mandé, físicamente, a todos los festivales de España que tenían sección de animación y gané varios. Así que la cosa no estaba tan mal por entonces, aunque ahora sea algo doloroso de ver.

De Ilion pasaste a Dr.D en Australia, luego a Londres y finalmente a Weta.

Una vez entré en el mundo del cine todo fue más rodado, aunque estuve tres años en Madrid trabajando en empresas de otras cosas y mandando curriculum sin parar a todos los estudios de animación del mundo. Me llamaron de Australia y con mucho miedo agarré los bártulos y allá me lancé. A partir de ahí fue más sencillo. Tras terminar Happy Feet 2 me llamaron de Londres. La película fue la última del estudio (Dr.D) y nos echaron una mano para encontrar trabajo. MPC se interesó por mí y antes de salir de Australia ya tenía trabajo.

Te recorriste la Commonwealth entera… Debió estar guay, algo como dar la vuelta: empiezas viendo extras en La Comunidad del Anillo y acabas trabajando para El Hobbit.

Esa fue la cumbre, era mi sueño. ¡Llegar a trabajar algún día con gente como aquella! Con Peter Jackson, en Weta, en Nueva Zelanda y en una película de Tolkien. Les mandaba el curriculum una vez al mes, creo que me contrataron por no denunciarme por acoso. Se lo mandaba desde que salí de la escuela, fíjate lo optimista que era, y en cuanto vi que la oportunidad no era tan lejana les volví a escribir y me contestaron… casi me desmayé. La noche que recibí el mail lloré mucho. Un par de días después me hicieron la entrevista por teléfono. Así que cuatro meses después de llegar a Londres les tuve que decir que me había llamado Weta y me iba.

La lección es que ser cansino funciona.

¡Ya lo creo que funciona! Obviamente hay que hacer lo posible para ser bueno en lo tuyo, pero nadie va a llamar a tu puerta. Hay que ser “muy” pesado, porque nunca sabes en qué momento van a necesitar a alguien como tú.

La experiencia en nueva Zelanda, el irte a las antípodas… Tu pareja se fue contigo, pero, ¿a nivel personal qué significa estar moviéndote todo el rato?

Es una aventura. Como lo de Australia era temporal mi chico no se vino, fue una especie de prueba. A Londres me fui con pocas ganas porque no me gusta mucho la ciudad. Además, no es tan dramático, está cerca de casa. Cuando llamaron de Weta obviamente la cosa cambió, ahí sí. Veníamos ya mascando la decisión. Mi chico tenía su negocio en Madrid y tuvimos que cerrarlo, alquilar el piso, vender los coches y cerrarlo todo. Aunque ahora estamos acostumbrados, pasamos mucho miedo.

Todo el mundo dice que Nueva Zelanda es la Tierra Media.

Tal cual. De hecho, viendo los documentales de El Señor de los Anillos se ve que los exteriores están rodados al natural. Creo que hay muchos planos en los que no tuvieron ni que borrar casitas, cables eléctricos o carreteras porque hay zonas de Nueva Zelanda donde directamente no las hay. La naturaleza allí es exactamente lo que veis en las películas.

Conociste a Ian McKellen y a otros cuantos. Tuvo que ser la leche.

Sí, lo fue. Además, estuve allí cuando estaban acabando la primera película de El Hobbit y no habían empezado a grabar la segunda, así que coincidí con algunos de los actores. Eso es algo poco habitual en mi profesión, porque normalmente nuestro trabajo empieza cuando ya se ha acabado el rodaje. Pero al ser tres películas y estar filmando en el hangar de al lado… Desde la ventana podía ver el croma gigante en el que estaban rodando los enanos.

Wellington es muy pequeñito y cuando ibas a un restaurante no era raro tener a los actores cenando en la mesa de al lado. Welligton es así, pasan cosas que no ocurren en el resto del mundo. Y si, conocimos a Peter Jackson, alguno de los enanos, a Bilbo… Ian McKellen vino a Weta a saludarnos porque tiene allí muchos amigos de la época de El Señor de los Anillos. Y allá que me lancé, le di un abrazo, hablamos… la verdad es que es encantador. Eso para mí, pues imagínate, ¡yo allí agarrada a Gandalf que no le quería soltar!

Carolina Jiménez Gino Acevedo Tom Savini

Carolina Jiménez con Gino Acevedo y Tom Savini. || Kerp Photography

Tiene que ser agradable estar en un proyecto a largo plazo, con más cercanía.

Lo de largo plazo es relativo, en este mundo los contratos suelen ser cortos. Aunque pintaba que el proyecto iba a ser largo, nunca sabes qué seguridad laboral vas a tener. Empecé con seis meses, luego me dieron otro contrato de seis meses, después sale la segunda película… Es una de las peores facetas de mi profesión, la de los contratos cortos. Es típico que los contratos vayan por proyecto. Aun así, fue bien y estuvimos allí tres años.

Luego das el salto a Vancouver que, aunque no suene a muchos, es una de las capitales del cine.

Esto es puro cine. Este era el cambio más esperado, el más natural porque en Vancouver casi se hace más cine, sobre todo en efectos especiales, que en Hollywood. Lo llaman Hollywood North. La gente no lo sabe, pero normalmente visten las calles de Estados Unidos. En verano estaban rodando una escena, creo que para una serie, y había coches de la policía de Los Ángeles. Cambian carteles, periódicos, escaparates… y ya está: te convierte esta esquina en Los Ángeles, esta otra en Nueva York…

La semana pasada me dieron el dato de que ahora mismo hay 80 rodajes en la ciudad, entre cine y series, como por ejemplo Flash. Por eso no es raro que te corten la calle y empiecen a rodar. Los estudios de efectos especiales están viniendo aquí, directamente o con sucursales. Muchos de los compañeros que tuve en Planet 51, en Madrid, están trabajando aquí. En el Downtown están los 10 principales estudios del planeta, menos Weta, la única que no se ha venido aquí todavía. Continúa en Nueva Zelanda y espero que sigan allí, que es el encanto que tienen.

Más allá de esto, ¿podrías darme una semblanza de Vancouver? Porque en general se piensa solo en la parte esteparia de Canadá, en un sitio frío y soso.

Vancouver, que es de la zona angloparlante, da la sensación de ser como Estados Unidos, por el aspecto de los coches y el acento de la gente, pero sin lo malo de EE.UU. No hay tanto fanatismo, hay mucha educación, mucho civismo. El clima es muy bueno. Además, es muy manejable. El centro se anda de lado a lado en media hora: puedo ir al trabajo andando. De momento hemos pedido la residencia porque estamos muy contentos.

Entrando en lo que son los estudios de efectos especiales, quiero que me cuentes en breve lo que es un Layout artist, que es tu función.

En el departamento de Layout somos los encargados de coger todos los elementos digitales y no digitales que componen una escena en el cine y unirlos para componer la escena en sí. Traemos las animaciones y las cámaras de los rodajes, si hay imagen real, ponemos cada cosa en su sitio y animamos la cámara y los elementos de la escena. Es decir, establecemos la posición y el movimiento básico de la cámara y los objetos, somos los encargados de la composición final de la escena. Luego se lo damos a otros y viene el refinamiento de la luz, la animación…

A nivel de composición, ¿qué nivel de libertad tenéis? ¿Os la marca el director, lo hacéis a vuestra bola…?

Depende un poco de la película, el director y el plano. Hay directores que saben qué quieren y hasta que no se lo das no paran. En otras ocasiones te dan más libertad o el director no lo tiene tan claro y te dicen: “dame un plano interesante”. Y entonces es estupendo porque tienes la libertad de hacer lo que quieras.

También hay más independencia en los planos full CG, donde todo es digital. Cuando no hay plano de set la libertad es máxima. Te dan tu mundo virtual, tu cámara virtual, tus personajes… Obviamente también tienes unas directrices. Pero es tu responsabilidad y puedes hacer lo que consideres para que el plano quede bien. Luego siempre te piden cambios, pero en general tienes más libertad.

Respecto a películas como Guardianes de la Galaxia Vol.2 o La Liga de la Justicia, tú no trabajas directamente para Marvel o DC, sois más bien una subcontrata, ¿no?

Literalmente somos subcontratados. Al estudio de animación le contrata el estudio de producción, al que llamamos el cliente. Trabajamos simultáneamente para diferentes productoras y diferentes directores, pero como nuestro método de trabajo es el mismo podemos hacerlo sin problema.

¿Os involucráis en la parte física, en el rodaje, de las pelis para las que trabajáis o estáis totalmente aparte?

Normalmente no. Hay puestos, como el de supervisor de VFX, que sí visitan el rodaje para asegurarse de que todo lo que se grabe esté bien rodado para luego trabajar con ello digitalmente. Así que no coincidimos con actores… ¡Ojalá!

¿Cómo ves la situación de la industria, crees que cada vez se va a tirar más hacia el digital?

Creo que no hay una tendencia larga, habrá quien se quede corto y quien se pase de la raya. George Lucas ya se pasó, en mi humilde opinión, hace diez años con las precuelas de Star Wars. Hay veces que se hacen cosas en digital que quedarían mejor en real. Hay que ver lo que funciona y lo que no, e ir variando, descartando. Ha habido proyectos que, pudiendo hacer las cosas en digital, lo han hecho en imagen real porque quedaba mejor. Mira George Miller con Mad Max Fury Road. Hay quien vuelve a los orígenes porque es la manera tradicional de hacer cine.

Y costosa.

Los efectos especiales tampoco son baratos que digamos… Pero siempre es más fácil sentarte a esperar que unos técnicos te hagan las cosas. De todas formas, siempre he dicho que los efectos especiales bien hechos no se notan. La película es como un filete y los efectos especiales son la sal: un poquito está bien, pero nadie se come un cuenco de sal.

¿Entonces a nivel de coste no hay tanta diferencia entre una y otra?

Ten en cuenta que son muchas personas durante mucho tiempo para hacer efectos especiales. Es más cómodo y más seguro. Pero, y lo digo sin ser experta en este tipo de cuestiones económicas, no creo que los costes sean mucho más baratos.

retrato Carolina Jiménez

Carolina Jiménez. || Kerp Photography

A nivel docente, tienes una oferta de una cátedra en Vancouver, ¿no?

Me gusta mucho enseñar, es un poco vocacional. La Escuela de Cine de Vancouver me hizo una oferta el año pasado para trabajar un par de noches por semana como mentora, porque obviamente no tengo tiempo para más. Me han llamado también de un par de universidades de Hispanoamérica para dar charlas están en marcha proyectos docentes on-line con varias escuelas. Espero que todos esos proyectos cuajen pronto en cuanto me organice y mi situación aquí se asiente un poco.

Tiene que ser muy reconfortante pasar a enseñar, casi como un reconocimiento, estar a cierta altura…

Lo de la altura a mí… Lo hago más porque me llena. Me sigue pasando ahora, escuchando a gente que sabe más que yo. Lo que disfrutas y lo que se aprende compartiendo lo que uno sabe me llama mucho. Lo que quiero es contribuir un poquito. Yo no puedo estar callada, a mí me preguntan y no paro. Imagino que enseñar es el siguiente paso, me lo paso pipa, lo haría gratis… ¡Es que es muy divertido, muy emocionante!

A ti te gusta mucho el rollo friki y has caído en un lugar cojonudo para ello. Tienes un mote, “Queen of the nerds”, ¿cómo surgió?

Hace unos años me regalaron una camiseta, fue una chorrada. Teníamos un chiste un poco privado entre amigos y se acabó convirtiendo en el tema de la camiseta, por las fotos que hago con mi chico como homenaje a películas frikis, como diversión. El término “friki” me hace mucha gracia. Además, estamos en una época en la que uno puede estar orgulloso de ser friki y no pasa nada… Y ya está, ahí está la camiseta en al armario, tampoco es que me la ponga mucho.

carolina jiménez regreso al futuro

Carolina Jiménez en una de sus sesiones en colaboración con su pareja. || Kerp Photography

Te has adelantado, te iba a preguntar sobre esas fotos que te hace tu pareja.

Somos los dos muy frikis. Al poco que lo conociera, cuando estaba empezando en el mundo de la fotografía, era casi lógico que recurriera a mí, tiras de quien tienes más cerca. Por eso fui su primera modelo. Fue más divertido de lo que parecía. En sus sesiones normalmente soy su ayudante, la que hace los vídeos y ese tipo de cosas, pero como nos divertía mucho lo otro… Empezó como una tontería, comprando cosas en una tienda friki, y ya no hemos parado. Hemos cogido carrerilla. Estamos preparando la siguiente sesión, vais a flipar.

¿Sí?

Sí, porque somos muy fans, sobre todo yo, de la película original de Dune y mi madre que cose muy bien me hizo un destiltraje. Así que en cuanto deje de llover hacemos una sesión homenaje.

Mejor, porque hacer fotos de Dune con lluvia sería un poco irónico.

(Risas) En cuanto encontremos un sitio chulo, una playa grande con fondo de arena, y llegue el buen tiempo, tenemos foto friki de nuevo. Porque no queremos meter nada digital. En el tintero tenemos a Indiana Jones, a un par de Star Wars, Star Treck… Todo de todo a cien y ferreterías, eso sí.

Eres muy activa en redes sociales, YouTube… especialmente con tu afición a la ciencia.

Claro, no pudo ser mi profesión y la divulgación científica me ha gustado mucho también. Soy miembro de Naukas, siempre que puedo hago cosas con ellos. Me parece algo importante. Respecto a las redes sociales y hablar de mis cosas surgió de casualidad. Cuando pasé por España después de Nueva Zelanda, CICE, mi escuela, me invitó a dar una charla a los chavales. Fue mi primera experiencia “docente”. A raíz de ahí me animé a hacer más cosas, a la gente le gustó y me pidió más. Todo ha ido creciendo, por encima de lo que yo esperaba. Y yo encantada en mi blog, Twitter, YouTube y Facebook

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