La entrada a Galicia significa el comienzo del fin. Un fin que puede alargarse cuatro días si se decide llegar a Muxía y Fisterra. A lo largo del camino se ha observado que la ruta está por construir. El turismo convencional dificultaba alojarse en Asturias y Cantabria. Es el turismo peregrino el que complica los últimos días. Pero antes quedan todavía etapas en soledad por las misteriosas tierras gallegas.

Mondoñedo Lemiaunoir

Feria medieval en Mondoñedo || Javier Retuerta

Lugo y montañas son uno

Ribadeo o Vilela suelen ser el primer destino gallego. El mar se deja en pos de las montañas lucenses. Así se llega a Mondoñedo. Sorprende la planta de dicha población, catedral incluida, que llegó a ser una capital del reino de Galicia.

El tiempo que se lleva andando empuja a unir etapas y llegar cuanto antes a Santiago. De este modo, se suelen superar los treinta kilómetros diarios, aunque siempre suele haber posibilidades de tomar un itinerario más descansado. Un servidor optó por lo primero. Tras Mondoñedo se puede llegar tras una larga etapa a Vilalba, obviando Gontán. Destaca el soberbio inicio de la etapa, en continua subida y con paisajes espectaculares. Vilalba es una población grande, con un par de albergues que alcanzan de momento a acoger el creciente número de peregrinos que recorren esta vía.

Paisaje tras MondoñedoLemiaunoir

Paisaje tras Mondoñedo || Javier Retuerta

 

El siguiente destino vuelve a elegirse según la capacidad de aguante de cada uno, un continuo en Galicia. Baamonde dista 19 kilómetros de Vilalba y Miraz 35. Si se para en la primera, al día siguiente aguarda hasta Sobrado dos Monxes una etapa de más de 40 kilómetros. Miraz cuenta con un albergue gestionado por una confraternidad británica muy interesante y tradicional.

Sobrado dos Monxes Lemiaunoir

Claustro de los medallones en Sobrado dos Monxes || Javier Retuerta

Llegando a la Galicia coruñesa

Antes de Miraz cabe destacar la posibilidad de sellar en casa de Chacón, en Seixón, un veterano peregrino que ofrece conversación y un bello sello con lacre. En esta zona se pueden observar además pancartas reclamando el mantenimiento del trazado tradicional del camino, que se quiere cambiar por intereses económicos. De cualquier modo, tras estas etapas lucenses, monótonas y repletas de asfalto, se llega a tierras coruñesas. Y sobre todo a la joya de la corona de esta vía: el monasterio cisterciense de Sobrado dos Monxes. Su albergue es enorme y el aura inmejorable. Un lugar con historia que no debería evitarse bajo ningún concepto.

Catedral Santiago 2015 Lemiaunoir

Catedral de Santiago || Javier Retuerta

La paz del monasterio contrasta con la llegada a Arzúa. La unión de los caminos genera una marabunta que comúnmente se denomina “la romería”. La gran cantidad de peregrinos hace deencontrar alojamiento en estas poblaciones una odisea. La soledad del norte se acaba y la opción de avanzar los últimos 40 kilómetros de un tirón se hace muy apetecible. Tras llevar unos 800 a las espaldas, es algo viable. La posible parada intermedia es en Pedrouzo.

Es difícil explicar la llegada a la ciudad Jacobea. El aliento se contiene de emoción a la llegada al Obradoiro. El día es de celebración para la mayoría. La misa del peregrino, las despedidas, la recogida de la compostelana… Los momentos son intensos y cada cual los vive a su manera.

Un bello epílogo

Con todo la peregrinación puede continuarse con el epílogo a Muxía-Fisterra. Andar es algo que normalmente se aborrece a estas alturas, pero este último esfuerzo merece la pena. Negreira es la primera parada. El recorrido es más agradable que la jornada previa a Santiago, con bosque y monte por doquier. Y muchos prados.

Paisaje entre Olveiroa y Fisterra-Muxía Lemiaunoir

Vista al emblase de Fervenza || Javier Retuerta

De Negreira se llega normalmente a Olveiroa. Destaca su albergue de la Xunta, repartido en varios edificios. Tras esto hay dos posibles finales: Muxía y Fisterra. Se puede ir de uno a otro por caminos perfectamente señailzados, siempre junto a la Costa da Morte.

 

En Muxía se apareció la virgen de la barca para dar apoyo al apóstol en su tarea, por lo que es un final más lógico si las motivaciones del viaje fueron religiosas. También aquí fue donde el chapapote del Prestige golpeó primero. Un monumento lo recuerda. El alojamiento no es problema en este epílogo. No hay que olvidarse de recoger la Muxiana.

Faro de Muxía Lemiaunoir Galicia

Faro de Muxía || Javier Retuerta

Fisterra aporta un toque más misterioso y pagano, también propio de Galicia. El fin del mundo se hace palpable con una etapa espectacular desde Olveiroa. La playa de Langosteira, la del Mar do Fora y el atardecer desde el faro aportan recuerdos imborrables tras tantos días de andar. La Fisterrana acredita la llegada a este final.

Sea como fuere, el final es el final. Las gentes, los compañeros y los paisajes marcan el alma de quien realiza la peregrinación, sea cual sea su motivo. Una experiencia que no puede más que recomendarse.

Sunset Fisterra Lemiaunoir Galicia

Atardecer desde Fisterra || Javier Retuerta

 

 

Send this to a friend