Boris Izaguirre, una tormenta constante

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No hay duda de que en esta novela Boris abre la puerta hacia su interior sin ningún tipo de reparos en primerísima persona. Habla de su dislexia, el acoso sexual, incluida la violación que sufrió cuando tenía trece años,  su homosexualidad y de la importancia que ha tenido su madre, Belén Lobo, una reputada bailarina venezolana adelantada a su tiempo.

«Desde el primer instante quise que «Tiempos de tormentas» se leyera y se sintiera como si fiera la primera.»

«Me desnudo para vestir a mi madre»

Es una historia que sorprende y conmueve desde las primeras líneas. Es divertida, inteligente, con ciertos matices irreverentes a través de los cuales no solo muestra al personaje que todos conocemos, sino también el lado más insólito de un Boris capaz de asombrar por su genialidad.

Boris sabe que es diferente desde su niñez. Muy temprano se detectan esos problemas de motricidad y dislexia, que provocan que el pequeño actúe con unos gestos y una forma de hablar amaneradas. Los adultos dicen que su madre y su padre, crítico de cine, rodean al niño de malas compañías.

«Para mi madre la homosexualidad no se trataba más que de una marca de la casa que no había que eliminar, sino alimentar»

En Caracas se habla de sus amigos intelectuales, de toda esa gente homosexual con la que ella trabaja. También que Boris está enamorado de Gerardo, el hijo de la influyente periodista Altagracia Orozco. Sin embargo, Belén no se rinde al prejuicio y por más críticas que pueda recibir de su entorno, no duda en convertir su casa en un refugio para amigos y conocidos considerados diferentes por una sociedad que no se molesta en comprender.

No hay duda de que se trata de una enternecedora y envolvente novela autobiográfica donde Boris Izaguirre construye una vida a veces complicada, siempre apasionante, a caballo entre dos países. Todo esto con una verídica crónica del devenir de un país como Venezuela. El país que lo vio nacer y al que rechaza regresar por el momento dada la inestabilidad política.

Un cuadro como testigo mudo

El título se debe a un cuadro que fue testigo, cómplice, o sencillamente mero observador de la historia familiar. Durante años estuvo colgado en casa de sus padres y su madre llegó a sentir verdadera devoción, hasta tal extremo que cuando por fin decidió cederlo, después de largos años de negociaciones con el mismo autor que se lo regaló años antes, enfermó.

Puede decirse que en todas las grandes historias existe un mensaje solapado entre la trama y el autor, una especie de hilo conductor que se puede entrever entre líneas, que resulta ser el trasfondo real de la emoción que lo empuja. Es evidente la importancia de la actitud de Belén Lobo sobre la realidad de su hijo desde un principio, un hecho que ha marcado profundamente a Boris.

«De ahí que sea una reflexión para aquellas madres que puedan tener un hijo al que sientan que tienen que proteger frente a la sociedad para que no caigan en la tentación de engañarse, de querer ocultarse, porque «el armario» es un lugar horrible.»

Izaguirre ha desarrollado una exitosa carrera profesional tanto en España como en Latinoamérica. Su novela Villa Diamante fue finalista del Premio Planeta en 2007. El autor ha publicado además once libros, destacando Y de repente fue ayerDos monstruos juntos o un jardín al norte.  Y en su faceta periodística viene colaborado en revistas como Vanity Fair, El País, Hola, GQ y Vogue. También con Onda Cero y Cadena Ser. En estos momentos es presentador de Telemundo en los Estados Unidos.

Boris Izaguirre en la feria del libro

Boris Izaguirre en 2008. || wikimedia

«Es mentira que aprendes de tus errores, los repites igual.»

Así es la personalidad de un hombre que sabe vivir la vida en toda su dimensión y que es capaz de embaucar con un discurso sugestivo sobre el derecho a la igualdad y a la normalidad desde un punto de vista exultante y abrumador, de tal forma que resulta difícil distinguir entre la persona y el personaje.

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