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Bernardo Oyarzún, un puente entre lo ancestral y lo contemporáneo

El artista visual Bernardo Oyarzún (Chile, 1963), ejerce de puente entre el universo indígena ancestral de su tierra y el contemporáneo. Hijo de una zona eminentemente rural del sur de Chile, es depositario de vestigios originarios identitarios, que el artista plasma en todas sus obras, pinturas, instalaciones, fotografías o vídeos, entre otros medios.

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Bernardo Oyarzún || Fuente: leedor.com

Contextualiza en el arte rasgos de su cultura tradicional, haciendo visible a la comunidad indígena Mapuche. Sus costumbres y características fisonómicas representadas desde un prisma contestatario y de crítica social. En definitiva, un arte que ahonda en el ocultamiento premeditado por parte de la masa mayoritaria chilena y que Oyarzún reivindica.

Reprobación a la sociedad chilena, como uno de los ingredientes principales en sus trabajos, que gracias a su internacionalización ha podido exhibir en doce bienales de arte. La Habana, Shanghai, o este mismo año como representante de Chile, en la 57 Bienal de Venecia con Werkén. Exposición que debe su nombre al idioma mapudungun y que significa mensajero, portador de la palabra y por ende vocero de una comunidad ancestral.

Pueblos originarios en el arte actual

Oyarzún, otorga voz, luz y forma a un pueblo vulnerado y denostado que no fue derrotado por las fuerzas dominantes. Al contrario, se propagó por las centurias llegando al estadio contemporáneo en forma de arte, siendo su autor, en muchos casos, el principal protagonista.

De cáliz transgresor y capaz de transmitir un lenguaje que apela a mirar, juzgar, observar y sentir. Un viaje ancestral a otra cultura, un paseo por comunidades que aún en la actualidad viven de los frutos de la tierra y el mar. Se curan con ungüentos de los bosques, y tejen con lana sus vestimentas invernales. Todo esto entrega Bernardo Oyarzún, una mirada al ayer a través del arte de hoy, un puente atemporal que no deja de estar vigente, porque él es el Werkén.

Hermés y Mercurio fueron los mensajeros de los dioses en la antigüedad greco-romana, y a su imagen y semejanza el artista chileno expresa en sus obras, el poder de su tiempo pasado. Se presenta como un interlocutor entre el hoy contemporáneo y el ayer de su tierra en el sur del mundo. Sin alas, pero con plástica, moldea cada uno de sus trabajos en los que impregna, en distintos soportes, algo de su esencia, orígenes y sentimientos.

El propio Oyarzún, describe con estas palabras su producción: «Mi actividad artística está vinculada al contexto popular, a los espacios marginales y las congruencias estéticas que emergen de ahí. Funciona básicamente a partir de la inclusión y colaboración de estos estratos territoriales».

Y es así como se nutre de las diversas percepciones que han llegado hasta él, fruto del empirismo y de la transmisión del conocimiento. El arraigo a su tierra ancestral, y la visión crítica de los eventos acontecidos, se adhieren indisolublemente en sus trabajos. Sus rasgos indígenas lo delatan. En su sociedad, ser indio, mapuche, es pertenecer a otra categoría que se posiciona en una línea inferior y subordinada de la mayoría de sus compatriotas.

Arte mestizo, arte crítico, arte ancestral

Las sinergias culturales son para Oyarzún un caldo de cultivo que conforma culturas específicas y de pertenencia, en las que él se siente integrado y correspondido. Lo primitivo, coexiste en su obra con los modos de hacer propios de este siglo. Sus modelos artísticos subyacen en lo ínfimo, en el folklore, el mito, la artesanía y por encima de todo en lo indígena. Produce y reproduce, trabajos con una estética local antagonista de los espacios hegemónicos del arte.

El artista es un verdadero explorador de la historia. Como un personaje de Julio Verne, viaja al centro de la tierra, su tierra. Incursiona en los confines de un colectivo tan ancestral como su propio territorio. Lo explora para embriagarse de la cultura popular, que más tarde transformará en nuevos lenguajes y formas de expresión artística, de gran peso nostálgico. Reflexiona sobre el mestizaje, propio y ajeno, y pone en entredicho los cánones estéticos y políticos de la sociedad chilena actual.

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Bernardo Oyarzún || Fotografía: Adrián Gutiérrez Villanueva

En definitiva, Oyarzún abre caminos y crea puentes. Obras que invitan a conocer en Chile y en el extranjero lo que él considera una problemática discriminatoria e invisible. La delicada y espinosa situación de los pueblos indígenas ancestrales de América del Sur. Según sus propias palabras: «No creo que el arte tenga una misión específica, pero sí creo que el arte abre espacios desconocidos, posibilidades de reflexión, es como una pequeña ventana a la conciencia. No tengo como objetivo cambiar algo, pero sé que algo pasa cuando la gente arma su propio relato luego de ver la obra, y eso es impredecible».

Su huella, persigue la deconstrucción de los hechos culturales de los mapuches en Chile. Disemina imágenes como arte. El significado se aferra al significante, no se extermina, toma fuerza y marca el paso a nuevas generaciones de artistas. Un nuevo relevo, que quizás, se implique con la exclusión social de los pueblos ancestrales.