25 de julio de 1992. A las ocho de la tarde darían comienzo los Juegos de la XXV Olimpiada en Barcelona. Miles de españoles con el corazón en un puño.

Pasear por los alrededores del remodelado estadio Olímpico y el majestuoso Palau Sant Jordi, hace imposible no pensar en Fermín Cacho, el Dream Team con Jordan, Bird y Magic Johnson maravillando al universo en Badalona o el admirado Derek Redmond.

 1Hoy jubilado, fue la luz del mundo. || S.Hevia

Pero mucho antes, Barcelona ya había intentado organizar una Olimpiada. En 1930, por ejemplo, la ciudad Condal aspiró a organizar los JJOO de 1936, que finalmente fueron a parar a Berlín y a la Alemania Nazi de Hitler.

Barcelona, a modo de boicot y protesta, decidió organizar una Olimpiada popular que nunca llegó a celebrarse. Y nunca lo hizo porque el día de su inauguración, coincidió con el Golpe Militar del 36, por lo que el sueño olímpico tuvo que retrasarse más de 50 años.

Barcelona92 es clave para entender la época dorada que el deporte español ha vivido últimamente. Sin embargo, en 1992, los niños de entonces apenas recordarán la victoria en fútbol de España con el gol de Kiko en aquella final frente a Polonia. España tenía el corazón dividido entre Curro y Cobi 

Pero todo empezó unos veranos antes. Fue durante el periodo estival de 1979 cuando a Juan Antonio Samaranch, exiliado en la embajada de Moscú, se le propuso para la Presidencia del COI. Lo lograría en 1980. Fue desde entonces, cuando la posibilidad de organizar unos JJOO en Barcelona empezaba a parecer factible.

Aunque desde el Gobierno catalán y la alcaldía barcelonesa se empezaba a diseñar el sueño olímpico, desde el Gobierno Central, presidido por Felipe González, no verían con buenos ojos la celebración de unos JJOO en plena conmemoración de quinto aniversario del descubrimiento de América o la organización de la Expo92 en Sevilla. Pero era una oportunidad única.

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Un “Cacho” de la historia del deporte nacional. || GETTY IMAGES

Como únicos fueron los JJOO de Barcelona. Pero para llegar a ese sentimiento, había que despojarse de la espina, casi estaca, que dejó el Mundial de 1982. Un Mundial de fútbol que, al contrario de lo que se piensa, fue un éxito rotundo en organización. Sin embargo y debido al horror deportivo que vivió la selección, se tiende a pensar lo contrario. Por ello, los organizadores tras conseguir traer los JJOO en aquel octubre de 1986 en Lausana se dejaron el alma para crear una estructura que les permitiera cosechar grandes resultados deportivos. Desde 1896 y hasta el verano del 92, España solo había ganado seis medallas de oro en JJOO y el reto de Barcelona92 era garantizar un éxito deportivo acorde al evento.

Se contrataron entrenadores llegados desde todos los países del mundo. La experiencia de la preparación a largo plazo era inexistente y la infraestructura insuficiente. Nace así la ayuda pública y privada en forma de 12.500 millones de pesetas repartidos por todas las federaciones deportivas. Nace el plan ADO. El resultado fueron 22 medallas, de las cuales 13 fueron de oro. España quedó en sexta posición de un medallero que encabezó el Equipo Unificado de las ex repúblicas soviéticas. Inolvidables serán los oros de Fermín Cacho en los 1500m el de Daniel Plaza en los 20kms marcha. O la inesperada plata del equipo masculino de waterpolo.

Aquel verano de 1992, Barcelona se abrió al mar. Pero también al mundo.

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