El Teatro Real nunca deja de sorprender, no solamente por la inclusión en cartel de óperas y montajes novedosos que dejan al público boquiabierto sino por la fuerza con la que llegan los clásicos a su escenario. Después de vivir Carmen y La Bohème, aterriza un clásico entre los clásicos: Aida de Giuseppe Verdi. Los afortunados que puedan permitírselo tendrán hasta diecisiete funciones para poder disfrutar de esta ópera decimonónica de ambientación exótica.

La ópera que no quería hacer

Giuseppe Verdi nunca se habría imaginado que una de las óperas por las que se le recordaría sería Aida. No fue su decisión componerla, de hecho, rehuyó la petición del virrey de El Cairo en varias ocasiones hasta que este último le amenazó amablemente con pedírselo a otros grandes compositores de la época como Wagner o Gounod. Con ese flechazo directo al orgullo del músico italiano, este finalmente aceptó escribir una ópera de temática egipcia aunque tras el trabajo ni siquiera asistiría al estreno en el nuevo teatro de El Cairo, donde Aida era representada por primera vez. Por el contrario, sí asistiría al estreno posterior en el Teatro alla Scala de Milán en 1872.

Aida - Teatro Real

Aida – Fuente: www.teatro-real.com

La historia de Egipto

Compuesta por Giuseppe Verdi y con libreto de Antonio Ghislanzoni, Aida narra la historia trágica de un amor sin fronteras ni estatus sociales. Radamés, héroe nacional de Egipto, se enamora de Aida, la esclava etíope de la hija del faraón Amneris. El triunfo sobre el pueblo etíope, hace que el faraón prometa la mano de su hija a Radamés pero el descubrimiento del origen real de Aida, hija de Amonasro – rey de Etiopía – hace que la visión de su amor cambie y la esclava se convierta en una verdadera rival de Amneris. Con una acusación de traición y la condena de los sacerdotes, Radamés y Aida serán enterrados vivos y, finalmente, vivirán su amor en la libertad que les otorga la muerte.

Egipto entre cuatro paredes

Aida - Teatro Real

Aida – Fuente: www.teatro-real.com

La puesta en escena vuelve a impresionar. Con el dorado y los motivos egipcios inundando todo el escenario, telones gigantescos que acogen al público entre los monumentos que pueblan Egipto y con la recreación de una pirámide de vértigo, el Teatro Real vuelve a superarse. A la escenografía habría que añadir el cuerpo de baile, importante en una ópera con varios números exclusivamente dedicados a la danza. Sin olvidar a los protagonistas, entre los que habría que destacar a las dos ‘prima donna’, porque casi ese fue el rol que Verdi les otorgó.

Dueto de donne

Desde el título es obvio que la protagonista y, por tanto, la voz de soprano, es Aida. Sin embargo, Verdi no olvida a Amneris que, con voz de mezzo, se equipara a la protagonista en la escena con duetos que dan escalofríos y que convierten a las dos protagonistas femeninas en rivales. Rivalidad no sólo por el amor de Radamés, sino por los aplausos de un público entregado.

Ohimé! Morir mi sento

La familiaridad con los aria más conocidos de una ópera clásica es inevitable, el público espera Celeste Aida de Radamés o el aria Oh patria mia de la misma Aida. Inevitable es a su vez que los aplausos irrumpan tras ambas interpretaciones y la orquesta espere hasta el final para continuar con la escena. Sin embargo, el silencio inunda las butacas cuando la rival de la protagonista canta su desgracia ante la condena de Radamés. No se debe malinterpretar al público, al igual que Radamés durante su juicio, el silencio forma parte de la ópera y el público no se atreve a interrumpir a Amneris en su lamento. La rival egipcia, figura de ‘seconda donna’ inventada por Verdi, les ha dejado sin palabras.

Maria Callas canta Ohimè! Morir mi sento

Exotismo trágico

Una ópera que rompió un poco los esquemas de la época por su temática, una composición a regañadientes y, en el Real, la puesta en escena de un clásico que, hoy en día, conforma una de las obras más famosas del compositor italiano. Se trataría de la última obra compuesta antes del parón de diez años que precedería a otro gran clásico que ya inundó el Teatro Real hace una temporada: Otello.

Una esclava y un héroe nacional o una princesa y un condenado a muerte, el amor se mantiene intacto mientras sus roles varían. Sin embargo, solo la tumba unirá a Aida y Radamés, equiparando los estatus sociales ante un juez mayor que el mismísimo sacerdote supremo Ramphis: la muerte.

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