Siempre se ha dicho que Berlanga y J.A. Bardem fueron los grandes cronistas de la España de los 60. También se habla de Buñuel, desde Francia, y de Saura, autor a reivindicar en posteriores artículos. Pero muy pocos se acuerdan de esta faceta en uno de los personajes más importantes del arte español del siglo XX, Fernando Fernán-Gómez.
Fue un director prolífico, y por lo tanto irregular. Alternó clásicos indiscutibles de nuestro cine, como El viaje a ninguna parte (1986), con obras dignas como Siete mil días juntos (1994) y películas directamente lamentables como Pesadilla para un rico (1996).

Se trata de un cineasta injustamente olvidado, quizá por haberse visto devorado por su personaje. Porque entre 1958 y 1964 realizó tres películas que, aparte de su prodigiosa técnica cinematográfica, retrataban la España de la época con igual mala leche y similar calidad que las de su amigo Berlanga.
Hablamos de La vida por delante (1958), El mundo sigue (1963) y de su obra maestra, El extraño viaje (1964).
«Tengo la vida por delante… Pero yo quisiera tenerla alrededor»
La vida por delante fue su primera aproximación al costumbrismo y, siendo una obra menos «maldita» que las otras dos —tuvo muchos menos problemas con la censura—, encierra elementos de enorme interés. Como por ejemplo, el uso pionero en España del flashback y la ruptura de la cuarta pared, como se muestra en su escena inicial.
Se trata de una comedia amable, pero sutilmente amarga, sobre las dificultades que tiene una pareja de recién casados para sacar adelante su vida habitacional, laboral y económica, aun habiendo estudiado los dos carrera universitaria. Se puede ver cómo Fernán-Gómez se adelantó cincuenta años a su tiempo. Lo interesante de su retrato sociológico es que esta pareja no son unos desheredados ni unos «rojos», sino lo que se llamaba entonces «gente de bien». Gente integrada en la sociedad que aun con esas sufrían.
Dado su éxito, a esta obra le siguió una secuela alimenticia de menor interés, La vida alrededor (1959). Y es que se estaba preparando para sus dos obras mayores, que con seguridad están entre las diez mejores películas hechas en castellano.
El mundo sigue girando alimentado por el odio
En El mundo sigue se cuenta la historia de dos hermanas ferozmente antagónicas. Una es una mujer «decente» casada muy joven y con hijos. Pero lleva una vida desgraciada por su marido ludópata e infiel, que la abandona a las primeras de cambio. También afecta a su desdicha los encubiertos celos que siente por su hermana, «ligera de cascos» y que vive rodeada por el lujo que le proporcionan sus amantes. Y esta, a su vez, odia la superioridad moral de la primera.
Una bomba de relojería entre la dos Españas, vamos. Con razón no se estrenó hasta pasada la dictadura.

De toda esta lucha es testigo, como reflejo de la sociedad, la familia de ambas. Censurando primero a la casquivana hija, pero aceptándola cuando el éxito, y los regalos que este trae, llama a su puerta. Es cuando dejan apartada a la pobrecita madre cornuda, digna de compasión y llevada a la locura. Como se puede ver, metáfora de la vida. Tanto tienes, tanto vales…
El extraño viaje, o la Psicosis cañí
Y en El extraño viaje se hace un fresco de un pueblo de España. Con su pacata mentalidad rural y sus cuchicheos, en los que importa más quién ha ido a misa que quién esconde un cadáver. Y retrata la hipocresía de ese mundo en el que el personaje de Carlos Larrañaga, un músico que viene a tocar los fines de semana desde Madrid, es capaz de inventarse un hermano paralítico con tal de llevarse a la cama a la moza del pueblo.

Y también cuenta la historia de una mujer que tiene esclavizados con su falsa moral y estrictas reglas basadas en la religión a sus dos infantilizados hermanos. Estos creen a pies juntillas todo lo que se les dice, sin darse cuenta de que la hermana prepara la huida con su amante dejándoles en la estacada. Moralina sesentona disfrazada de Psicosis (1960).
Y es gracias a estas tres películas, entre otras muchas cosas, por las que Fernán-Gómez obtuvo su sitio tanto en Real Academia como en el imaginario colectivo.

