En muchas ocasiones las desgracias no consiguen obtener un ente cultural que las identifique. Sin embargo a veces sí lo hacen. Este es el caso de los sucesos del 3 de marzo de 1976 de Vitoria y Lluís Llach. El cantautor catalán es, literalmente, la voz de aquel aciago día en el que un gobierno no supo solventar una huelga en la actual capital de Euskadi. Campanades a morts es una composición que, realizada en tiempo record, logró captar la tristeza y el dolor de toda una ciudad. Y es esto lo que la hace especial.

Los sucesos del 3 de marzo no son demasiado conocidos por las nuevas generaciones. Pero lo cierto es que marcaron a aquellos que lo vivieron. José María Retuerta y José Antonio Retuerta, padre y abuelo de un servidor, recuerdan lo ocurrido como una mezcla de caos, asombro y silencio. Un hecho que en aquella época ya se percibió como anacrónico. José Antonio insiste en la capacidad de Lluís Llach para plasmar en clave musical el sentimiento de aquella Vitoria.

Un mal desenlace

Antes de continuar, cabe resumir lo ocurrido el 3 de marzo de 1976. En Vitoria se llevaba viviendo un largo periodo de movimiento asambleario y continuas huelgas, de más de dos meses. El 3 de marzo se convocó con total éxito una huelga general en la capital vasca. En el desarrollo del día la Policía Armada gaseó la iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio de Zaramaga. Esta se encontraba repleta de obreros, por dentro y fuera. Tras el caos las fuerzas del orden comenzaron a disparar. El resultado total del 3 de marzo y los disturbios en días posteriores fueron 5 muertos y unos 150 heridos.

3 de marzo

Sucesos del 3 de marzo || zuialde.wordpress.com

Para inri histórico, el ministro de gobernación en aquel momento era Manuel Fraga. Este se hallaba en Alemania y le sustituía Adolfo Suárez. Dos figuras claves en la transición que siempre han llevado a sus espaldas el fantasma de Vitoria. Otros nombres clave en la masacre son Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales, Alfonso Osorio, ministro de Presidencia. Se podría ahondar más en las cuestiones políticas, pero el artículo no va de ello.

Las 3 campanas negras

Campanades a Morts es un trabajo de notable calidad musical. Se divide en tres partes y un epílogo. Tras el motivo principal de la obra Llach va acelerando hasta culminar en una vengativa promesa. Lo hace con una voz que parece surgida del averno para reclamar una justicia de carácter sobrenatural. Pero antes de ese clímax el cantautor catalán muestra la incomprensión de la ciudad, del país, ante lo acaecido. Todo ello reforzado por coro y orquesta.

En el momento de la composición Llach solo conocía de la muerte de tres obreros. De ahí que se haga referencia a “3 campanes negres” en lugar de a 5. Tal fue la rapidez de Llach en generar una obra con orquesta, coro y una profunda letra.

José Antonio, que en el 76 tenía 13 años, recuerda que “había una sensación, como un olor casi, de que algo iba a pasar.” Aquel día en el colegio les llevaron de excursión a la Virgen del Oro, cerca de Murguia. Debido a la imposibilidad de llegar hasta el centro, José Antonio explica que les hicieron formar grupos y les ordenaron “ir corriendo a casa, sin preguntar ni hacer nada.” El aspecto de la ciudad, cuenta, era desolador: “la sensación era de llegar a una ciudad en guerra, todo lleno de barricadas, muchas ardiendo, árboles tirados, coches tirados… y el silencio.”

Es en el recuerdo, coinciden José Antonio y Llach, donde encontraran su castigo los culpables de la masacre. Canta un Llach infernal: “Assassins de raons, de vides, que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies i que en la mort us persegueixin les nostres memòries/ Asesinos de razones, de vidas, que nunca tengáis reposo a lo largo de vuestras vidas, y que en la muerte os persigan nuestras memorias.” Esa venganza silenciosa la recuerda José Antonio en el funeral que se celebró tras los sucesos.

El 3 de marzo rasgó un vientre

“Obriu-me el ventre” es la segunda parte de Campanades a Morts. Esta, junto a la siguiente, recoge muy bien el sentimiento de abatimiento y solidaridad que se generó en toda la ciudad. La misma Madre Tierra se abre el vientre para que descansen aquellos que, según Llach, “han mort sense tenir el cap cot/ han muerto sin humillar la cabeza.” De nuevo se recalca el factor memoria, cuando el sujeto de la canción pide: “en mi cuerpo, grabad sus nombres.”

funeral sucesos 3 de marzo

Funeral el 5 de marzo || blogs.deia.com/anasagasti

José Antonio recuerda el silencio del funeral. “Un silencio que solo he vuelto a vivir una vez, cuando las marchas por los atentados del 11 de marzo” apunta José Antonio. Lamenta que no esté su madre, Isabel, ya que afirma que sería una mejor testigo de aquel 3 de marzo. Cuenta también que la asistencia fue multitudinaria. Explica que: “a la Catedral no pude entrar, la mayoría estaba fuera. Estaba todo lleno. Fue un día de aturdimiento total, de dejarte muy bajito… una sensación de estrés postraumático que tardó mucho en irse.”

Esta pena sincera de un ente como la Madre Tierra comulga a la perfección con los sentimientos recordados por José Antonio. Llach vuelve a acertar y a conmover. Sin ñoñerías ni aspavientos.

Sin una vida por delante

El tercer tema se titula “Disset anys, només/ Diecisiete años, solo” y es quizá el canto más desgarrado de la composición. Aquí Llach muestra de nuevo una venganza no física. Llach acusa a los culpables en tres estrofas. Celosos, envidiosos e impotentes ante aquello que el joven tenía. Tras cada cargo repite un “però no podràs” para quien se pudiera sentir aludido. Usando la primera del plural Llach reitera que la memoria mantendrá vivos a aquellos que murieron el 3 de marzo.

Esta síntesis acusatoria y en clave de lamento es una continuación correcta de las partes anteriores. Se pasa además a usar un “nosotros” que remarca el carácter común de la repulsa vitoriana por aquellos hechos. Una ciudad que no entendía la fuerza desmedida de las fuerzas del orden. José Antonio narra que la violencia de los grises quedó patente: “una imagen que tengo grabada es estar asomados al balcón. Pasó un convoy de los grises y la gente les insultó, volaron los tiestos… y si no dispararon, amago hicieron. Creo que sí lo hicieron.”

Un grave final

El final entremezcla las voces de la coral con la de Llach tras repasar los motivos de los temas anteriores. La voz de Lluís Llach se muestra muy grave y potente. Llach recurre, en la grabación del 77, a todo el poder de la Coral Sant Jordi y la orquesta dirigida por Manuel Camps, responsable también de los arreglos.

La letra de este final remarca la idea clave de toda la composición, aunque con un nuevo cariz. No se habla de memoria, sino de “poema.” Las palabras cobran forma antropomórfica para llenar una trinchera, que se intuye formada antes incluso del 3 de marzo.Cadascú (home) fou un mot, del victoriós poema/Cada uno (hombre) fue una palabra, del victorioso poema.” El final, ya sin voz, retoma el motivo inicial y cierra el potente círculo que supone Campanades a Morts.

El golpe fue duro pero el tiempo pasó. Cuarenta años. José Antonio abandonó Vitoria y se instaló en Guadalajara y tuvo entre otros hijos al que ha escrito esto. Llach fue recientemente propuesto como hijo adoptivo de Vitoria. Pero el pasado febrero se confirmó el no, debido a que el cantautor ocupa un puesto político activo como diputado de Junts pel Sí. Asociaciones vitorianas reclaman justicia, vengativa o no, más allá de la memoria que reclama Llach. Aquellos que se señalan como culpables, lo fueran o no, envejecen y mueren. Las heridas no cierran, pero la memoria, como acertadamente cantó Llach, es el mejor aliado para que sucesos como los del 3 de marzo del 76 ni se olviden, ni vuelvan a ocurrir.

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