Domingo. Antonio Edjang Moreno no es un nombre que, a priori, le suene a la gente en general, pero si ya hablamos de El Chojin la cosa cambia. Nacido en Torrejón de Ardoz, El Chojin es un rapero que apuesta por el compromiso social en sus letras, pero además trata su música como un medio donde expresarse tal y como es. Hace relativamente poco ha sacado su primera novela ficticia titulada En 2084 y ya anda preparando el que será su nuevo disco Recalculando Ruta. En esta entrevista intentamos conocer un poco mejor su carrera, sus pensamientos y también su última obra En 2084.

Entrevista a El Chojin

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

Cuéntanos, ¿qué te lleva a sacar una novela?

Hay varios motivos. Por una parte, está el reto creativo, artístico, de enfrentarte a algo distinto que es algo que está muy presente en mi vida, me gusta sentir que no estoy cómodo y meterme en charcos nuevos y demás. Por otra parte, está también la cosa de encontrar un formato distinto al que utilizo normalmente.

Llevo toda la vida en el rap y soy consciente de la capacidad que tiene de llegar a la gente porque vivo de eso, pero creo que hay parte del mensaje que un número importante de gente no va a captar porque la temática rap no le vale a todo el mundo. Pensé que, si cogía la filosofía que tengo en mis temas y la trasladaba a un libro, y dentro de ese libro a un formato novela, existían otras posibilidades de que más gente se pudiera acercar a lo que tengo dentro de la cabeza.

Incluso puede que algunas personas se acerquen al mundo de la novela por el simple hecho de que un artista como tú saque un libro.

Eso también ha pasado, efectivamente. Hay gente que solo quiere mensaje a través del rap y que, por el hecho de que uno de sus artistas haya metido la cabeza en otra de las ramas de la cultura o del arte hayan decidido también asomarse a ese mundo. Con este tipo de cosas e iniciativas ganamos todos.

Volviendo a lo que decías anteriormente: sabemos de qué va el libro, pero ¿hay esa parte filosófica que existe en tus temas en En 2084?

Sí, eso es. Yo soy solo una persona, no soy dos, ni tres, ni cuatro. No hay un Chojin que vaya a la calle a comprar el pan y otro que escribe letras, y otro que escribe libros, es siempre la misma persona. Entonces mi discurso es siempre muy similar con el cambio que te proporciona el tiempo: los años, las vivencias, las experiencias, etcétera. Es la misma persona y te vas a encontrar la misma persona siempre y en cualquier cosa que yo haga.

¿Es En 2084 lo que querías conseguir?

A día de hoy sí, pero me conozco y no descarto que el año que viene le vuelva a echar un ojo por encima y me vengan las dudas a la cabeza. Es algo que también me ocurre con los discos, y eso que en los discos es un territorio donde me siento muy cómodo. Pero insisto, como no puedo vivir en el futuro y solo puedo vivir ahora te contesto que sí, estoy contento con el resultado del libro.

Los Locos en tu novela son una especie de salvadores del mundo opresor. ¿Existen para El Chojin ese tipo de personas en el mundo actual?

Los Locos en mi novela es gente que se cree la salvadora de la sociedad porque entiende que todo está mal y que debe ser cambiado, pero al final me gusta que la gente crea que nadie tiene la razón absoluta. Es decir, si bien es cierto que yo puedo estar convencido de que el camino necesario que tenemos que transitar todos es el que yo creo, pero que yo lo crea a pies juntillas o al cien por cien, no quiere decir que otra persona no lo pueda creer así.

Los Locos son simplemente la gente que se resigna a aceptar un sistema que es el que tienen ellos en la novela porque consideran que es injusto y dentro de la novela hay gente que no lo cree así, no cree que sea injusto. Eso es una cosa que siempre me ha llamado la atención porque yo siempre he estado metido en el mundo de la reivindicación, de la lucha y demás. Pues me encontraba compañeros de trinchera que pensaban distinto a mí y al final terminamos convirtiéndonos en enemigos nosotros mismos.

La idea de Los Locos se parece un poco a lo que ocurre en Matrix, cuando dice Morfeo que no todos están preparados para ser desconectados y los que están ahí dentro lucharán para defender el sistema porque son parte del sistema mismo.

No es tu primer encontronazo con los libros, ya hiciste un libro de rap de forma colaborativa.

Sí, con Francisco Reyes que es profesor de la Universidad Complutense de Madrid en Ciencias de la Información. Escribimos un libro que yo consideraba que era necesario. Se llama Rap, 25 años de rimas. Salió en 2010 y está escrito en 2009, de modo que, si fechábamos la entrada del rap en España en 1984, se cumplían 25 años del rap en este país, cuarto de siglo. Vimos que no había bibliografías sobre la música rap en España y supusimos que era mejor que ese libro lo contara alguien del propio movimiento.

Si viene un periodista musical con toda su buena intención, y probablemente muy bien documentado, va a faltar el toque de aquel que estuvo en esa jam del 93 o del que escuchó El Club de los Poetas Violentos (CPV) en su momento. Nos lanzamos, lo hicimos y fue una experiencia que quedó bastante bonita. Se me suele olvidar personalmente que soy coautor del libro porque lo considero más un libro de todos los amantes del rap en este país.

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

De todas formas, intuyo que es mucho más complicado el hecho de hacer algo ficticio.

Sin lugar a dudas lo es. Porque en mi otro libro Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites lo único que hice fue poner mis reflexiones en papel que no deja de ser lo que hago cuando rapeo. Mientras ese me costó poco porque fue natural, En 2084 sí me ha costado mucho por eso, porque es cambiar de registro totalmente, encontrar personajes que puedan ser atractivos para el lector, diálogos, discutir contigo mismo a través de tus personajes y la inseguridad de estar metido en un terreno que no es el tuyo.

En Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites fue más simple porque son mis reflexiones y no hay nadie que sepa mis reflexiones mejor que yo, nadie me puede decir nada. Como suelo decir soy la máxima autoridad mundial en mí, nadie puede decirme que no pienso lo que pienso, pero en novela ya es otro tema bien distinto.

Sharif, Rayden, Rafael Lechowski, Nach… ¿La poesía está dentro de los planes de El Chojin?

Sí, está al caer también. Es como el camino lógico. Me hace sentir bien que otros compañeros han llegado a la misma conclusión que yo de que hay que encontrar otras formas sin abandonar la nuestra de llegar a la gente. Es agradable para todos. Yo como fan de todos los artistas que has nombrado me siento bien escuchando su música, pero también teniendo su libro para echarle un ojo de vez en cuando. Además, con ese método el fan tiene posibilidades de indagar un poco en la cabeza de quien lo escribió.

Llegas a los tuyos y dices «Mamá, papá, quiero ser rapero».

¿Sabes qué ocurre? Que mis padres no se lo tomaron en serio y tiene toda la lógica viendo en perspectiva. «El niño este está tonto, se le ha metido en la cabeza, pero ya se le quitará». Es como si les digo a mis padres que quiero ser astronauta, me dirían que todo bien pero que cuando se me pasara me fuera a la fábrica. Pero mira, a cabezazos acabé rompiendo la pared a pesar de también romperme la cabeza. Ha sido un camino tan largo y tan duro que, si tuviera que partir desde el minuto 0 de mi carrera, no sé si lo haría de nuevo.

¿De dónde proviene tu nombre artístico?

«El Chojin» proviene de un anime japonés que se llama Urotsukidoji. Uno de los protagonistas es El Chojin que es un dios que tiene que destruir los tres mundos existentes para crear uno mejor. Me empezaron a llamar así y así me quedé.

Viene que ni al pelo. La creación de un mundo mejor va muy ligada a tu faceta de hacer el llamado «rap conciencia».

Sí, al final tú encuentras una forma de hilarlo. Al principio solo era un mote de los que te ponen en el barrio, pero con el tiempo pues tiene también dicho significado.

¿Pensaste en hacer rap conciencia desde el principio o pensaste en empezar por otras ramas del rap?

Me gustaría decir otra cosa, pero en muchos aspectos no soy especial. Yo hice lo que se hacía por entonces, no inventé nada. Cuando empecé a escuchar rap no había otro rap que no fuera ese. Yo escuchaba a Chuck-D y hacía eso. De hecho, los primeros encontronazos que tuve con otro tipo de rap me chocaba mucho porque no entendía si eso se podía llamar rap o no.

20 años ya desde Mi Turno, tu primer disco. ¿Sigues viendo con los mismos ojos aquel disco?

20 años ya, tío, el año que viene los hace. No, no lo veo igual. Cuando salió Mi Turno pensaba que era la mayor obra de arte jamás hecha y ahora me da mucha vergüenza porque honestamente creo que no estaba preparado para sacar un disco. No sabía cómo llevar lo que tenía en la cabeza a la gente. Reconozco en ese disco a un chaval joven, impetuoso, con muchas ganas y bastante torpe a la hora de comunicarse. Pero al fin y al cabo ese es mi comienzo, nunca renegaré de él, pero queda muy poquito de aquel Chojin.

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

«El Chojin» durante la entrevista | Fotografía: Javier González

Parece este 2017 el año en que muchos grupos deciden hacer giras de reunión y en diferentes estilos de música. ¿Veremos a 995 reunidos de nuevo?

995 es muy improbable que vuelva porque tres de los miembros originales ya no hacen rap. El rap se parece mucho a los deportes, si dejas de practicar te puedes quedar muy atrás. Eso no quiere decir que a lo mejor dentro de seis meses te diga lo contrario. A mí personalmente me encantaría, mi corazón dice que sería algo genial pero mi cabeza me dice que es improbable. Hicimos algo muy bonito y si volver sirviera para hacer algo bonito y no con motivos económicos, entonces tendría sentido.

¿Qué aprendiste de aquella época?

Aprendí que no estaba solo porque cuando 995 empezó, el rap en España estaba muy dividido por provincias y demás. Cuando empiezas a tratar con gente como, por ejemplo, Zatu, te das cuenta de que el rap de Sevilla y el rap de Torrejón en la esencia era exactamente igual. Ese es el mayor aprendizaje que saqué profesional y artístico, y es que, te une más el hecho de vivir un tipo de cultura que el hecho de vivir en un sitio determinado.

Yo me sentía y me siento más identificado con Zatu que con mi vecino del segundo porque sabemos lo que son los nervios de antes de salir a un escenario, lo que es estar después, que te aplaudan, que te quieran o que te critiquen, los días en el estudio, las noches de insomnio y demás. A nivel industria aprendí lo que cuesta encontrar una distribuidora, los costes, el dinero que se llevan las discográficas justa o injustamente del trabajo del artista, etcétera. Fue una época fundamental en mi vida.

¿Qué significa para ti el disco Sólo para adultos?

Ese disco, para mí, significa verdaderamente mi primer álbum. En el proceso creativo tuve una evolución personal y artística, me di cuenta de que no valía cualquier cosa. En su día pensé que lo que yo dijera aquí lo iba a entender cualquier persona que fuera de otra parte del mundo, pero no es así. Si quería ser efectivo en la comunicación, tenía que abrir un poco la mente y entender que no estaba rapeando para la gente de Torrejón, sino que estaba rapeando para todo el mundo. Para mí significó un estado de madurez.

Ocurre con frecuencia que a muchos artistas os conocen por tan solo una canción. En tu caso, por ejemplo, con «Lola» llegaste a muchas personas. ¿No es un poco injusto?

Sí, verdaderamente lo es, pero la vida no es justa. «Lola» es un tema que funcionó muy bien y todo el mundo se sabía a la perfección y aún a día de hoy te lo siguen pidiendo. Me da rabia porque es un tema que no me costó hacer e incluso puede llevar a aumentar el estereotipo de que el rap es una cosa fácil de hacer. Me abrió muchas puertas, me dio satisfacciones, en su día me pareció un temazo y a la gente también, pero ahora no está dentro del repertorio de temas que quiero hacer porque no siento que me represente.

Ríe cuando puedas. ¿La sientes igual ahora que en aquel disco llamado Striptease?

Sí, con ese sí, creo que ese tema me va a representar siempre. El otro día lo escuchaba en el estudio y estábamos el productor y yo hablando sobre que si lo hiciéramos ahora lo podríamos hacer infinitamente mejor. Hay cosas ahí que digo que se podrían mejorar, pero aun así es un tema que me representa y que me siento orgulloso de haber sacado de mi cabeza. De cierto modo me curó un par de enfermedades que tenía ahí metidas.

Escribiste y protagonizaste una obra de teatro llamada El alma de Alexander Oboe. ¿Cómo fue la experiencia?

Horrible. El alma de Alexander Oboe como bien dices es una obra de teatro que escribí y escribirla me encantó, planearla, trabajar con la directora en escena, los músicos y en general con todo el elenco de trabajadores de la obra. Pero por otra parte fui atropellado con los tiempos porque era un formato que no conocía y tuve que informarme también de cómo era escribir un guion, que ya de por sí es muy diferente a escribir rap.

Yo siempre me he sentido muy cómodo en los escenarios, pero El alma de Alexander Oboe me enseñó que yo estaba cómodo en los escenarios porque era yo, pero cuando representas un personaje la cosa cambia. Recuerdo las representaciones como retos enormes que me hicieron pasarlo fatal pero aun así recuerdo la experiencia con más luces que sombras.

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

¿Pasado un tiempo no planeas volver a hacerlo?

Ahora yo creo que sí porque he madurado, crecido y tengo otra forma de ver las cosas. Si después de hacer El alma de Alexander Oboe me haces esta pregunta y te digo un no categórico. A mí me gusta hacer las cosas bien y sentir que las hago bien, y cuando tengo dudas pues me queda mal sabor de boca. La primera representación la grabamos en vídeo, me vi y no me gusté nada, fue un horror ver aquello. Lo bueno que tiene es que a medida que avanzaban las actuaciones fui mejorando.

Ese tipo de lecciones hacen al fin y al cabo que uno se plantee volver a escena.

Sí, claro. No me vuelvo loco tampoco, pero me gustaría. De hecho, hay un proyecto que no está del todo cerrado, pero en el que a lo mejor me embarco dentro de unos meses.

Cosas que pasan, no pasan y deberían pasar. Te reúnes con muchas colaboraciones ilustres en ese disco. ¿Tienes tu colaboración soñada ahí o todavía está pendiente?

Es una buena pregunta. Hablaba una cosa parecida con el productor del nuevo disco. Nosotros somos artistas y antes de artistas somos gente que disfruta un montón de la música. Yo de repente conozco a un artista nuevo que no conocía, me flipo y devoro todo su trabajo. En ese preciso momento ese es el artista que más me gusta, pero esa pasión dura hasta que llega alguien que lo sustituye y así sucesivamente. Entonces la colaboración soñada depende de un momento indicado.

Yo he estado muy enamorado de la música de Erykah Badu durante muchos años, entonces hubo un momento en el que si me hubieran preguntado la hubiera dicho a ella, pero de la misma forma en otro momento podía haberlo dicho con Melanie Fiona o con otros artistas. Yo creo que no existe la colaboración soñada como tal.

¿Y si te pregunto sobre este preciso instante?

Ahora mismo estoy muy tranquilo en ese aspecto. Me gustaría colaborar con muchísimos, pero ahora mismo estoy tranquilo. Por ejemplo, me encantaría hacer algo a nivel rap con Common o The Weeknd, que me parece muy interesante lo que hace, también con John Legend. No hay ninguno que me muera por hacer algo con ese artista. Bueno, con Beyoncé, pero por tenerla al lado —risas—.

En El ataque de los que observaban te rodeaste de gente como Sho-Hai, Kase.O, Titó o Xhelazz para hacer «Rap vs Racismo». ¿Seguimos tan cerrados de mente tras seis años desde aquello?

Sí, seguimos igual. Pero bueno, nosotros teníamos que intentarlo. Hicimos algo importante, estoy convencido de que un buen puñado de oyentes gracias al tema se replantearon según qué palabras, qué frases y demás. Hicimos algo muy bonito y muy grande, pero queda todo por hacer. El peor enemigo que tiene la lucha contra el racismo es la complacencia, el creer que ya lo hemos superado, y pasa una cosa parecida con el machismo. Hay que seguir dándole duro a esos temas y no perderlos de vista.

En tu disco I.R.A. colaboraste con artistas como Diana Navarro, alejada completamente del mundo del rap. ¿El rap está, en esencia, lejos de otro tipo de músicas como pueden ser el heavy metal o el flamenco?

Tiene dos contestaciones y las dos son contrarias: una es sí y otra es no. Las dos valen y las dos se pueden argumentar. Hoy por hoy creo que no está lejos porque al fin y al cabo lo que es la vida del estudio, de ponernos a grabar, las giras y demás te termina hermanando. A nivel técnico es obviamente muy distinto entre lo que hace un artista que canta y otro artista que rapea.

Y a nivel intención igual. Diana Navarro es alucinante, la voz más increíble o al menos una de las voces más increíbles en España. Pero Diana Navarro puede hacer un concierto de una hora y media diciendo solamente «a» y todo el mundo ponerse en pie, porque la forma que tiene de decir «a» esa mujer es mágica. Sin embargo, claro, yo no tengo esa voz ni nada que se la parezca.

A la hora de enfrentar la creación lo hacemos de manera distinta. Ellos se enfocan más en melodías y en armonizar y nosotros nos centramos más en la temática. Pero al final hay que darle al play igualmente, es una cuestión de emociones, y demás. Quiero pensar que estamos más cerca entre géneros de lo que muchos músicos creen.

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

A nivel personal he experimentado hace relativamente poco un hecho. En un concierto de heavy metal sacaron un cajón flamenco y hubo muchas quejas cerca de la zona del público donde me encontraba. ¿Crees que la gente está cerrada a la hora de escuchar otro tipo de música?

Realmente tienen razón todos: el que no ha ido a un concierto de ese género a oír un cajón flamenco, y el artista que quiere hacer lo que considera oportuno. Lo que ocurre es que los artistas tenemos una responsabilidad que no tiene el que solamente consume el arte. Nosotros tenemos la responsabilidad de hacer que las cosas sigan avanzando. Yo no me puedo ahogar en mi creatividad porque va a haber alguien que no quiera escuchar otras cosas que hago o quiero hacer. Yo tengo que seguir avanzando y gracias a ese avance las cosas van cambiando. Si no se hacen esos cambios se haría el mismo heavy ahora que el que se hacía en los 80, el mismo rap o el mismo rock que hacían los rockabilly en los 50 en Estados Unidos.

Energía e Inspiración son dos títulos muy positivos para tus últimos trabajos. ¿Alguna vez te ha fastidiado la inspiración un plan que ya tenías hecho desde hace tiempo? 

No ha habido momentos porque mi vida en general se rige por eso. Yo tengo algún problema de sociabilización como me suele decir mi hermana, que tiene que ver con el camino que he decidido. Yo tomé el camino en el cual estoy más cómodo escribiendo y solo que con gente. No está bien, ni está mal, lo mismo voy a un psicólogo y me receta algunos medicamentos —risas—. Pero es así, yo priorizo el momento creativo a prácticamente todo lo demás al no ser que sea una cosa de vida o muerte.

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

El Chojin durante la entrevista | Fotografía: Javier González

¿Te preocupa que el rap no suene prácticamente en la radio y sí lo haga la música comercial?

No, no creo que sea un problema. En cierto modo tiene que ser así, aunque no me guste. Me gustaría que el rap sonara en todas partes, pero por la propia naturaleza de la música que hacemos tiene que ser así. Recuerdo una canción que sacó Lucrecia que decía «mi gente quiere bailar, mi gente quiere gozar, mi gente no quiere que le coman la cabeza».

Eso para mí fue un jarro de agua fría porque yo estaba en esa época intentando comerle la cabeza a la gente, me di cuenta, y cuando ella dijo algo tan simple de repente lo entendí y entendí que era verdad. Hay mucha gente que no quiere tener más problemas, vienen de su trabajo se meten en el coche y ponen música lo más tonta posible porque lo último que les apetece es escuchar a un rapero diciéndole que el gobierno esto o el gobierno lo otro.

Nuestra música es algo que tienes que buscar y eso es algo que le da más valor al oyente, porque los oyentes que tenemos no es gente que encuentre la música de forma pasiva, es gente que indaga y empieza a buscar. Entonces en ese sentido no creo que haya calidad humana pero sí de oyente, creo que tenemos más calidad de oyente, que no de persona lo cual es muy distinto.

Hablando de la crítica a la política, ¿te han censurado alguna vez algún tema como le han pasado a otros artistas de este país o de fuera de España?

No, nunca. Me hubiera encantado porque eso tiene que molar, que te censuren para luego sacar una nota en internet y hablando de que quieren cortarme las alas y demás. Puede ser que no me haya pasado por dos cosas: porque nunca he dicho nada suficientemente grave o puede ser porque lo digo de una forma que parece que no es tan grave pero ahí está. A mí me gusta pensar que el hardcore está más en el fondo que en la forma.

Cuando tú llegas a un sitio gritando lo normal es que el que tenía dudas por escucharte deje de hacerlo, pero si llegas con una sonrisa y te sientas tranquilamente a expresarte, esa persona seguramente te escuche. Tienes que saber lo que quieres comunicar y decirlo de una forma amable. Pero una forma, no un fondo. Muchas veces me dicen que no utilizo palabras malsonantes en mis canciones y yo realmente digo palabras muy malsonantes como racismo, violencia o muerte. Decir «coño» es igual de malsonante que decir «muerte».

¿Has visto una mejora de cómo se ve al rapero en la sociedad actual a cómo se le veía antes con el estigma de delincuente?

Sí, ha habido una mejora, aunque aún no estemos normalizados. Esa mejora ha sido posible gracias a gente como Arkano, Nach, Rayden, Frank T o yo mismo, gente que ha demostrado delante de un micro que es una persona normal sólo que hace rap. Al final se revela la verdad. Ellos decían mentira, habían creado un estereotipo de la nada. Aquí no hay raperos que sean asesinos ni maten porque no hay gente así en la calle. Nosotros somos una demostración de nuestra sociedad, chavales de barrio y ya. Hay chavales de barrio muy majos y los hay que son un desastre, pues, en fin, es lo que somos. A pesar de eso, en cualquier caso, o casi ninguno, hay ningún asesino en serie o gente que vaya violando niñas como a lo mejor algún cura.

La presión del público, las ganas de escucharte, de sentirse identificado con las letras que haces. Todo eso tiene que ser un auténtico tormento a la hora de crear.

Es el último peso. Supongo que hay niveles, si eres Bob Dylan ya te da igual todo y puedes escribir lo que te dé la gana. Pero hasta llegar ahí arriba, que solo ha llegado él y por algo es el único que tiene un Nobel, pues todos los demás, o al menos en mi caso, sí. La expectativa es una de las montañas más gordas que te encuentras ahí delante. Ahora mismo estoy con mi disco como te decía anteriormente, ahora todo está encaminado, pero cuando empecé a escribirlo no me valía nada. Esas mismas letras antes me hubieran valido pero ahora no, grabo y está todo bien, pero salen trabas a corto plazo.

Entonces cosas que hubieran sido antes perfectas serían un sí, pero ahora ya es un no porque hay que pulir un poco más y debatir si meter un bombo o dos, o un tercero con un sub-grave. Ahora te tiras eligiendo un bombo dos días porque la gente espera mucho de ti y lo que más miedo te puede dar es decepcionar o no cumplir las expectativas. Eso, sin duda, condiciona tu proceso creativo y creo que, para bien, pero sí es cierto que da una ansiedad que mientras está ahí es un problema.

Te habrá llegado algún fan seguro diciéndote que no le ha gustado un disco.

Sí, claro. No pasa mucho porque verdaderamente no es con discos sino con algún tema en concreto. Y, es más, más que con algún tema en concreto pasa con alguna reflexión que pueda hacer dentro de esa canción. «No creo en Dios, pero por favor Señor perdóname», pues no me gusta Chojin que digas que no crees en Dios porque no sé qué y no sé cuántos. Cosas así sí me han ocurrido.

Normalmente como yo tengo una trayectoria solida porque mis principios han sido siempre más o menos los mismos, soy profesional y todo está correcto, no suele haber grandes cambios de alguien que le guste mucho lo que hago a que digan todo lo contrario. La decepción puede ser precisamente lo contrario, que siempre estoy diciendo más o menos lo mismo en todos los discos. Pero puntualmente te encuentras esas críticas y, de hecho, tiene que ser así. Yo no me escribo para gente que está de acuerdo con todo lo que diga, eso sería un aburrimiento.

¿Alguna vez pensaste dejar de hacer rap para experimentar con otros géneros?

Una respuesta fácil: nunca, jamás. Entre otras cosas porque no tengo capacidad, no sé cantar y no tengo voz para hacerlo. También por otra parte es que yo soy rapero 100%, 24 horas al día, constantemente. Entonces no, no tiene sentido ni plantearme otra cosa.

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